| 3/6/2009 12:00:00 AM

Base para la competitividad

Aprovechar la tecnología y absorber de manera eficiente el creciente número de escolares redundará en la competitividad del país.

Las pruebas internacionales de desempeño académico en colegios muestran que casi la totalidad de las habilidades que tendrá un individuo al llegar a la vida adulta quedan determinadas en la educación básica primaria y secundaria. Y su efectividad recae principalmente en la labor del profesor. El reto en el país está en desarrollar y sostener suficientes profesores para atender la creciente masa de estudiantes que debe absorber nuestro sistema educativo.

A pesar de la creciente adopción de nuevas tecnologías en el salón de clase, el futuro de la educación básica seguirá dependiendo de la presencia constante de los profesores. La tecnología transformará la forma como realizan su tarea, pero los profesores serán siempre las piezas centrales en cualquier modelo de formación en esta etapa.

Gracias al impulso que se ha dado en Colombia a la universalización de la educación escolar, el número de bachilleres graduados aumentó en 223.653 estudiantes (54%) entre 2002 y 2007. Hacia adelante seguirá creciendo. La democratización de la educación implica que el país enfrenta una serie de retos que van desde el sostenimiento e incremento de la calidad académica, hasta el manejo de equidad en el salón de clase, el desarrollo de competencias y la transmisión efectiva de conocimientos a los alumnos.

Colombia se ha planteado objetivos ambiciosos como parte de la visión para el año 2019 y también en relación con las Metas del Milenio. Sin embargo, no existe un consenso respecto a cómo se lograrán dichas metas. Actualmente se estudian medidas que apuntan al fortalecimiento de la especialización técnica desde noveno grado, la rigurosa revisión de experiencias internacionales exitosas y el mejoramiento de los procesos de selección y actualización académica de los profesores y rectores que harán realidad estas aspiraciones.

Se espera, además, un mejor aprovechamiento de la relación de confianza que se establece entre maestros y alumnos, en un entorno tecnológicamente cambiante.

Así mismo, es necesario establecer cuanto antes criterios de certificación y acreditación de las instituciones de enseñanza básica. Desde el punto de vista de la responsabilidad de las escuelas y colegios en la formación de ciudadanos, es necesario ahondar en los aspectos psicosociales de la preparación y el modo de relacionarse de los niños, para que no sólo se formen estudiantes de calidad sino igualmente actores sociales racionales respetuosos con el entorno, que propendan por el bienestar común.

Es imperativo fortalecer los vínculos que den soporte dentro del entorno familiar a los avances que se consigan en la educación para la primera infancia. El rol de los padres cambia cuando los niños pasan la mayor parte del tiempo socializando con individuos ajenos a su círculo familiar, pero no por ello reviste menor importancia. El punto de partida inmediato es fortalecer la conciencia en los padres respecto a la importancia de la culminación de los estudios primarios y secundarios de sus hijos. La retención estudiantil debe ser prioritaria, así como el desarrollo de estrategias que estimulen a los jóvenes para adelantar estudios superiores. Los colegios tendrán que ser más innovadores para captar la atención de niños curiosos, con miras a cultivar su espíritu investigativo.

La educación básica debe ser un compromiso de la sociedad y no puede delegarse solo a los centros de enseñanza. Gobierno, docentes, estudiantes y padres deben compartir responsabilidades para lograr un país más competitivo, que ofrezca mejores oportunidades a todos sus ciudadanos. Las instituciones educativas deberán ser autónomas y tener más conciencia del rol que desempeñan, al tiempo que la sociedad reconozca su importancia y la de sus principales protagonistas: profesores y rectores.

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