| 9/19/2003 12:00:00 AM

Baja inflación: la nueva norma

La baja inflación es uno de los mayores logros de la economía colombiana y será uno de los pilares de la competitividad del país hacia los próximos 10 años.

Hoy ya casi no lo recordamos, pero hace 10 años se consideraba que había "inflación moderada" cuando el índice de precios al consumidor solo crecía 22% al año. Colombia tuvo crecimientos de precios por encima de 30% anuales, y era afortunada en el contexto de América Latina, donde algunos países tuvieron hiperinflaciones del orden de 1.000% anual. Hoy las cosas han cambiado. Desde 1999 hemos tenido inflaciones de un dígito y esperamos que esto continúe así. El sostenimiento de una inflación baja en Colombia durante un largo período es uno de los cambios más significativos en la economía de nuestro país, que tiene implicaciones de enorme alcance para las empresas y los consumidores. Este es quizás el ajuste más importante que hemos hecho en nuestra transición hacia una economía globalizada de alta competitividad.

La inflación le permite a todo el mundo tapar errores y funcionar con menos temores frente a la competencia. Hace 10 años, la vida cotidiana giraba alrededor de la indexación de salarios, impuestos, hipotecas y activos financieros. Si los costos de una empresa eran muy altos, o sus productos no eran muy buenos, el problema no era tan grave, pues de todas formas tenía un margen para cubrirse con el aumento en los precios. Hoy eso no es posible. En negocios que van desde el comercio al por menor hasta la construcción de vivienda de interés social, los empresarios saben que errores pequeños en el manejo de sus costos los pueden sacar del mercado rápidamente, pues el consumidor no está dispuesto a pagar más.

En la medida en que la situación fiscal no se salga de control, es previsible que la inflación se mantenga en niveles bajos. La tendencia mundial apunta hacia la reducción en el ritmo de inflación. De hecho, el año pasado y este se han observado tasas de inflación en las diferentes regiones del mundo que son las más bajas en 40 años (ver gráfica).

En nuestro país, el Banco de la República ha anunciado para el largo plazo una inflación objetivo de 3%, un poco por encima de la proyectada para los países industriales pero en línea con las tendencias internacionales. Esta perspectiva de estabilidad en los precios en los años venideros tendrá un impacto sobre todos los colombianos.



Los efectos

Para alcanzar una tasa de inflación baja y estable, el Banco de la República seguirá con la consolidación del mecanismo conocido como "inflación objetivo", utilizando la política monetaria para garantizar la estabilidad de precios. Este criterio de manejo de la política, al cual se ha llegado después de muchos años de aprendizaje, significa que la variable crítica sobre la cual se mantiene la mirada es la inflación propiamente dicha, y no otras variables intermedias, como los agregados monetarios, cuyo manejo se vuelve más flexible y queda al servicio de la inflación objetivo. La existencia de una tasa de cambio flexible, un banco central independiente y un reporte trimestral de inflación, en el cual el Emisor explica la política monetaria, seguirán contribuyendo a avanzar hacia una inflación más baja.

La baja inflación tiene efectos muy grandes sobre la distribución de la riqueza y el poder y tiene la capacidad para transformar un país en el largo plazo. La población más vulnerable del país registra un beneficio inmediato, pues la inflación es el más regresivo de los impuestos, ya que al mismo tiempo reduce el valor de los salarios e incrementa el de los activos. La posibilidad de acumular poder y riqueza mediante el simple mecanismo de acumular activos (como ha ocurrido en Colombia durante largos años) será cada vez más escasa.

En relación con los negocios, los empresarios podrán tener mayor certeza sobre la rentabilidad de sus proyectos de inversión, pues la variabilidad de los costos se reduce. Los contratos podrán hacerse en un horizonte más largo, reduciendo la incertidumbre. La contabilidad se hace más transparente, lo que mejora la eficiencia de la administración. El trabajo es más exigente, pues cuando los precios bajos son la norma, se hace necesario tener excelencia operacional tan solo para mantener los márgenes de ganancia.

El impacto de la baja inflación está asociado a los profundos cambios en las prácticas de producción que han registrado varios sectores en el país. Por ejemplo, las telefónicas han tenido que ser más eficientes para competir con menores precios. Lo mismo ha ocurrido con los hipermercados que ofrecen bienes de consumo masivo. Las empresas proveedoras de servicios se han visto obligadas a reestructurarse para incrementar su eficiencia.

Pero quizás el sector que más ha tenido que acomodarse a la reducción de la inflación ha sido el financiero, por cuenta de tres impactos. Primero, la plata que captan los bancos en cuentas corrientes, sobre la cual no pagan intereses (impuesto inflacionario), es una fuente de ingresos cuya magnitud se ha reducido. En segundo lugar, los ingresos por los créditos también se reducen, pues la tasa de interés cae con la inflación. Finalmente, las entidades financieras tienen unos costos laborales que representan un gran porcentaje de la operación, y cuyos incrementos no se han liberado aún de la lógica que reinaba en las épocas de alta inflación. Así, es común que los bancos pacten con los sindicatos unos aumentos salariales superiores en 50% a la tasa de inflación vigente. Esto no solo perjudica a los bancos, sino a todos los usuarios de crédito, que deben pagar más por él.

La baja inflación es una de las mayores ganancias de la sociedad colombiana en los últimos tiempos. Si logramos consolidarla hacia los próximos 10 años, este será uno de los pilares de la competitividad del país.
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