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"La Manuelita no ha sido y no es solo una aglomeración de máquinas en movimiento. Es un símbolo de fe en la validez de los ideales de su fundador; fuerza moral en la devoción e integridad de sus obreros, empleados, técnicos y directores; optimismo en el continuo progreso de Colombia y del Valle del Cauca en particular, ojalá esta fe se justifique siempre".

| 9/17/2004 12:00:00 AM

Azúcar Manuelita, la pionera

Generación tras generación, la familia Eder ha trabajado en el desarrollo de una gran empresa, con significativos aportes para el Valle del Cauca y el país.

Manuelita S.A., el ingenio azucarero ubicado en Palmira, Valle, figura entre las primeras organizaciones empresariales que tuvo el país. Durante 114 años y cinco generaciones, Manuelita se ha mantenido como una de las empresas más sólidas del Valle y del país, gracias a una hábil combinación entre tecnología, innovación y comercialización.

Su historia se remonta a 1864, cuando Santiago Eder y Pío Rengifo adquirieron en subasta pública la hacienda La Manuelita, cuyo propietario había sido don Jorge Enrique Isaacs, padre del famoso poeta.

Isaacs era hombre de empresa e introdujo en la hacienda importantes reformas, así como apreciables mejoras, dándoles preferencia a la siembra de caña, al engorde de ganado, la fabricación de azúcar, miel y panela. No obstante, era jugador, lo que lo llevó a endeudarse fuertemente y cuando murió sus herederos tuvieron que liquidar todos sus bienes para pagar las deudas.

Santiago Eder, por su parte, llamado originalmente James Martin Eder, nació en Mitau, en las Provincias Bálticas, más tarde Letonia. En 1851, cuando tenía 12 años, emigró a Estados Unidos y se naturalizó en ese país. Estudió derecho en Harvard y, por casualidad, llegó a Buenaventura en 1861 donde fijó su residencia. Ahí fundó un negocio de exportación e importación, en el que Pío Rengifo era socio.

La finca que compraron Eder y Rengifo empezó a dar frutos inmediatamente. Se le hicieron las adecuaciones necesarias y se compró un trapiche con rueda hidráulica de hierro en el exterior. Estas mejoras, sumadas a la sistematización y racionalización del trabajo, llevaron a que en pocas semanas el rendimiento pasara de 250 a 350 libras de azúcar por día.

En 1867, Eder compró la parte que tenía Rengifo en La Manuelita y quedó como único propietario. En este mismo año, el molino entró a funcionar y para el siguiente, la producción había aumentado sensiblemente. Para no saturar el mercado interno, porque había competencia de otros trapiches, La Manuelita empezó a vender en el exterior vía Panamá, que era un activo centro distribuidor.

El molino instalado en 1867 funcionaba muy bien, pero después de 6 años, se empezó a ver la ventaja que para la empresa sería la comunicación de Buenaventura con el mar, no solo por el camino carreteable, que se estaba construyendo, sino por el ferrocarril de que tanto se hablaba. Hasta ese momento, el único transporte posible era por el río Dagua en canoa y luego por caminos con recuas de mulas que subían y bajaban la cordillera.

Se decidió entonces la compra de un molino Louisiana No. 1, el mejor en su género. También se compró la parte mecánica de una nueva rueda hidráulica y se fabricaron pailas en hierro forjado con capacidad de 100 galones cada una.

Esta última inversión fue todo un éxito y La Manuelita adquirió una excelente posición entre los competidores. Se llegó a una capacidad de 2.000 libras de azúcar por día, la producción de cuatro trapiches bajo el viejo sistema. En las prácticas culturales, La Manuelita siguió el esquema de fabricación estadounidense. Fue líder e imitada por toda la industria azucarera.

La última década del siglo XIX marcó el futuro de la empresa. En uno de sus múltiples viajes a Europa, donde su familia se había instalado desde 1886, Eder visitó en Hamburgo un ingenio que llamó mucho su atención. Sus instalaciones y equipos estaban a la vanguardia y producían a partir de la remolacha un producto centrifugado, muy blanco, de atractiva presentación y magnífica calidad. Se propuso hacer lo mismo en Colombia.

Para tal fin, Eder encargó la fabricación de la maquinaria a McOrnie Harvey y Co., en Glasgow, Escocia. Consciente de las dificultades para transportar la maquinaria desde Buenaventura hasta la fábrica, tuvo todo el cuidado para que el envío desde Glasgow se hiciera de manera muy ordenada. En el desembarque, sin embargo, se perdieron muchas de estas piezas, que tuvieron que ser reemplazadas posteriormente. Tres meses duró la fabricación de la maquinaria, dos el transporte desde Glasgow a Buenaventura y tres años desde este puerto hasta la fábrica.



El nuevo siglo

El primer día del primer mes del nuevo siglo se puso en marcha la fábrica de vapor del Ingenio de La Manuelita para la producción de azúcar blanco, granulado y de excelente calidad. Era la iniciación de la industrialización del Valle del Cauca y fue la primera vez que se utilizaba, al menos en esta región, el vapor como fuerza motriz.

Con la nueva fábrica, los costos de producción se elevaron más allá de cualquier previsión. El paso de un sistema a otro implicaba tener que abandonar el sistema utilizado durante 35 años y, por tanto, había que capacitar la mano de obra. Para llevar a cabo esta labor se contrató en las Antillas a D.C. Adamson, veterano en el manejo de las fábricas de azúcar a vapor. Adamson importó para aclimatar en La Manuelita la variedad barbados. Adicionalmente, introdujo la práctica del registro pluviométrico utilizando instrumentos de precisión.

El nuevo siglo empezó con grandes expectativas para La Manuelita y el resto de las empresas que ya por esa época se iban estableciendo. No obstante, la separación de Panamá y el apoyo dado por Estados Unidos a la nueva República desataron una fuerte reacción contra los estadounidenses, que terminó afectando a los Eder. En Palmira, se organizó una marcha contra La Manuelita, en la cual tuvo que intervenir el gobernador para evitar que la muchedumbre les hiciera daño a sus ocupantes. Pero ante las amenazas, la familia Eder optó por mudarse a Cali, dejando la empresa en manos de empleados de segundo nivel y tomó la decisión de vender todo, por lo que fuera, para irse del país. No pudieron vender nada y se quedaron.

En 1904, el general Rafael Reyes se posesionó como presidente y siguieron años de gran prosperidad. La Manuelita se fue consolidando como una de las mejores empresas azucareras de América del Sur. Los Eder se vincularon al desarrollo de la infraestructura de Cali al participar en la construcción del tranvía y la empresa de energía eléctrica.

La nueva organización de la empresa se fue consolidando y el producto, cuyo sistema de producción era exclusivo en América del Sur, ganaba cada vez más confianza entre el público. Los administradores seguían avanzando para preservar la calidad y reducir los costos. Con el ferrocarril del Pacífico, que llegó a Cali desde Buenaventura en 1915, la empresa tuvo un nuevo auge.



La tercera generación

Entre 1920 y 1927, Carlos Eder, principal heredero de Santiago Eder, hizo varios viajes a Europa y Estados Unidos. En 1924 regresó al país su hijo Walter, quien se había educado en el exterior y se ocupó de la gerencia efectiva de la empresa, por tres años, hasta 1927, a la vez que su padre mantenía el título de administrador nominal. Por esta misma época, Harold Eder, hijo de Enrique y graduado de MIT en ingeniería eléctrica, también regresó al país.

Al llegar a Colombia, Harold entró a trabajar en los negocios de la familia, primero como auditor y luego, hacia 1927, como director principal. Esto le permitió dividir la Compañía en dos. Una, Ingenio Manuelita S.A. (IMSA), se dedicaría a la fabricación de azúcar, en tanto que la otra se concentraría en las labores agrícolas y ganaderas.

El Ingenio Manuelita S.A. se independizó el 6 de diciembre de 1927. Entre sus planes estuvo la obtención de un crédito para realizar una serie de ensanches. Phanor, como gerente, decidió cambiar el ingenio térmico por uno eléctrico. Así, ampliaría la producción a 200.000 quintales al año, monto que era igualado apenas por el Ingenio Sincerín, fundado en 1907 en la Costa Atlántica.

Las ampliaciones se iniciaron en 1928 y duraron cuatro años. Se capacitó al personal técnico y se instauró la jornada continua de 24 horas. En 1930, Anderson se retiró de la dirección y fue nombrado interinamente Harold Eder, quien -con excepción de 1933- estuvo en la gerencia hasta 1953.

Hacia 1937, Manuelita decidió invertir con otro grupo de accionistas en el ingenio azucarero de Pajonales, localizado en el Tolima, a orillas del río Magdalena. El ingenio empezó a operar con grandes pérdidas en los primeros años, y dio utilidades solo a partir de 1951. Para ese entonces, La Manuelita había tomado la dirección técnica del ingenio, lo cual acompañó de grandes inversiones y mejoras. En 1953 se acordó que Manuelita comprara las acciones del resto de accionistas. En 1960 se suspendió la producción de azúcar en este ingenio y la tierra de Pajonales se dedicó a explotaciones técnicas, agrícolas y pecuarias.

Hacia 1939, a comienzos de la Segunda Guerra Mundial, se hicieron importantes mejoras en la fábrica de Manuelita y se implantaron los procesos modernos de fabricación, que estaba utilizando el mundo. Una vez finalizados los trabajos, sin embargo, los propietarios quedaron con la sensación de que muy pronto tendrían que iniciar nuevas obras, pues se habían quedado cortos.



Azúcar refinado

Durante 25 años, desde comienzos del siglo, La Manuelita fue la única fábrica que produjo azúcar centrifugado. No obstante, en el mundo, la tecnología había cambiado y la nueva tendencia ya no era el azúcar centrifugado y sulfitado, sino el azúcar refinado. Se decidió entonces la construcción de una fábrica, que además de producir azúcar refinado, permitiera el aumento de la capacidad.

Los estudios para la nueva fábrica se llevaron a cabo entre 1947 y 1950. Durante este último año, se ordenó la construcción del equipo mecánico, que tendría una capacidad de molienda de 1.200 toneladas diarias, pero que podría ampliarse a 4.000. Se decidió cambiar el sitio de la fábrica y finalmente se construyó en El Rosario. En diciembre de 1952, aprovechando la visita del presidente Roberto Urdaneta a Cali, se hizo una preinauguración de la fábrica. La inauguración oficial se hizo el 9 de febrero de 1953.

En 1953, Harold Eder dejó la dirección del ingenio y lo reemplazaron en la gerencia su hijo Henry Eder y Alberto Anzola. En esta época, el país entró en un fuerte proceso de industrialización y Manuelita no se quedó al margen. En 1958, su producción fue de más de 932.168 quintales. Con las buenas perspectivas de crecimiento en el mercado interno y el externo, para 1960 se hizo evidente la necesidad de duplicar la producción de 1953. Se llevó a cabo un nuevo ensanche que culminó en 1959. Este incluía una potente grúa para alimentar de caña a los molinos y el empaque de azúcares especiales.

En 1963, Manuelita fundó el Ingenio del Cauca con una capacidad de producción de 3.000 toneladas diarias. Para su construcción, utilizó la vieja maquinaria del Ingenio Pajonales y aquella de la antigua fábrica de Manuelita.

En el Cauca también continuaron los ensanches hasta llegar en 1980 a una producción de 5.000 toneladas diarias, cuando en un intercambio de acciones el Ingenio del Cauca pasó a ser propiedad de la Organización Ardila Lülle.

También en la década del 60, Manuelita promovió la creación de la Corporación Financiera del Valle. Más tarde, la familia Eder cedió a esa corporación su participación en Pajonales a cambio de las acciones que esta tenía en Manuelita.

El Ingenio Manuelita continuó trabajando en el tema de la calidad, la productividad en fábrica y en el campo, a la vez que llevaba a cabo sucesivos ensanches. Con la apertura económica, a comienzos de los 90 y en particular la reactivación del grupo Andino y el potencial que este auguraba, Manuelita hizo nuevos desarrollos en fábrica para llegar a las 9.000 toneladas diarias que produce actualmente. Esto permitió la ampliación de las ventas externas, las cuales representan hoy entre el 45% y el 50% del total.

En 1998, el Grupo decidió ampliar el negocio azucarero con la adquisición en Perú del ingenio Empresa Agroindustrial Laredo S.A.A., ubicado cerca de Trujillo. En 1999, se llevaron a cabo nuevos desarrollos de fábrica en este ingenio y se construyeron nuevas instalaciones. Se reestructuró la administración y se trasladó la tecnología de Manuelita en campo y fábrica hacia el ingenio recientemente adquirido. La producción pasó de 1.600 a 2.600 toneladas diarias, la más alta en la historia de ese ingenio.

En 2000, Manuelita obtuvo un crédito de la IFC para la modernización de la fábrica de Laredo, que se renovó totalmente. En 2002, se hicieron experimentos para aplicar riego por goteo en las áridas tierras de Perú. En 2003 se adquirieron 3651 hectáreas para iniciar el proceso. Hoy, Laredo representa una parte importante de las utilidades del Grupo Manuelita.

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