| 9/17/2004 12:00:00 AM

Azúcar. Industria de gran empuje

En la tierra privilegiada del Valle del Cauca surgió una poderosa industria azucarera, fuente de desarrollo de la región y origen de muchas otras empresas.

La caña de azúcar, originaria de Asia, fue traída a América por Cristóbal Colón a finales del siglo XV. La fascinación de los españoles y de los indígenas con el producto dulce de la caña facilitó su expansión a lo largo del continente americano. A Colombia fue traída por Sebastián de Belalcázar a Popayán y Cali entre 1538 y 1541, y a la Costa norte por Pedro de Heredia por esa misma época.

Solo hacia 1872, se empezaron a dar en el país los primeros pasos hacia una producción azucarera más industrial. Para esa época, se empezó a producir azúcar centrifugado manualmente, en el Ingenio Berástegui, Ciénaga de Oro.

Hacia estos años, Santiago Eder y Pío Rengifo habían adquirido las propiedades de Jorge Enrique Isaacs en el Valle del Cauca, las haciendas La Rita, La Primitiva, El Oriente y La Manuelita (ver página 68). Poco después, Eder quedó como único propietario. Eder decidió transformar su molienda por azúcar centrifugado, para lo cual contrató la fabricación de la maquinaria con McOrnie Harvey & Co. de Glasgow, Escocia.

La nueva fábrica se inauguró el primer día del primer mes del nuevo siglo. Era, sin duda, el establecimiento azucarero más completo que tenía el país. Su modernidad consistía en la producción con vapor, motor central, transportador de caña, torre de sulfitación, clarificadores, filtro de prensa, evaporadores, tacho al vacío y centrífugas.

En 1907, Carlos y Fernando Daníes, a orillas del Canal del Dique, cerca de Cartagena, organizaron el Ingenio Sincerín, con capacidad de molienda de 20 toneladas diarias. La planta eléctrica no solo daba energía al ingenio, sino a todo el pueblo que se había desarrollado alrededor. Sincerín dominaba los mercados de Santander, Boyacá y Cundinamarca, a los cuales llegaba a través del río Magdalena.

El mercado del azúcar se había ampliado, pues no solo se utilizaba para el consumo de los hogares sino como materia prima para las nacientes fábricas de dulcería, galletería y chocolatería en Bogotá, Medellín y Cartagena.

Poco después de 1924, se construyó en la Costa Atlántica el Ingenio Sautatá. La competencia del negocio azucarero era dura, pues a la industria azucarera del Valle del Cauca y la Costa Atlántica, se sumaban los ingenios de Fusagasugá, La Mesa, Sasaima y Payendé, Viotá y Nariño.

La gran sequía que vivió el país entre 1925 y 1928 llevó al gobierno a decretar la Ley de Emergencia Económica, que le dio al presidente Miguel Abadía Méndez la facultad de suprimir o reducir los derechos de aduana que recaían sobre las importaciones de alimentos. La medida favoreció a los más pobres, pero desestimuló la inversión en el campo. Los obreros se fueron a las ciudades y el desempleo en todo el país se disparó.

Por esta época, surgieron en el Valle dos nuevos ingenios que veían una oportunidad en la sustitución de importaciones y en la creciente demanda interna.

En 1926, Modesto Cabal y otros accionistas construyeron el Ingenio Providencia. Negoció con la Casa Squire un trapiche para moler 500 toneladas de azúcar en 24 horas, con vapor de tres calderas que por medio de turbinas generaban electricidad. Importó además nuevas variedades de caña desde Cuba.

En 1925, Hernando Caicedo, quien años antes había adquirido la antigua hacienda La Paila, decidió embarcarse en un ingenio y adquirió también la maquinaria de la Casa Squire. En 1928, se inauguró el Ingenio Riopaila. Hacia esta misma época, Caicedo estableció la Sociedad Colombina S.A., para producir bombones, almendras, bananas y confites. La maquinaria y equipos se importaron de Nueva York y se instalaron en Cali y luego en Riopaila.



Misión Chardon

Esta misión, que se llevó a cabo a finales de los años 30, fue definitiva para darle una nueva dimensión a la industria azucarera. Chardon, en un libro editado en Puerto Rico en 1930, "Reconocimiento Agropecuario del Valle del Cauca", dejó constancia de que en esta región, los sistemas de riego tenían problemas, los espacios entre surco y surco y entre cepa y cepa eran excesivos, la aradura era de poca profundidad, el desyerbe ineficiente y el deshoje inútil. Además, estableció que la variedad que se venía utilizando, la otahiti, pronto empezaría a debilitarse. En respuesta a estas críticas, la industria importó 15 variedades de caña que se sembraron en la estación experimental de Palmira. Chardon recomendó que se llevara a cabo la investigación en esa estación.

En 1929, la Bolsa de Nueva York colapsó, con lo cual se cayó el mercado del café y se frenó el flujo de capitales hacia el país. La situación para los azucareros se volvió muy difícil. Francisco J. Chaux, ministro de industria del momento, convocó una Conferencia Azucarera en Bogotá a comienzos de 1933 y se decidió la creación de una cooperativa de crédito. Con esto se acabó la guerra de precios y se armó una fluida distribución de azúcar a los centros de consumo, lo cual se facilitaba a medida que se desarrollaban las carreteras y el ferrocarril.

Los empaques utilizados en la industria se importaban, lo que motivó a Cementos Portland Diamante a establecer una fábrica de bolsas de papel en Apulo. Con la participación de la Bates International Bag Company de Estados Unidos, se fundó Colombates en 1934.

En 1937, el gobierno intervino el precio del azúcar. Los productores reaccionaron fundando la Compañía Distribuidora de Azúcares, la cual fue vigilada por el gobierno.

El Valle del Cauca ya era reconocido por su ecología excepcional para el cultivo de la caña de azúcar, sin interrupción durante todo el año. Esto llevó a la fundación de ocho nuevos ingenios en esta zona del país entre 1930 y 1939, como Bengala, Perodías y Mayagüez, La Industria y María Luisa. En la década del 40, surgieron 10 más. San Carlos, Pichichí, Oriente, El Papayal, La Esperanza, El Arado, Castilla, El Porvenir, Meléndez y San Fernando. En Tolima se fundó el Ingenio Central del Tolima en Pajonales. Al culminar esta década, había 19 ingenios que producían azúcar centrifugado. El Valle del Cauca era la región azucarera por excelencia, lo que llevó a que los ingenios se concentraran en esta región y fueran desapareciendo los demás polos de desarrollo azucarero.

Colombia ya era autosuficiente en azúcar. A medida que la población de las ciudades aumentaba, se consumía cada vez más azúcar en gaseosas, dulces, helados, galletas, a la vez que surgían cada vez más empresas dedicadas a elaborar estos productos. La producción se había triplicado, con 147.723 toneladas de azúcar al año.



Un sector azucarero sólido

La industria se dividió en dos sectores: el azucarero, con fábricas poderosas en el Valle del Cauca, y el panelero con una multitud de trapiches distribuidos por las laderas del país.

La expansión de la industria continuó en los 50 con la aparición en el Valle de los ingenios Central Tumaco, Central Amaime, La Quinta y Buchitolo. Desde la perspectiva etnológica, se introdujo el diseño urbanístico de las suertes, se mejoró el microrrelieve para beneficio de riegos y drenajes de superficie, se cosechaba en verde y se hacía explotación de las aguas subterráneas.

En 1954 el gobierno fundó la Corporación Autónoma Regional del Valle, CVC, para impulsar el desarrollo agrícola de esta región. Su financiación provino de un impuesto especial a la propiedad rural.

En 1959, ante los problemas laborales en los ingenios, la amenaza de una reforma agraria y las perspectivas de exportación, la industria decidió agruparse en Asocaña. Por esta misma época, a causa de la Revolución Cubana, Estados Unidos dividió las importaciones que hacía desde Cuba entre diversos países. Colombia, que ya estaba preparada para exportar, ingresó a la OIA y adhirió al Pacto Mundial del Azúcar.

En 1964, la industria fundó la Compañía Colombiana de Mieles y Terminal de Azúcar S.A., Colmieles, posteriormente CIAMSA, para el manejo de las exportaciones de azúcar y mieles.

Para los años 60, la producción se había más que duplicado, al pasar de 328.327 a 708.603 toneladas, como consecuencia de las mejoras en eficiencia. El consumo interno también se había duplicado de 287.436 a 521.960 toneladas y las exportaciones habían aumentado de 117.000 a 173.495 toneladas. Se fundó el Ingenio del Cauca en 1965.

En los 70, la industria continuó su expansión, lo que llevó a un aumento de la producción de 45%. En 1977, se fundó el Centro de Investigación de la Caña del Azúcar de Colombia, Cenicaña, como corporación de derecho privado que se financiaría con el 0,05% de la venta de azúcares blancos. En 1978 se creó el Ingenio Risaralda.

Los 80 no fueron fáciles para la industria azucarera. La producción creció 9,5% solamente, con lo cual en 1989 ascendía a 1.523.323 toneladas.

Propal, que desde 1961 produce papeles finos, con la adquisición de Papelcol en Caloto se convirtió en una de las cinco mayores productoras del mundo que utilizaban como materia prima la fibra de la caña.



Se libera el mercado

En los 90, con la apertura económica, se replanteó la política del sector. Se acabaron los controles a las exportaciones y se liberó el mercado. Esta época coincidió con el establecimiento del arancel externo común, AEC, y la industria adquirió un nuevo dinamismo. El mercado externo representó 45% de las ventas del sector. Hacia 1996, la producción de azúcar había aumentado a 2.149.224 toneladas al año y la participación del azúcar en el PIB fue de 1,32% y de 9,4% en el PIB agrícola y las exportaciones de azúcar representaban un 40% del total de las agroindustriales.

Con la nueva reglamentación para el sector eléctrico, el Ingenio del Cauca y el Ingenio La Cabaña incursionaron en la cogeneración de energía.

En 1997, Landell Mills, en el estudio The Competitive Positions of Leading Sugar Industries, que compara 10 países productores de azúcar de caña y de remolacha, encontró que Colombia ocupaba el primer lugar con 100,5 toneladas de caña por hectárea año, 13,9% de contenido de sacarosa, 12 toneladas de sacarosa por hectárea año y el segundo lugar junto con Sudáfrica en recuperación de sacarosa.

En 1999 se creó el Fondo de Estabilización de Precios para azúcares centrifugados, las melazas derivadas de la extracción o del refinado de azúcar y los jarabes de azúcar.

En el futuro del sector azucarero, la ley de oxigenación de las gasolinas con alcohol carburante en ciudades de más de 500.000 habitantes, que se aprobó en 2001, jugará un papel preponderante. Aunque la caña no es la única materia prima para este alcohol, sí se espera que los ingenios sean los principales proveedores de este producto. De hecho, seis ingenios están montando destilerías que empezarán a operar en 2005.
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