| 9/12/2008 12:00:00 AM

Antanas Mockus

Una invitación osada para que los colombianos aprendan a manejar sus emociones y así poder reducir la brecha entre cultura y ley que tanto daño le está haciendo al país.

Antanas Mockus, ex alcalde de Bogotá y ex candidato a la presidencia de la República, en diálogo con Dinero hace una invitación osada para que los colombianos aprendan a manejar sus emociones y así poder reducir la brecha entre cultura y ley que tanto daño le está haciendo al país.

¿Cómo ve el desarrollo del país en los últimos 15 años?

Para poder saber si el país ha avanzado en estos años hay que analizar primero si se ha reducido la brecha entre ley y cultura. Pero, a juzgar por la tipología de nuestros jóvenes, sobre la cual hasta el momento no existe ninguna evidencia en contra, no ha habido un avance.

Existen tres tipo de jóvenes en Colombia. Una tercera parte está compuesta por personas cumplidoras de la ley, siendo mucho más las mujeres que los hombres. Otra tercera parte son anomicos, esto es, sin ley, aunque esta condición va cambiando a medida que las personas maduran. Por último, la otra tercera parte, que en su mayoría son jóvenes de los estratos más altos, son cuasi cumplidos, es decir que casi siempre cumplen la ley, pero cuando no lo hacen encuentran justificaciones para no haberlo hecho. Para los anomicos es motivo de celebración cada vez que los cuasi cumplidos incumplen la ley.

Esta tipología, en la que la mayoría de los dirigentes son personas sin ley y cuasi cumplidos muestra la brecha tan grande que aún existe entre ley y cultura en el país. Esto explica por qué el narcotráfico tiene tanta acogida y hace que sea muy difícil para el país ser parte de la sociedad moderna basada en el mercado.

De acuerdo con unas encuestas recientes que hemos hecho, aunque existe rechazo por el narcotráfico y este es diferente entre ciudades, hay ciudades en las que más del 25% de la población no siente ningún rechazo por los narcotraficantes.

¿Qué se puede hacer para reducir la brecha entre ley y cultura?

Para lograrlo hay que fortalecer la justicia y la fuerza pública y además hay que cambiar la autorregulación y la regulación social del comportamiento. Hay que lograr que los narcotraficantes sientan culpa. Esto se hace a través de tres movilizaciones.

La primera es la movilización del conocimiento. Todo el sistema educativo se tiene que volver más riguroso en materia de argumentación. Hay que movilizar las razones y hacer de una vez el debate sobre si conviene o no el narcotráfico. Hay que demostrar con argumentos que el narcotráfico no es bueno ni siquiera para el narcotraficante, en la medida que reduce su esperanza de vida.

La cultura de las familias dedicadas al narcotráfico es adictiva. Se vuelven adictos a la plata fácil. El tema del narcotráfico es tan grave que el país tiene que razonarlo. Le hace daño al narcotraficante, daña otras vidas y daña a la justicia. Los colombianos, por puro raciocinio, deberían poder llegar a esta conclusión.

¿Cuál es la segunda movilización?

Es la movilización de los intereses. Las personas actúan por intereses, aunque algunas veces lo hagan en contra de sus propios intereses. El que educa a la gente en reconocer sus intereses y gerenciarlos es el mercado. Allí es donde se aprende. Cuando hay una brecha entre ley y cultura, la búsqueda de los intereses particulares se vuelve sangrienta, ya que todo vale. Este no es el caso en los mercados, porque todo vale siempre y cuando esté dentro de la legalidad. En este sentido, la economía de mercado debería entrar más en la cultura. Con la movilización de los intereses se abordaría la decantación de la cultura frente a la economía de mercado. No todo vale.

Las leyes de mercado hay que respetarlas porque, de otra forma, todo se pervierte y se pierden las virtudes de la economía de mercado. De la misma forma, hay que respetar las leyes de la cultura y de la sociedad.

Y, ¿la tercera?

La movilización de las emociones. En esta, los agentes claves son la televisión y el cine. Lo fundamental aquí es que las personas sientan las emociones, pero no se vean obligadas a actuar. En la movilización del conocimiento y en la de las emociones se crea un espacio artificial donde las prácticas están aplazadas y las discusiones no tienen consecuencias. El potencial de educación de las emociones es enorme. Se pone en neutro la acción y se puede ser autocrítico en el argumento o la acción. Por ejemplo, la envidia se puede hacer explícita, y se puede fortalecer la censura social ante ella.

Las tres motivaciones se retroalimentan entre sí.

¿Cree que sea fácil lograr en Colombia este cambio de comportamiento?

En la brecha, las emociones juegan un papel clave. Hay que controlar el deseo de venganza. Las tres movilizaciones tienen como objetivo modificar las emociones de los colombianos.

También hay que entender la diferencia entre los micro acuerdos y el pacto constitucional. En el 'pactismo' no hay regla general, sino que se hacen acuerdos particulares, que de alguna forma se espera que alguno incumpla para que el otro también lo pueda hacer. Por el contrario, el pacto constitucional tiene que cumplirse incondicionalmente.

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