| 9/12/2008 12:00:00 AM

Andrés Pastrana Arango

El gobierno de Andrés Pastrana será recordado siempre por los colombianos como un periodo de enormes dificultades económicas. En relacionales internacionales, su gestión fue extraordinaria.

El gobierno de Andrés Pastrana será recordado siempre por los colombianos como un periodo de enormes dificultades económicas. No obstante, mediante el trabajo juicioso de su equipo económico, logró enderezar el curso que traía el país, lo cual permitió aprovechar posteriormente las ventajas de la expansión mundial. Desde la perspectiva de las relacionales internacionales, la gestión del presidente Pastrana fue extraordinaria y, de hecho, fue la base de la posición que Colombia tiene actualmente en el mundo.



D. ¿Cuál es su balance de la economía del país en los últimos 15 años?

Colombia, en términos generales (aunque naturalmente con sobresaltos y dificultades coyunturales) ha mantenido una economía sana durante los últimos diez años. El crecimiento económico promedio durante estos años ha sido aceptable, si se le compara con el de la región latinoamericana.

Logramos, a partir de 1999, meter a Colombia en el grupo de países con inflaciones de un solo dígito y reabrir los canales de financiamiento internacional que para aquel año estaban virtualmente cerrados. Al comenzar mi gobierno, la inflación era del 16.7% y un año después ya estaba por debajo del 10%. Mantener la inflación en niveles de un solo dígito debe convertirse en un gran propósito nacional.

El sector externo de la economía es sano y robusto desde entonces; se han evitado desequilibrios explosivos, tanto en nuestra balanza de pagos como en el frente fiscal; y se ha respetado -y ojalá se siga respetando- la independencia que le otorgó la Constitución del 91 al Banco de la República, condición indispensable para mantener una política monetaria y crediticia responsable.

D. En este tiempo, y con una mirada de largo plazo, ¿cuáles han sido los mayores aciertos y desaciertos que en materia económica ha tenido el país?

Entre los aciertos no puedo dejar de mencionar, además de haberle quebrado el espinazo a la inflación de dos dígitos, como ya lo he dicho, y haber recuperado la sanidad de las finanzas de los departamentos y municipios, el haber preparado institucionalmente al país para hacer el tránsito ordenado hacia la globalización de la economía, que es una realidad ineludible de los tiempos que corren.

Mi gobierno fue especialmente cuidadoso en este sentido. Colombia volvió a mostrar con orgullo su cara en los foros internacionales, donde dejaron de mirarnos como a un país paria. Reabrimos las compuertas del crédito multilateral y bilateral y el país volvió a ser respetado por la comunidad mundial.

Fortalecimos inmensamente (realizando un gran esfuerzo fiscal para ello) nuestras fuerzas armadas a fin de dotarlas de mejores equipos y de más pie de fuerza. Este es un punto que a veces se olvida. O que algunos desmemoriados quisieran soslayar: gran parte de los éxitos que se han logrado en la última década contra la subversión provienen del inmenso trabajo de fortalecimiento de nuestras fuerzas militares que entonces se hizo.

El problema del alto desempleo -que ha prevalecido a lo largo de los últimos quince años- es acaso el problema económico más delicado, aún no resuelto satisfactoriamente.

D. A usted le tocó un periodo difícil por cuenta de los desequilibrios internos y externos que se venían acumulando de años anteriores, y los resultados en materia económica así lo confirman. ¿Cuáles eran sus expectativas cuando asumió, y hacia dónde quería llevar al país durante su gobierno. ¿En qué logró avanzar?

Al día siguiente de asumir la presidencia (el 8 de agosto de 1998), Rusia declaró la moratoria de pagos, lo que afectó negativamente por efecto reflejo toda la economía internacional. Aquel hecho fue emblemático del difícil primer año que en lo económico tuvo que afrontar mi administración. Lo anterior se unió a la profunda crisis financiera del sudeste asiático, que estalló también por aquella época y que como una especie de "Tsunami" golpeó sin piedad todas las economías de América Latina. Hasta un país estrella en la región, como Chile, tuvo un crecimiento negativo en 1999.

A los anteriores acontecimientos internacionales habría que agregar los profundos desarreglos económicos que mi administración heredó de la anterior. Uno de cuyos legados más traumáticos fue la crisis bancaria e hipotecaria que encontramos ad-portas. Unas tasas de interés por las nubes que estaban agobiando al sector productivo. Y una situación de especulación generalizada contra las reservas internacionales del país.

En agosto de 1998 encontramos tasas de interés que se les estaban cobrando a los usuarios del sistema financiero del 40% y hasta del 50%. Un año después se había logrado reducir la estructura de las tasas pasivas de interés a niveles del 12% y 15%.

Se logró también orientar una política de tasa de cambio real para la economía. En efecto, entre agosto de 1998 y agosto del año 2000, se logró una depreciación ordenada y sin sobresaltos del tipo de cambio de 27 puntos reales, ubicando así nuestra moneda en niveles de paridad sostenible.

No podría dejar de mencionar también el devastador terremoto que afectó en enero de 1999 a la ciudad de Armenia y a su zona de influencia. Este fue un inmenso reto para el Gobierno, que requirió un esfuerzo presupuestal inmenso que obviamente no teníamos previsto. Y la consecución de cuantiosos créditos internacionales para financiar la reconstrucción. Yo asumí personalmente la coordinación de esta gigantesca operación de reconstrucción en la zona cafetera. La cual, como lo testimonió el Banco Mundial en una evaluación posterior que hizo, constituyó una de las operaciones más exitosas, pulcras y eficientes en desastres naturales en todo el mundo. Esta evaluación del Banco Mundial me honra en lo personal y habla muy bien de la transparencia con que actuó mi gobierno en tan delicada emergencia.

Al iniciar mi gobierno, para no citar sino un solo ejemplo de la situación financiera que encontramos, 800.000 colombianos que habían confiado sus ahorros al sistema cooperativo tenían gravemente envolatadas las economías de toda una vida. Me enorgullece sobremanera haber restaurado la confianza del público en el sector cooperativo y solidario.

Desde el primer momento nos aplicamos con ahínco a superar estas dificultades: se decretó la emergencia económica de octubre de 1998; se eliminó exitosamente la banda cambiaria; se convino un ambicioso programa de crédito con la banca multilateral que le devolvió confianza al país; se desactivó una monumental crisis del sistema financiero que estuvo a punto de estallar; se redujeron las tasas de interés contundentemente; se organizó un programa de ayudas a los deudores hipotecarios como no se había diseñado en Colombia desde la crisis de los años treintas; entre otras muchas medidas.

Los resultados están a la vista: desde finales de 1999, el país volvió a crecer con índices positivos; la especulación contra las reservas internacionales cedió; retornó la calma al sistema cambiario; las tasas de interés y la inflación cayeron; y con un costo fiscal bajo (Fogafín calcula que menos del 1% del PIB) se desactivó una monumental bomba de tiempo que estuvo a punto de estallar en el sector financiero.

Hubiéramos querido, por supuesto, enrumbar desde un primer momento al país por una senda de crecimiento dinámico. Infortunadamente, el primer año de mi gobierno coincidió con el estallido la crisis económica internacional que -como he dicho- golpeó severamente no solo a Colombia sino a toda América Latina.

Afortunadamente, reaccionamos a tiempo y en menos de tres trimestres estábamos ya superando la mayor recesión económica que el país ha experimentado desde la gran recesión de los años treintas del siglo pasado.

D. ¿Cuál es su mayor satisfacción y cuál su mayor frustración?

En lo económico, la mayor satisfacción fue haber sentado las bases sobre las cuales se ha podido construir el sólido crecimiento económico que el país ha experimentado en los últimos años. En economía, a menudo, el que siembra no cosecha y el que cosecha no siembra. Nosotros reconstruimos, saneamos y sembramos. A otros les ha correspondido cosechar. No les gusta reconocerlo, sin embargo. Mi mayor frustración en este campo es no haber podido avanzar lo suficiente en la reducción del desempleo que aún ahora sigue estando en niveles muy altos, mayores que en el resto de países de la región.

D. ¿Qué tarea siente que quedó pendiente y por la cual volvería a la presidencia?

Solo los mesianismos de corte personalista creen que las tareas inconclusas deben acarrear reelecciones. Yo no lo creo así. Creo que lo importante no es trabajar únicamente en función de los aplausos, aunque puede ser más grato, sino es haber trabajado a conciencia. Siempre quedan y quedarán tareas inconclusas a todos los gobiernos pasados y futuros. Pero siempre hay líderes y gente preparada en Colombia para continuar con éxito lo que otros comenzamos.

D. ¿Cómo se imagina al país dentro de 15 años?

Un país en paz; con más equidad social, con más conciencia ambiental, con más respeto internacional, con más transparencia en la gestión pública y privada, con instituciones cada vez más fuertes y con personalismos cada vez menos fuertes.

D. ¿Cuál es el país que debería ser?

El de la respuesta anterior.

D. ¿Qué hay que hacer para lograrlo?

Menos unanimismo y más sana critica. A la entrada del antiguo despacho presidencial, cuando este funcionaba en el Palacio de San Carlos (desde donde ejerció la presidencia mi padre) había una placa con una bella frase del Libertador Simón Bolívar que la veía todo el que entraba a hablar con el Presidente de Colombia y que decía así: "Es verdadero amigo del gobernante quien le dice la verdad y le aconseja el bien." Creo que es urgente buscar esta placa y volverla a colocar a la entrada del actual despacho presidencial en la Casa de Nariño.

D. ¿Qué de lo logrado en su gobierno está en línea con el país que debería ser Colombia en 2023?

Lo emprendido durante mi gobierno, en circunstancias económicas mucho más difíciles que las actuales, tuvo siempre ese propósito. Quizás falta mucho por hacer. Y acaso lo que se hizo en muchos campos fue apenas poner unos primeros cimientos. Pero sigo pensando que la dirección que entonces nos trazamos fue la correcta para conducir a la Colombia próspera, equitativa y en paz con que todos soñamos para 2023.

D. ¿Cuáles son las políticas de Estado que necesita Colombia para crecer sostenidamente, convertirse en un país de ingreso medio y a la vez ser más igualitario?

En primer lugar: lo que la pregunta formula "políticas de Estado" y no meramente "impromptus personales" en campos cruciales tales como las relaciones internacionales, la lucha contra la corrupción y el narcotráfico. Y devolviéndole a nuestro sistema tributario la fisonomía de "progresividad, eficiencia y equidad" que manda la Constitución, y que se ha desfigurado con la feria de gabelas y de privilegios tributarios que se han otorgado últimamente a unos cuantos sectores.

Es urgente también, como lo dije recientemente, el rescate de la descaecida justicia y el respeto hacia las instituciones, comenzando por la injustamente vapuleada Corte Suprema de Justicia.

Y por el retorno de la dignidad en el ejercicio del servicio público, en donde últimamente se han perdido conceptos tan elementales como el de la "responsabilidad política", que ahora nuevamente se quiere confundir con la responsabilidad penal para no practicarla, pues hasta embajadores y ministros se aferran a sus puestos sin ninguna consideración por la dignidad de las posiciones que ocupan ni por el daño que pueden causar al país.

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