Alca: la cosa va en serio

| 3/16/2001 12:00:00 AM

Alca: la cosa va en serio

Las negociaciones del Area de Libre Comercio de las Américas podrían acelerarse para terminar en el año 2003. Aquí se define quiénes aprovecharán la integración comercial y quiénes serán arrollados.

En 1992, no se hacían buenos automóviles en América Latina. Para los consumidores de Estados Unidos, un carro hecho en México o Brasil era sinónimo de manufactura poco sofisticada y de calidad regular. Hoy, sin embargo, algunas de las plantas más avanzadas del mundo están en esos países.

Volkswagen produce su modelo más ambicioso y de alta escala, el Beetle, en una sola planta para el mundo, ubicada en Puebla, México. Algunos de los modelos más innovadores y exitosos de DaimlerChrysler, General Motors y Nissan, para el mercado de Estados Unidos, se producen también en México. A su vez, Renault, General Motors y Ford llevan años ampliando su capacidad instalada en Brasil con la más moderna tecnología. La velocidad del cambio, en menos de 10 años, ha sorprendido a los observadores más optimistas.



El éxito de México y Brasil se explica por la vinculación de estos dos países a tratados de comercio, Nafta y Mercosur, respectivamente, que ampliaron las escalas de producción y dieron estabilidad jurídica a las inversiones.



Estos acuerdos, sin embargo, seguramente serán recordados dentro de 20 años apenas como un "período de calentamiento" para lo que sería el verdadero cambio en las estructuras productivas del hemisferio: el Area de Libre Comercio de las Américas, Alca, un mercado unificado de más de 730 millones de personas. La suma del Alca y el florecimiento de los negocios digitales en la región será vista como el factor clave que permitió convertir las empresas de América Latina en verdaderos líderes de clase mundial.



Si esa va a ser la historia, habría una fecha para recordar como el momento en que el proyecto avanzó hacia la realidad: el 7 de abril del año 2001, cuando los ministros de Comercio y los empresarios de las Américas, reunidos en Buenos Aires, acordaron un cronograma acelerado en el proceso. Esta reunión marcará un punto en el que se define cuáles países y cuáles empresas se suben en el bus del cambio y cuáles se quedan definitivamente atrás.



Cuenta regresiva



Las negociaciones conducentes a la creación del Alca se iniciaron en 1998, en la reunión ministerial de San José, y los negociadores han recorrido un amplio camino. Pero, para la gente de empresa, el proceso aún no ha tenido un impacto sensible.



Claro que esta visión simple sería un error extraordinariamente costoso en este momento. La gente olvida que el Alca no es una simple propuesta, sino un acuerdo firmado por los países y que tiene una fecha límite para arrancar, el 1 de enero del año 2005.



La llegada de George W. Bush a la presidencia de Estados Unidos le ha dado una nueva dinámica al proceso. Chile ha planteado, con lógica, que si se quiere cumplir la fecha pactada es necesario culminar las negociaciones en el año 2003, con el fin de dar un año a los países para ratificar el acuerdo comercial en sus respectivos congresos. Las reglas del juego se definirán en el curso de los próximos dos años y medio.



Colombia, los países centroamericanos, Ecuador, Bolivia, Perú y Estados Unidos están apoyando la aceleración. Brasil se opone, pues quiere crear un área de libre comercio alrededor de su propia economía (idea que es conocida como Safta o South American Free Trade Area). México también se opone, pues sabe que su pertenencia al Nafta le da una ventaja frente al resto y quiere que esta perdure lo más posible.



Pero incluso si la posición brasileña es la triunfadora, eso solo significa un año más, que no es un plazo largo. El deseo de ir más rápido ya está en el aire y si el continente como un todo no quiere hacerlo, algunos países tomarán esta opción. Así lo hace Chile con su negociación de un acuerdo bilateral de comercio con Estados Unidos. Colombia también quiere tomar esta vía.



Para Colombia, hay dos opciones: contribuir a acelerar el proceso o contribuir a frenarlo (la posibilidad de hacerse a un lado no existe). Frenar ofrece pocas ventajas, pues nuestro país tiene un tamaño demasiado pequeño para ausentarse del proceso o para aglutinar un grupo de naciones a su alrededor, de modo que esta opción sería equivalente a alinearse con Brasil. Tenemos poco para ganar en una alianza a fondo con esa economía, pues su base productiva compite con la de Colombia. Ambos producimos lo mismo, solo que ellos tienen una escala mayor que la nuestra.



Por otro lado, nuestra economía es complementaria con la de Estados Unidos (nosotros producimos cosas que ellos no tienen, y al revés). Ese factor explica que Estados Unidos haya otorgado unilateralmente unas preferencias a los países andinos para entrar a su mercado hace 10 años, por medio del Atpa. También explica que Colombia busque la ampliación del universo cobijado por esas preferencias y de su vigencia en el tiempo, y que Estados Unidos esté dispuesto a concederla.



Para Colombia está clara la dirección en la cual quiere avanzar. Falta por decidir la velocidad. Respecto a esto, es vital recordar que en un acuerdo comercial ganan más, en términos relativos, los países más pequeños y que llegan con las mayores restricciones iniciales al comercio, porque para ellos el acuerdo representa un cambio mayor. Y entre los países pequeños, ganan más los que entran primero. Estos principios han sido confirmados por el caso mexicano con el Nafta. Para Colombia, la mejor postura es ponerse del lado de los que quieren acelerar el proceso. Al menos, mejora las posibilidades de obtener la ampliación de las preferencias Atpa. Esta es la política que viene siguiendo el actual gobierno.



El proceso que viene



El punto más novedoso es el papel de Estados Unidos en la mesa. Ese país está acostumbrado a las grandes negociaciones en un ámbito multilateral, donde cuenta con aliados fuertes. Por otro lado, también es experimentado en negociaciones bilaterales, donde entra imponiendo todas las condiciones. En el Alca, Estados Unidos enfrenta una negociación con 34 países, en una mesa en la que no tiene aliados incondicionales.



En el juego de posiciones que existe en el hemisferio, Colombia tiene una situación especial en la negociación. Canadá es un país grande, pero no aglutina a su alrededor. México sería el líder natural de los países de habla hispana, pero su interés primordial es proteger el acceso privilegiado que tiene al mercado norteamericano y por eso no puede ejercer ese papel. Chile avanza rápido, pero está tan alejado de los demás que prefiere jugársela solo. Brasil es una economía gigantesca, pero está demasiado volcado hacia adentro y tiene poco comercio con la mayoría de los países de habla hispana. Argentina es muy influyente, pero su vida económica está condicionada a la relación con Brasil.



En este conjunto, los países andinos tienen una importancia especial, pues pueden actuar como punto medio en la balanza. Colombia, en particular, tiene un papel importante, pues es la economía más diversificada de la región andina. Tiene acuerdos comerciales de una u otra índole con casi todos los países del hemisferio y tiene una larga trayectoria de seriedad y credibilidad en el cumplimiento de lo acordado. Su comercio con la región viene creciendo.



Esto explica que Colombia haya desempeñado un papel de alta influencia en las negociaciones. Fue en la reunión de Cartagena de 1996 donde se definió el formato de las negociaciones. Además, la iniciativa nacional logró que se estableciera una participación del sector privado que no tiene precedentes. Normalmente, en las negociaciones de acuerdos comerciales el sector privado de cada país negocia con su propio gobierno, y luego este se sienta con otros gobiernos a sacar un resultado. En las negociaciones de Alca, en cambio, se ha institucionalizado que los empresarios de todos los países se reúnen en un foro previo a la reunión gubernamental y, luego, los ministros escuchan estas conclusiones y las tienen en cuenta para sus deliberaciones.



La red de empresarios del continente es uno de los activos más importantes del proceso. La experiencia del Nafta demostró que la clave del éxito no está únicamente en los textos negociados, sino en la construcción de unas relaciones fluidas y productivas entre los empresarios de los distintos países. Cuando los mexicanos emprendieron la negociación, viajaron a cada uno de los estados de Estados Unidos, no solo para hacer lobby, sino para conocer cómo se hacían los negocios y cuáles serían los factores de éxito en la relación. Esta integración empresarial explica la transformación de la economía mexicana que en los últimos 6 años pasó de exportar US$79.000 millones a US$136.000 millones.



A pesar de que Colombia ha tenido líderes visionarios del sector privado en la negociación de Alca, el grueso de las empresas está muy mal preparado para enfrentar la negociación que viene. La delegación privada de Colombia en las reuniones de Alca suele ser una de las menos nutridas. Esto está cambiando y en esta oportunidad no menos de 40 empresas de nuestro país irán a Buenos Aires. Pero tenemos que hacer un esfuerzo muy grande para ganar terreno. En un proceso negociador como este, lo normal es que pasen años durante los cuales las cosas avanzan a paso de tortuga, pero luego viene una aceleración final en la que la orden política es cerrar la negociación y se define todo. Una vez cerrados los temas, es muy difícil volverlos a abrir. Quien no esté bien preparado para ese momento tiene mucho qué perder.



El proceso que se ha definido para preparar la negociación en Colombia es uno de los más abiertos que se hayan dado en país alguno, con una convocatoria explícita a la academia y los gremios (ver recuadro). Esa invitación a participar implica también el deber de trabajar duro para lograr el resultado que se necesita. Como lo dijo el consultor Jorge Ramírez Ocampo ante los empresarios reunidos en la asamblea de Analdex el año pasado: "el que no se moje, que no se queje".



El futuro

La reunión de Buenos Aires, del próximo 7 de abril, dará un nuevo impulso a la negociación y dejará atrás la retórica.



Nafta y Mercosur, comparados con Alca, son solo un "ejercicio de calentamiento".



Los empresarios

La experiencia mexicana dejó una clara lección: hay éxito cuando los empresarios hacen suyo el proceso.



El papel de Colombia

A pesar de su crisis interna y su deteriorada imagen, Colombia ha tenido gran influencia en las negociaciones.



Su equipo negociador tendrá tres columnas: el gobierno, los empresarios y la academia.
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