| 9/15/2006 12:00:00 AM

Abundancia, no solo en dinero

Las fundaciones empresariales son ricas en trayectoria, innovación y diversidad. Sin embargo, los espacios en que se requiere mayor compromiso aún son ilimitados.

“Colombia es un país de contrastes. Frente a la exuberancia de nuestras iniciativas está la escasez de nuestras seguridades”, sostiene el reciente estudio Aportes y Desafíos de la Responsabilidad Social Empresarial en Colombia, un sondeo de la evolución de las fundaciones empresariales e iniciativas de carácter social en el país. Este es tal vez el principal mensaje de este documento, patrocinado por 11 de las mayores fundaciones nacionales, realizado por la Universidad de los Andes. Roberto Gutiérrez, coautor del texto, argumenta que existen en el país ejemplos de trayectoria, diversidad, profesionalización e innovación que pueden destacarse en América Latina. “Una cultura de fundaciones no se crea de la noche a la mañana”, recuerda Jorge Hernán Cárdenas, director de la firma Oportunidad Estratégica, al hacer mención a que el país fue pionero en la gestación de fundaciones empresariales gracias a la visión de empresarios como Manuel Carvajal Sinisterra y Hernán Echavarría Olózaga. De hecho, se entiende que las profundas necesidades sociales, los principios católicos de los empresarios en distintas regiones y la regulación permitieron el surgimiento de estas organizaciones muy temprano en Colombia; muchas de ellas vienen de los años 60, como no ocurrió en otros países. “Por ejemplo, Chile no tiene una trayectoria similar, pues las fundaciones no eran bien vistas por la dictadura”, argumenta Cárdenas.

Diversidad e impacto
“Este es el país donde más fundaciones empresariales hay en la región”, sostiene Guillermo Carvajalino, director de Empresarios por la Educación, quien tiene una amplia experiencia en este campo. Aunque existen diferencias entre los países para entender qué es una fundación empresarial, el estudio de aportes y desafíos publicó que mientras Chile tiene 42 fundaciones, Perú 60, Brasil 55, México 74 y Argentina 50, en Colombia hay alrededor de 111 de estas organizaciones. También menciona que además del número, los campos de acción que atienden son igualmente amplios. Se pueden identificar iniciativas en temas diversos como justicia y paz en el que intervienen por ejemplo la Corporación Excelencia por la Justicia, Fundación Ideas para la Paz y la Fundación Corona, entre otras. La Fundación Alas de Libertad, que dirige el padre Andrés Fernández, vela por el bienestar de los reclusos y sus familias con servicios de recreación, atención médica y espiritual. Para fomentar la cultura, un tema que parece no importarle al empresariado, la Fundación BAT promueve fiestas populares, entre otras actividades, lo mismo que Emgesa, Gas Natural, Petrobras, Almacenes Éxito y Suramericana de Inversiones, por mencionar solo algunas.

Respecto a la educación, la fundación Empresarios por la Educación (ExE) es una muestra del interés de los empresarios del país en el tema. También lo es el programa Líderes Siglo XXI que promueve ExE y coordina Meals de Colombia para juntar empresas con colegios en el mejoramiento de su gestión. Para fortalecer el emprendimiento en Colombia se identifican la Fundación Mario Santo Domingo, y la recién creada Fundación Bavaria, entre otras. En vivienda se puede destacar el caso de la Fundación Compartir. En temas de nutrición, la Fundación Éxito tiene programas como los comedores comunitarios, los bancos de alimentos y el premio por la nutrición infantil que enfrentan esta problemática de forma integral.

Algunas fundaciones como la Carvajal, Social, Codesarrollo, Compartir, Proantioquia, Mario Santo Domingo o Corona, entre otras, abarcan múltiples campos de acción social que incluyen desarrollo empresarial, salud, vivienda o educación. Otras están concentradas en mejorar las condiciones de desarrollo humano en lugares específicos donde usualmente operan, como la Fundación Hocol, Epsa, Emgesa y Mamonal. Para trabajar en temas ambientales serían deseables muchas más, pero se pueden contar casos como Smurfit Cartón de Colombia y Cecodes. Además, las fundaciones no solo están concentradas en las principales ciudades. Desde 1964, la Fundación Antonio Puerto trabaja por el desarrollo de Boyacá en microempresa, educación y salud.

Innovación y profesionalización
La innovación y profesionalización en las operaciones también se han hecho presentes en las fundaciones. Por ejemplo, la experiencia le hizo entender a la Fundación
Carvajal que existe un mayor impacto “enseñando a pescar que dando el pescado”. Algo similar les sucedió a las fundaciones Corona y Saldarriaga Concha al entender que tendrían mayor influencia apoyando a otros en sus proyectos en vez de ejecutarlos ellos mismos. Esquemas innovadores como el de la corporación Compartamos con Colombia en el que se juntan firmas profesionales para donar tiempo en conocimiento en vez de dinero no son identificables en otras partes del mundo (ver recuadros).

Sin embargo, no todo es positivo. “Justos pagan por pecadores”, le dice un importante directivo a Dinero para destacar que la reforma tributaria en estudio propone quitarles los beneficios a las acciones filantrópicas, como es el caso de las fundaciones. De hecho, estas organizaciones serían gravadas con impuestos. “El impacto de esta iniciativa sería desastroso. Sería cobrar impuestos por actividades sociales”, explica el ejecutivo. Para algunos, estas fundaciones simplemente son una forma de reducir la carga tributaria de las empresas. Roberto Solarte, director del grupo Rethos, de la Javeriana, piensa que las fundaciones por sí mismas no son negativas. Pero afirma que estas entidades “confunden la finalidad de la responsabilidad social, que es hacer las cosas bien con cada uno de los grupos de interés de una organización”. Es decir, por el hecho de tener una fundación, las empresas creen que son socialmente responsables y suelen olvidar aspectos claves como los proveedores, el medio ambiente o los mismos clientes.

Además, en el universo amplio de entidades sin ánimo de lucro, la profesionalización no siempre está presente. Hugo Betancourt, director de la consultora Visión, de la Universidad de La Sabana, explica que a muchas de las fundaciones sin ánimo de lucro les falta planeación y presentan bajos niveles de sostenibilidad. “Los ingresos del 71% de estas entidades en Bogotá dependen en un 90% de un solo contrato”, dice Betancourt. Existe la tesis de que muchas de estas empresas pueden comprometer su sostenibilidad al no coordinar los beneficios sociales con los económicos. Lo cierto es que tanto las fundaciones empresariales, como las entidades sin ánimo de lucro en general requieren siempre el creciente apoyo de los empresarios.
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