| 9/12/2008 12:00:00 AM

15 años de cambio acelerado

En su 15 aniversario, Dinero mira el recorrido extraordinario que ha hecho Colombia. Una época de cambios turbulentos ha dejado un mejor país.

Los últimos 15 años han sido un período singular en la historia económica de Colombia. Este país, que se había acostumbrado a su reputación de ser la economía más estable de América Latina, vivió a partir de comienzos de los años 90 una serie de transformaciones vertiginosas en su posición económica, en su estado de ánimo y en su autoestima como sociedad. Pasamos de la exaltación y la euforia a una profunda depresión anímica y económica, para luego volver a vivir una recuperación. La pregunta importante es: ¿qué hemos aprendido? ¿Cómo puede servirnos la experiencia para enfrentar el futuro con mayor confianza y mayor efectividad?

Dinero fue fundada en 1993. No fue una casualidad que su aparición ocurriera precisamente a comienzos de la década de los 90. En Colombia habían existido varios intentos serios por hacer revistas de negocios, pero ninguna había desarrollado un modelo de amplio alcance, que aspirara a llegar a una audiencia extensa. El éxito de Dinero, que rápidamente encontró un público ansioso por involucrarse en una discusión moderna sobre la marcha de los negocios y la economía en Colombia, fue en sí mismo un indicador de las grandes transformaciones que estaban ocurriendo con la apertura económica. Las reglas del juego estaban cambiando, el ritmo de los acontecimientos se aceleraba y la gente de negocios necesitaba mejor información y, sobre todo, nuevas ideas que ayudaran a interpretar lo que estaba ocurriendo.

Con motivo de su aniversario número 15, Dinero ofrece a sus lectores esta edición especial, en la que hacemos un recorrido por la evolución que ha vivido Colombia, desde 1993 hasta el día de hoy, en la economía y los negocios. Los cuatro presidentes de la República que ha tenido Colombia en este periodo (César Gaviria, Ernesto Samper, Andrés Pastrana y Álvaro Uribe) hablaron con nosotros en entrevistas extensas sobre lo que fue su gestión económica (y lo que es, en el caso de Uribe), sobre lo que consideran sus mayores logros y sobre los temas más importantes en la agenda de lo que quedó por hacer. En su conjunto, estas entrevistas, que se inician en la página 68, nos muestran la evolución de un país que en 15 años conoció un cambio sin antecedentes en su estructura económica y en sus posibilidades.

Adicionalmente, en esta edición examinamos distintas facetas de la evolución de la economía y las empresas en dicho periodo. Aparece aquí un país dinámico, donde casi no queda tiempo para registrar transformaciones, que son irreversibles, dada la velocidad a la que ocurren. También es un país contradictorio, donde conviven el avance y el atraso. Por encima de todo, es un país recursivo y optimista, en el que siempre hay alguien dispuesto a ensayar una forma distinta de resolver las cosas, a pesar del escepticismo con que a veces son recibidas las propuestas nuevas.

UN PAÍS DE EXTREMOS

En los primeros años de la década de los 90, Colombia vivió una época de grandes transformaciones y llegó a ser vista en el ámbito internacional como una de las economías de mayor potencial en América Latina. Colombia y Chile eran los candidatos para ingresar al área de libre comercio que construyeron Estados Unidos, Canadá y México, el proyecto que pretendía desplegar el Nafta para construir una zona de libre comercio "desde Alaska hasta la Patagonia". A la vuelta de pocos años, sin embargo, todo había cambiado radicalmente. A comienzos de la presente década, Colombia no solamente había dejado de ser el país promesa de las Américas, sino que algunos cuestionaban seriamente su viabilidad como nación, debido a la prevalencia de la violencia y la inseguridad.

Hoy, recuperada la seguridad, los colombianos vuelven a tener la capacidad de mirar hacia el futuro. El gobierno de Uribe logró devolver la confianza y la seguridad, el ingreso per cápita ha crecido y el mundo vuelve a ver a Colombia como una gran oportunidad.

Sin embargo, tantos cambios en un periodo tan breve han dejado un entorno donde existe abundante confusión a la hora de interpretar dónde estamos y hacia dónde vamos. En nuestro país coexisten muchos tiempos distintos en el mismo momento. Colombia vive una etapa avanzada de la globalización, mientras buena parte de sus empresas y sus líderes políticos siguen pensando que este es un fenómeno cuya llegada se puede evitar. Muchos insisten en utilizar los instrumentos de manejo económico del pasado, cuando las estructuras en las cuales estos eran útiles cambiaron radicalmente. Se toman decisiones pensando en un país que cambió y se dejan de hacer las cosas que el nuevo país necesita.

Al hacer un recorrido sobre los últimos 15 años en Colombia, examinando los distintos artículos de esta edición, salta a la vista esta coexistencia de tiempos diferentes en la misma economía. Desde esta perspectiva, Colombia es un nudo de contradicciones. Mientras que las instituciones básicas de la economía sufrieron una transformación radical a comienzos de los años 90, cuando las reformas estructurales crearon un conjunto de instituciones modernas, para un país que busca asumir su papel en un contexto internacional dinámico, las prácticas del día a día de las empresas y las entidades estatales, en muchos casos, se han quedado en las rutinas del pasado.

Por ejemplo, gracias a los cambios institucionales en el sector financiero, que van desde la autonomía del Banco de la República, garantizada en la Constitución del 91, hasta las diversas reformas financieras que se han aplicado en este período, las empresas colombianas tienen hoy acceso a recursos de largo plazo en proporciones que eran inimaginables hace 15 años. Si bien nos falta mucho por avanzar, son numerosos los casos de empresas que están desplegando ambiciosos planes de crecimiento internacional a partir de este acceso a capitales de largo plazo. Sin embargo, son muchas más las empresas que se abstienen de utilizar esa posibilidad. Necesitan más tiempo para asimilar el cambio, aunque sus competidores les saquen ventaja en el entretiempo.

Por su parte, los flujos de inversión extranjera que han llegado a Colombia nos han traído todos los rigores de la competencia, aunque muchos en el país crean que esta se puede evitar simplemente si dejamos de firmar tratados de libre comercio. Dinero entrevistó a los CEO's de SABMiller, Graham Mackay; Glencore, Ivan Galsenberg; Gerdau, Andrés Gerdau; Sinergy, Germán Efromovich; Carrefour, José Luis Durán; Casino, Jean Charles Naouri y al presidente ejecutivo de Telefónica Internacional, José María Álvarez-Pallete, quienes destacan su experiencia en Colombia y explican sus planes para el país (ver artículos páginas 140 a 149 y páginas 156 y 158).

A pesar del incremento en la competencia, todavía las energías que deberían ser empleadas en entender a los competidores, y en desarrollar capacidades para superarlos (cosa que además serviría para salir luego a competir en otros países) se van con frecuencia en quejas y en lobby. Se pretende evitar la llegada de un cambio que no solamente es inevitable, sino que ya hace parte de la realidad cotidiana.

Los tiempos de los diferentes escenarios no cuadran. Al mismo tiempo que avanzamos en cerrar acuerdos internacionales de libre comercio, las vías y la infraestructura de Colombia apenas darían abasto para la economía que el país tenía en los años 60. El sistema de salud colombiano, que ha sido reconocido como uno de los esquemas institucionales más modernos e igualitarios del mundo, se encuentra con unos hospitales y clínicas que no acaban de encontrar el modelo de negocio adecuado para las circunstancias. La transformación de la educación, tanto en primaria como en bachillerato, que se ha reflejado en una elevación sostenida de las tasas de cobertura, termina por arrojar al mercado laboral grandes masas de personas con niveles de educación muy superiores al pasado, que no encuentran respuesta en puestos de trabajo. Nuestros jóvenes se educan en internet y están expuestos a las tendencias globales del último minuto, pero cuando salen al mercado laboral, la mayoría encuentran unas empresas rezagadas en sus prácticas y que se quedan cortas en los retos que son capaces de plantear al talento que contratan.

La razón para mirar hacia el pasado no debería ser únicamente la nostalgia, sino la búsqueda de claves que nos permitan entender lo que está ocurriendo en el presente y lo que deberíamos hacer hacia el futuro. Esta mirada sobre nuestra experiencia como país en los últimos 15 años arroja muchas ideas sobre lo que tendríamos que tener en cuenta para los próximos 15.

En su entrevista con Dinero, el expresidente Gaviria nos habla de aprender de la experiencia de las economías de Asia, donde el esfuerzo por lograr el desarrollo no se concentra en unos pocos temas, sino que se realiza un esfuerzo permanente por mantener la integralidad y no permitir que ningún factor se rezague. El expresidente Samper plantea los dilemas que vive Colombia cuando debe aprender a manejar el posconflicto al tiempo que vive en medio del conflicto, pues debe encontrar la forma para que millones de sus jóvenes vuelvan a creer en el futuro, mientras aún viven un presente signado por la violencia. El expresidente Pastrana señala la importancia de dar prioridad al problema del desempleo, que es alto y mayor al de otros países de la región.

Colombia ha cambiado mucho y avanzado mucho en los últimos 15 años. Sin embargo, no podemos quedarnos en las felicitaciones mutuas. Tenemos que avanzar más rápido en lograr un país moderno, productivo e inclusivo, donde podamos decir que realmente hay oportunidades para todos. Esa es, quizás, la principal lección de los últimos 15 años: recordar, con humildad, que no sabemos tanto como creemos y que cada uno de nosotros tiene mucho por trabajar y mucho por aprender si vamos a construir el país que verdaderamente queremos.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?