| 5/9/2008 12:00:00 AM

Un sueño vuelto realidad

Con grandes logros y muchos retos hacia adelante, la Universidad de los Andes cumple sesenta años formando profesionales de excelente calidad y visión global.

La Universidad de los Andes surgió del sueño de un grupo de profesionales que creían en la necesidad de tener en Colombia una visión diferente en medio de la pugna política que vivía el país. De hecho, el 9 de abril de 1948 fue el detonante que llevó a este sueño a volverse realidad y, siete meses más tarde, el 16 de noviembre, se fundó la Universidad. A raíz de la próxima celebración de su aniversario número 60, Dinero habló con su actual rector, Carlos Angulo Galvis, para conocer directamente de él, qué fue lo que llevó a esta universidad a convertirse en una de las más importantes del país.

–¿Cómo fueron los primeros años de operación de los Andes?

La universidad empezó a funcionar con setenta estudiantes bajo la rectoría de Roberto Franco, un reconocido científico, que se había desempeñado como rector de la Nacional. El esquema era el de la universidad americana, diferente al francés, que imperaba en el país por esa época.
En un comienzo, la universidad ofrecía programas en diferentes áreas de la ingeniería en un proyecto denominado 3/2, que significaba que el estudiante hacía  cinco semestres en Colombia y cuatro en los Estados Unidos. También se ofrecían programas en Arquitectura y Economía, aunque esta última se fusionó en 1955 con la Facultad de Economía del Gimnasio Moderno.
El viaje a Estados Unidos era financiado por la universidad con recursos de diferentes fuentes incluyendo el Icetex. Era un esquema bastante novedoso en la medida que en el país solo podían salir a estudiar en el exterior los hijos de familias con recursos abundantes.

–¿Cómo ha sido la política respecto a los profesores?

 Al principio se contrataron profesores europeos, a quienes se les exigió que trabajaran bajo los estándares de la universidad americana. Como incentivo se les permitía que vivieran con sus familias dentro de la universidad.
Luego se contrató como profesores a los estudiantes que se habían ido a estudiar afuera y que regresaban al país. Muchos venían con maestrías de excelentes universidades de Estados Unidos.

Los Andes siempre ha tenido como política contar con la mejor gente. En este sentido, si no la hay, se trae. Actualmente,  el 50% de los profesores tienen doctorado y un 85% maestría. Además, hay 105 profesores que se están formando en el exterior. Ochenta y cinco en programas de doctorado y veinticinco en maestrías. Esto es indispensable para poder tener una comunidad académica que permita el diálogo entre pares.

–¿Cómo llegó a ser la universidad que es actualmente?

Con entusiasmo, improvisación, suerte y buenas ideas. Si se hubiera tenido un estudio para su fundación, quizás nunca se hubiera llevado a cabo. Los recursos eran pocos, pero las ideas eran claras. Se ha mantenido un proceso de educación continua en que cada nuevo grupo de personas que llega se apoya en lo que viene.

–¿Qué le falta a los Andes para convertirse en  una universidad de talla mundial?

La Universidad de los Andes, así como otras locales, tienen excelentes programas de pregrado. Esto se puede ver en la calidad de los estudiantes que salen a hacer postgrados en el exterior.  Pero, la universidad colombiana tiene la tarea de ofrecer postgrados de calidad y tiene también que profundizar la investigación. Las dos cosas están ligadas. En los Andes, esto forma parte del plan de desarrollo.
También hay que desarrollar los doctorados. Es necesario elevar el  nivel de investigación, contar con doctores de excelente calidad  y tener más contacto con los empresarios.

–¿Por qué hacer un doctorado en Colombia, en lugar de hacerlo en el exterior?

Podemos ofrecer un nivel suficientemente bueno que atraiga a los mejores estudiantes. Además, el tipo de investigación que se hace en la universidad puede ser más pertinente para el caso colombiano que la que se lleva a cabo en el exterior.

–¿Cómo puede una universidad ofrecer calidad sin quebrarse?

En efecto, la educación de calidad es costosa. La universidad pública se financia con recursos del Estado. La privada, esencialmente con matrículas. Como estas son altas, las universidades deben buscar la manera para que los buenos estudiantes puedan acceder y, por tanto, debe haber ayudas financieras. En los Andes, el 45% de los estudiantes tiene algún tipo de ayuda, ya sea directamente de la universidad, del Icetex o a través de donaciones del sector privado.

De otra parte, las universidades que no son de calidad no tienen futuro. Las universidades deben focalizarse, no puede hacer de todo. Por ejemplo, deben escoger si quieren ser un junior college, o si quieren ofrecer pregrados o doctorados.
Lo más importante es que Colombia evolucione en la relación tecnólogo-universitario. Hoy es inversa a la que tiene cualquier país desarrollado. Chile ha avanzado en este tema y tiene una relación 50%-50%. Pero para que esto sea posible se requiere que haya mejores instituciones técnicas y además hay que darle realce las carreras tecnológicas. Es lo que el país necesita.
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