| 8/25/2010 3:50:00 PM

Malcolm Deas, profesor de historia de la Universidad de Oxford

El pasado mes de julio estuvo en el país como profesor visitante de la escuela de verano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, Malcolm Deas, profesor de historia de la Universidad de Oxford.

En su actividad académica, Deas ha estudiado tópicos como la violencia colombiana, la tradición electoral, el Estado colombiano y las tendencias de política en el país. Así mismo, ha sido enfático al señalar singularidades y racionalidades ocultas, y posibles errores de enfoque y vacíos persistentes en el conocimiento de la realidad colombiana. Dinero habló con Malcolm Deas acerca del papel de la historia en el desempeño de las naciones y de las perspectivas futuras de Colombia, dadas las condiciones que caracterizan su pasado y realidad actual.

D — ¿Por qué hay tantos investigadores interesados en Colombia?

En realidad no hay tantos. Los académicos extranjeros interesados en Colombia fuimos muy pocos hasta hace poco. Una de las razones de esta situación es que, por ejemplo en Estados Unidos, la mayoría de los investigadores que se interesan por lo latino se enfocan en estudiar a México, pero los colombianistas son escasos.

El interés por Colombia comenzó en los años noventa, fue en ese momento en el que más académicos empezaron a preocuparse realmente por este país y sus problemas. En esa época tuve una reunión en Washington con la gente del Interamerican Dialogue y un miembro del Comité me dijo: "cuando yo quiero saber algo de México, mis asistentes me producen una lista enorme de las personas interesadas en este tema; pero si pido algo sobre Colombia, no llegan a veinte los nombres". Ese era el escenario a finales de los noventa. Pero ahora el país se ha puesto de moda y, principalmente por los estudios de conflictos, hay una nueva 'industria' académica de diagnóstico de conflictos, algo que se conoce como Las Nuevas Guerras, y el número de investigadores en ese campo ha crecido aceleradamente.

D— ¿Es a causa del conflicto interno la razón por la cual el país es relevante para los académicos?

Al inicio esta fue la razón, pero ahora el país se hace sentir. Colombia es el tercer país más poblado de América Latina, después de Brasil y México. Este país es uno de los pocos casos de éxito de las relaciones internacionales de Estados Unidos en tiempos recientes, yo creo que eso también atrae cierto interés. Y también a causa de los problemas que tiene Estados Unidos con México, Colombia es una fuente de cierta sabiduría, de cierta experiencia. Además, me parece que el cambio positivo que el país ha tenido en la última década es importante.

D— Pero el país ha entrado al radar de mucha más gente, no solo de la comunidad académica…

Sí. Una de las razones de esto es que hoy los colombianos saben mucho más del mundo que hace cuatro o cinco décadas, cuando visité por primera vez Colombia. El país se ha abierto a las comunicaciones, y los colombianos viajan mucho más. Aunque es claro que todavía, como en cualquier país, hay rasgos de insularidad. Pero, el contraste es que el resto del mundo no ha expandido su conocimiento del país en el mismo grado que los colombianos lo han hecho con su conocimiento del mundo. Las razones de eso son la falta de turismo, inseguridad, mala reputación, las razones que conocemos. A veces el colombiano se sorprende de que aunque él se haya desinsularizado, el resto del mundo siga con bastante ignorancia sobre su país.

Pero cuando un extranjero viene por primera vez se sorprende por el grado de sofisticación de las ciudades, por el grado de eficacia de ciertos servicios, por la amplitud de su oferta cultural. Por ejemplo, Bogotá ya tiene los mejores museos de América Latina, tiene más museos que Buenos Aires, con la Donación Botero tiene la mejor colección de arte moderno, después de Sao Paulo. Pero también sorprende la arquitectura, tanto en edificios públicos como en vivienda privada, es variada, saludable, ingeniosa; y el arte moderno, que francamente para mí es el mejor de Suramérica.

D— Eso a pesar de la poca migración europea de comienzos de siglo pasado en comparación con otros países suramericanos…

Ese es un punto importante. Colombia nunca ha sido un país de grandes corrientes de migración, el país no ofreció oportunidades a una inmigración masiva si se le compara con Argentina, Uruguay o Chile, o inclusive con Venezuela, que después de la Segunda Guerra era un país rico que ofrecía oportunidades a portugueses, españoles e italianos.

En Colombia, la inmigración más grande fue la sirio-libanesa, aunque no llega a los 200.000. Brasil, por ejemplo, tuvo a causa del café una gran migración de mano de obra italiana porque no había brasileños para eso. Pero acá, Rafael Uribe Uribe trató de atraer chinos para trabajar el café, pero tan solo un pobre grupo de inmigrantes chinos llegó a Honda donde, según la leyenda, se suicidaron en masa. La diferencia es que acá hubo suficiente mano de obra nativa, era un país de salarios muy bajos y además era un país tropical con mala reputación climática en el siglo XIX en el que la gente moría de fiebre.

La inmigración sirio-libanesa es interesante, casualmente eran muy similares a la población colombiana de principios del siglo XX y se incorporan con una rapidez enorme porque son de la misma religión, la mayoría de los que llegaron eran católicos y se casaban inmediatamente. Montaban sus negocios que eran en principio de venta de textiles, el mismo tipo de comercio que hacían los colombianos, entonces la adaptación era rápida. Además, producen políticos con una rapidez igualmente abrumadora, de hecho tuvieron un candidato presidencial en 1946.

De otros países llegaron individuos importantes pero nunca suficientes para formar una colonia con vida aparte, como sí ocurrió por ejemplo en Argentina, donde había una colonia anglo-argentina de unas 40.000 personas. Acá eso no pasó. Cuando uno mira la historia económica del país, hay extranjeros que han contribuido a su desarrollo, y ha habido algunos empresarios importantes como los Eder, en el Valle, los Held, en Barranquilla, o los Hius, en Honda, pero son individuos, no son colonias.

D — ¿Cómo nos diferencia esa historia particular de Colombia del resto de América Latina?

Hay ciertas características de la economía colombiana que yo denomino el punto de arranque, en 1830. En términos económicos, se reconoce que en la mayor parte de la América española la independencia era bastante decepcionante. La región no arrancaba fuertemente, a pesar de que hubo mucha ilusión por la riqueza potencial que surgía velozmente en algunas pocas partes de la región. Algunos países arrancaron mejor que otros, los chilenos, por ejemplo, tuvieron una economía más viable, más manejable, unas rentas del Estado más fuertes al principio de la independencia, en parte gracias a su ubicación geográfica y a que tenían minas y trigo, entre otros aspectos.

Colombia, en cambio, le interesaba muy poco al mundo al comienzo de su independencia, y eso tiene consecuencias. De todas las decepciones de la época de la independencia, tal vez la colombiana fue la más grande. El país se demoraba en sintonizarse con la economía mundial, hubo enormes dificultades, era un país muy aislado, con costos de transporte muy altos, y muy pobre. Cuando el país inicia su producción de tabaco y café vence algunos obstáculos, pero eso tomaba tiempo. Esto también tiene repercusiones en el ámbito político.

En parte, en Colombia no hubo una dictadura porque no hubo con qué financiarla, los gobiernos no tuvieron los ingresos suficientes para sostener un aparato estatal fuerte, y montar dictaduras sin un aparato fuerte es obviamente imposible.

Siempre reivindico a Santander, quien se creía el fundador del método de gobernar este país, gobernar el país formando redes de corresponsales y abogados, tipos civiles y políticos, publicando gacetas, escribiendo y escribiendo. Recuerdo una cita de mi colega Frank Safford, que salió en un periódico cuando murió Santander, de un tipo que dijo: "espero que lo entierren con tinta, pluma y papel porque sin duda va a seguir molestando desde el más allá". Ese estilo persiste, porque ese estilo era lo que tocaba hacer para poder gobernar y tiene un aspecto positivo porque aunque los gobiernos del siglo XIX eran civiles no eran exactamente siempre tolerantes. Hubo mucha exclusión de las minorías y guerras civiles por esa razón, eran gobiernos de dominio demasiado excluyentes.

D — ¿La guerras no obedecían igualmente a los problemas de distribución de la tierra?

No. Yo creo que ese es otro mito. Yo no creo que la gente peleara en el siglo XIX por la tierra, peleaban por el poder. Eso de la distribución de la tierra a veces es conflictivo, pero este es un país inmenso, con una población muy pequeña, que en 1830 apenas superaba el millón de habitantes. Actualmente hay conflictos de tierras, porque es un país sumamente rural pero, a mis ojos, la gente tiene tendencia a exagerar ese argumento.

D — Otros argumentan debilidad de las instituciones, ¿cuál es su opinión a este respecto?

Yo he criticado la línea que le echa la culpa al desarrollo del país en su primer siglo al desorden y la falta de instituciones, que es una escuela económica muy de moda ahora.

Yo soy francamente escéptico sobre eso. Claro que es un elemento, pero no me parece que sea el elemento fundamental porque los empresarios no eran académicos e hicieron grandes apuestas. Si uno es un empresario vigoroso enfrenta una pelea o un pleito y si hay posibilidad de sacar ganancia, uno lo enfrenta bien. Un ejemplo de eso es el establecimiento del café, el país llega a ser el segundo productor de las Américas entre 1860-1920, sorteando al menos tres o cuatro guerras civiles. Esa escuela exagera. Yo la cuestiono en parte porque la definición de instituciones de los institucionalistas es tan ancha que pierde sentido y porque a veces no se encuentra sustento empírico a sus argumentos.

D — ¿Qué frena entonces el crecimiento?

John Stuart Mill, en su economía política de 1848, dice que lo que realmente frena el crecimiento económico no es tanto el desorden, porque hay muchas economías que con bastante anarquía han salido adelante, sino el tener un gobierno perverso y fuerte. Hay ciertos ejemplos en la historia reciente, como cierta isla del Caribe.

El argumento mío en este debate es que yo no creo que el desorden en Colombia sea tan excepcional en su intensidad. La peor guerra que ha tenido lugar en el país es la de los mil días y eso fue a finales del siglo XIX y por razones muy obvias, uno no puede explicar lo que pasó en el siglo XX con una guerra que empezó en 1899. Si uno mira otras repúblicas de América del Sur hay bastante desorden pero al final unos países terminan más ricos que otros. Entonces, si el desorden era igual, la explicación de ese contraste en el progreso de ciertas partes no puede ser esa.

D — ¿La violencia puede explicar el bajo crecimiento de Colombia?

Este país ha sufrido una terrible violencia y grandes horrores. El impacto económico de eso, según el Departamento de Planeación Nacional representa dos puntos del PIB. Yo sé que uno puede hacer esos cálculos, pero el desempeño de la economía no ha sido tan negativo. No me gusta dar valor económico a la justicia, seguridad, derechos, etc., eso es para economistas. Esos son valores en sí y a veces los economistas tienen un aire de que no hay que matar gente porque está mal para la economía. Eso me parece un enfoque bastante antipático.

En ciertos casos, claro que la inseguridad ha tenido un efecto negativo. También la economía ilegal ha sido muy mala. Esta es una economía que sigue teniendo muy pocos turistas, este país tiene un enorme potencial turístico por su belleza y variedad. Y por la atención de su gente, la grandísima mayoría trata a los visitantes de manera natural y agradable, al colombiano no le molesta atender, le gusta conversar, se interesa por el visitante y quiere satisfacer la curiosidad de este. La razón del poco turismo es la inseguridad y la reputación.

D — ¿Cómo ve el país de cara al futuro?

Las instituciones de este país son más fuertes de lo que los críticos dicen, pero hay un problema de corrupción y eso influye en la inversión extranjera. Aquí hay problemas de derechos de propiedad y eso es importante porque inhibe la inversión. Pero la apertura de la economía disminuye la corrupción en el largo plazo. De otro lado, los colombianos, tras las experiencias vividas, van a ser más exigentes con sus gobiernos. En medio de los escándalos y horrores que todos conocemos vamos, por lo menos, en la dirección indicada. La gente irá aprendiendo que tiene que comportarse distinto.

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