| 11/21/2008 12:00:00 AM

Las claves de la competitividad

Deborah L. Wince-Smith. Presidenta del consejo privado de competitividad de Estados Unidos. Entrevista.

Con motivo del lanzamiento del Segundo Informe Nacional de Competitividad, el Consejo Privado de Competitividad (CPC) invitó a la presidente de su organización homónima en Estados Unidos, Deborah L. Wince-Smith, para que conociera de cerca el estado del país en materia de competitividad y diera su visión de los retos de competitividad que enfrentan Estados Unidos y Colombia.

El Informe, que destaca que la competitividad es la ruta hacia la prosperidad, evidencia los avances de Colombia en el uso de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) y la mayor cobertura en educación; resalta que la elevación del ingreso per cápita en el país no ha venido acompañada de una mayor convergencia regional, lo que hace prioritario monitorear los factores de competitividad regional; incluye un profundo análisis de la competitividad y los efectos de los sectores justicia, energético y agropecuario; y enfatiza que la incertidumbre actual del entorno internacional hace más importante aún acelerar las reformas en las variables que impactan la competitividad, tal como está priorizado en la Política Nacional de Competitividad. Dinero habló con Wince-Smith sobre las claves de la competitividad.

—Actualmente, ¿cuáles son las claves de la competitividad en Estados Unidos?

—Hemos identificado ocho cambios fundamentales para la transformación de una economía en las condiciones económicas actuales: la revolución digital y la red de comunicaciones globales; el rápido avance, las habilidades, los cambios en el consumidor y el poder y la inversión de las economías emergentes; la naturaleza cambiante del comercio y la emergencia de empresas globales; el “comercio en tareas” global, acompañado de una labor de arbitraje las 24 horas del día, los siete días de la semana; el ritmo de los descubrimientos científicos y convergencia en tecnologías de la información, biotecnología y nanotecnología; la fusión de manufactura y servicios y valor creciente de las “canastas intangibles”; la necesidad de un consenso global y cooperación para resolver problemas complejos que van desde la energía, el medio ambiente y el clima hasta alimentos, agua, salud, pandemias y amenazas de seguridad; finalmente, el surgimiento de la economía conceptual del siglo XXI e “innovación imperativa”.

—¿Cómo se articulan estos ocho factores?

—Crear productividad es uno de los grandes retos si se mira hacia el futuro. El primer elemento importante para conseguirlo es por las comunicaciones, la red de la economía global actual, en la que por primera vez todo el mundo está conectado gracias a las telecomunicaciones de alta velocidad; por ello es importante avanzar en las comunicaciones globales digitales. El segundo tiene que ver con el rápido crecimiento, las habilidades, el poder y la capacidad de inversión de las economías emergentes que en 20 años han cambiado la curva de desarrollo tradicional y ahora cuentan con abundante mano de obra calificada, bajos salarios, son innovadoras, invierten en Investigación y Desarrollo (I&D) y han creado ambientes propicios para la inversión de capital extranjero. Creo que en 2020 el 80% de los consumidores de clase media van a estar en las economías emergentes.

—¿Cómo ubica a Colombia dentro de las economías emergentes en este contexto?

—Colombia lo está haciendo muy bien, como se muestra en el Informe del CPC, fortaleciendo el crecimiento con inversión. Además cuenta con muchas facilidades, en la crisis financiera global su sistema bancario y financiero ha salido muy bien librado en comparación con otros países. Aparentemente, el sector bancario está montado sobre una infraestructura muy sólida.

La competencia actual se centra en establecer qué países en el mundo entero ofrecen el trabajo con más valor agregado; ahora han emergido precios globales, de la mano de las empresas que tienen operaciones globales y han hecho sus inversiones en el tercer mundo, equilibrando los precios a nivel mundial. Colombia tiene las condiciones de desarrollo necesarias para que las empresas globales puedan iniciar sus procesos de crecimiento. A mí me gusta el ejemplo de Corona, sus marcas han trascendido fronteras y compite a nivel mundial.

—¿Cuál es el impacto del arbitraje en el comercio?

—Es la primera vez en la historia en la que se tiene realmente arbitraje global las 24 horas del día; así, las empresas saben qué deben y qué no deben hacer. Además, el mundo digitalizado y ‘commoditizado’ puede asegurar que habrá gente alrededor del planeta compitiendo por puestos de trabajo. Nadie es inmune al arbitraje global.

—¿Qué papel juega la tecnología?

—En cuanto a la biotecnología y la nanotecnología digital, nadie sabe qué tan profundo va a cambiar todo porque habrá la posibilidad de ofrecer medicinas personalizadas y la nanotecnología va a jugar un enorme papel, al igual que las fronteras de la agricultura. Esta última es un área en la que va a haber grandes efectos distorsionantes a causa de la revolución científica y tecnológica, que seguramente harán que haya más fusiones y que surjan empresas más grandes.

—¿Encuentra casos de esto en Colombia?

—Lo comparo con lo que ha hecho la Compañía Nacional de Chocolates. Hay tanto valor que se puede agregar desde el diseño, en calidad, patentes y marcas registradas. Aquí es donde realmente está el valor de las grandes corporaciones.

—¿Qué nuevas prioridades se avecinan?

—Insisto en la importancia de generar un ambiente regulatorio propicio para la innovación y en los grandes desafíos que deben afrontarse como país individual, para lo cual se requieren recursos y cooperación. Después habrá que prestarle atención a las “economías de anticipación de emergencia”: tanto en el mundo desarrollado como en los países emergentes, es difícil competir a partir de commodities, principalmente los que vienen de recursos naturales, como tampoco de productos que se han estandarizado y que sus materias primas son commodities, que adicionalmente no dejan grandes márgenes de ganancia.

—¿Cómo se genera una economía de este tipo?

—La idea de la libertad de la información es una idea económica, debe haber mucha creatividad e imaginación para poder figurarse los bienes y servicios que la gente necesita. No se puede competir solo por salarios o precios de los commodities porque siempre estarán ligados al mismo tipo de actividad. Por ejemplo, para el chocolate colombiano habría gente dispuesta a pagar una prima por él, su precio no se comporta como el de los commodities, es de muy alta calidad y está representado por una marca muy bien posicionada. Es un excelente ejemplo de cómo entrar en una cadena alimenticia y crear valor por medio de productos de calidad. El problema es que haya gente que crea que no hay más qué agregar cuando las posibilidades son inmensas.

—¿Qué dificultades encuentra en nuestro país?

—Obviamente hay deficiencias, principalmente en las facilidades para crear negocios en el tiempo necesario, como se muestra en el Informe del CPC y de acuerdo a las estadísticas del Banco Mundial y del Foro Económico Mundial. El otro problema es el sistema de impuestos: no se pueden financiar proyectos de manera óptima si no se tienen los impuestos adecuados, este es un enorme factor en la competitividad. Otra área en la que Colombia tiene grandes retos y debe mejorar es en su infraestructura y logística.

—¿Cómo ve a Colombia en investigación y desarrollo?

—Entiendo que hay planes enfocados en esto, pero la verdad es que, y esta no es solo una apreciación mía, Colombia está en un lugar muy bajo en comparación con otros países latinoamericanos en invenciones tecnológicas y en su inversión en I&D. Invertir el 0,5% del PIB es un nivel demasiado bajo; si no estoy mal, en América Latina se concentra tan solo el 2,2% de los recursos destinados a nivel mundial para I&D y la mayoría está en Brasil. Se oye mucho de la capacidad de imaginación y diseño de los colombianos pero debe haber una respuesta del Gobierno en I&D que potencialice esas cualidades.

—¿Cuál es la importancia de tener un Consejo Privado de Competitividad?

—Es muy importante tener al sector privado reunido para que trabaje coordinadamente en tantos aspectos de la economía colombiana y de la economía internacional. Además, se facilita la puesta en marcha de acciones para enfrentar la economía informal, esta va a ser una base para poder progresar en los demás aspectos. El fin del Consejo es que entienda qué está pasando en cada sector y decida qué es necesario realizar y luego, hacer que ocurra.

—¿En qué están trabajando ahora en Estados Unidos?

—Allá la atención está centrada en la provisión de energía, en la seguridad energética. Se requiere innovación en energía y sostenibilidad al nivel competitivo más alto posible en el siglo XXI. Esto está ocurriendo, no solamente en nuestro país sino también en muchos países desarrollados. El 9 de septiembre de este año pusimos en marcha un plan muy poderoso a nivel nacional, en el que se presenta al nuevo Presidente lo que es necesario hacer en materia energética: Presidente, Congreso y sector privado trabajando de la mano. Tenemos que mejorar nuestra eficiencia energética, en un país en el que hay un muy bajo rendimiento energético de nuestros productos y en el que se desperdicia mucha energía. Si uno mira al Japón, el país más eficiente en el uso de energía a nivel mundial, es claro que con su eficiencia se podría ahorrar dinero. Una de las cosas que buscamos de nuestro nuevo Presidente es llamar a un requerimiento general de estándares de eficiencia energética a nivel nacional, queremos que se desarrollen todas las formas de energía posibles con mejoramientos en su extracción y utilización.

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