| 5/28/2010 12:00:00 AM

Jeffrey M. Puryear, vicepresidente de política social del Diálogo Interamericano

"Matrícula o cobertura no son suficientes para promover el crecimiento económico, hay que tener altos niveles de aprendizaje".

Con motivo del lanzamiento del Nuevo Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación (Icfes), estuvo de visita en el país Jeffrey Puryear, vicepresidente del Diálogo Interamericano y codirector del Programa de Promoción de la Reforma Educativa de América Latina y el Caribe (Preal). El Nuevo Icfes, resultado de la evolución y consolidación de la entidad que durante décadas se ha encargado de diseñar y aplicar las evaluaciones que miden el nivel de la educación en el país, pensó en Puryear para dictar una charla sobre los sistemas de evaluación, dado su conocimiento teórico del tema y su amplia experiencia en la región latinoamericana. El experto resaltó que el Icfes “realiza un excelente trabajo, evidencia progreso y ha aplicado cambios serios para posicionarse como una institución autónoma. La labor que desarrolla es relevante, ya que realiza con efectividad evaluaciones, socializa oportunamente los resultados y entrega información que permite a la comunidad educativa elaborar planes de mejoramiento. Igualmente, se debe destacar el interés del nuevo instituto por promover la investigación, producto de los resultados de las evaluaciones que aplica”. Dinero habló con Puryear acerca de la calidad de la educación en Colombia y América Latina.

D — ¿Qué opina del sistema de evaluación colombiano, en manos del Icfes?

Estoy en Colombia porque precisamente vine a hablar sobre la evaluación de los aprendizajes. El Icfes ha avanzado bastante, es de las pocas instituciones de evaluación de los aprendizajes existentes en América Latina que es semi-autónoma, tiene cierto nivel de independencia del Ministerio de Educación, y eso es muy importante porque lo protege contra una interferencia política que se da en muchos países.

D — ¿Cómo se manifiesta esa interferencia política?

Por ejemplo, si los puntajes de unas pruebas son demasiado bajos, algunos Ministros prefieren no hacerlos públicos, algo que ha ocurrido en mucho países de América Latina. La independencia le permite a la entidad encargada de ellos mantener una actitud y desempeño profesional y no político.

Así mismo, tener un nivel de profesionalismo alto es muy importante para la credibilidad. No solamente es importante por su utilidad, sino por la credibilidad del país. Otra cosa que llama la atención en Colombia es que tienen evaluaciones censales y no solamente muestrales, aquí todos los alumnos y estudiantes son evaluados. Son pocos los países de América Latina, 5 ó 6, que tienen un sistema así (Chile, la provincia de Buenos Aires y algunos estados de Brasil), pero esto es algo nuevo y toda la región va hacia este tipo de evaluaciones, aunque todavía no han llegado a esa meta. Colombia es un líder en la transición de evaluaciones muestrales a evaluaciones censales.

D — ¿En qué radica la importancia de contar con evaluaciones censales?

Por un lado, permite diferenciar con mayor exactitud dónde hay problemas y dónde no los hay. Por ejemplo, uno puede hacer evaluaciones a nivel de la escuela o colegio y, supongamos que en un municipio hay 100 escuelas, con una evaluación censal se pueden tener datos sobre cada escuela y se puede descubrir que quizá 80 de las 100 llegan a un nivel adecuado de aprendizaje, mientras 20 no lo tienen. Habiendo identificado esas 20 escuelas, uno puede enfocar recursos para remediar esa realidad. Si es muestral no se puede hacer eso, a lo mejor uno tiene solamente un colegio en ese municipio que participó en la muestra y tiene una idea nacional de la situación, pero no puede llegar al nivel de los colegios para explicar dónde hay problemas y poderlos rectificar. Esto es algo bien importante.

También permite retroalimentar a los maestros porque les muestra el nivel que tienen sus alumnos y eso es algo sano. Donde hay problemas, los maestros se dan cuenta y donde no hay problemas también se dan cuenta, y esto permite entender mucho mejor el sistema y asignar fondos más eficazmente.

D — ¿Cómo encuentra la educación del país en comparación con el resto de América Latina?

Hay muchas formas de medir la educación; cobertura es una, inversión es otra y calidad es la tercera. En cuanto a cobertura, Colombia es el líder, prácticamente todos los alumnos logran terminar la primaria, por ejemplo; en cuanto a la secundaria, Colombia está un poco por encima del promedio en el número de estudiantes que la culminan; en cuanto a inversión, Colombia está también muy cerca al promedio; y en cuanto a calidad, aunque no se destaca, tampoco es uno de los peores.

Si uno mira pruebas internacionales que comparan países, donde se destaca Colombia durante los últimos diez años o más, es en que ha habido un esfuerzo poco común para innovar y para establecer políticas modernas en educación. Esto es muy importante dado que en la educación toma tiempo que haya resultados y uno tiene que tener paciencia y pocos líderes o presidentes tienen tanta paciencia porque la política es así, llena de exigencias de corto plazo.

D — ¿Qué innovaciones resalta del caso colombiano?

Mencioné evaluaciones, algo en lo que Colombia es un líder en la región, y resaltaría también sus estándares de aprendizaje. Las evaluaciones son difíciles de interpretar y usar si uno no ha establecido estándares, si uno no ha hecho cosas como que el segundo año de primaria debe cumplir determinada meta en lectura, otra en matemáticas y otra en ciencias. Si no ha establecido esos estándares es imposible interpretar la prueba. Colombia ha sido pionero en establecer estándares y esto debe ir junto con las evaluaciones. La mayoría de los países de América Latina establecieron evaluaciones sin tener estándares y al hacerlas se preguntaban, pero bueno, esto qué significado tiene. Eso pasaba porque no tenían los estándares para comparar y han tenido que desarrollarlos posteriormente.

D — ¿Cómo ve a la región latinoamericana respecto del resto del mundo?

Entre mal y mediocre. En cuanto a cobertura y gasto, América Latina está relativamente bien en comparación con otras partes del mundo en desarrollo; va bien en cuanto a inversión promedio y bien en cuanto a cobertura, aunque hay un problema serio a nivel de secundaria. Pero en cuanto a aprendizaje -la calidad-, América Latina siempre se califica entre los peores. No logran los niveles de lectura, de matemáticas y de ciencia que deberían.

D — ¿Qué implicaciones tiene esto?

Eso es un problema serio porque, por un lado, los mismos alumnos no tienen posibilidad de avanzar y de competir en el mercado de trabajo pues no cuentan con las capacidades mínimas adecuadas en lectura, matemáticas y ciencias, pero es también un problema para el país, es un problema nacional. Hay investigaciones recientes que demuestran una estrecha relación entre educación y crecimiento económico, pero no se mide por la cantidad sino por la calidad; es decir, matrícula o cobertura no son suficientes para promover el crecimiento económico, hay que tener altos niveles de aprendizaje. En América Latina hay muchos países que tienen altos niveles de cobertura pero tienen bajos niveles de aprendizaje, y el impacto de la educación sobre el crecimiento económico es bajo.

D — ¿Cuáles son los retos de América Latina y de Colombia para mejorar en esas pruebas y estándares internacionales?

Hay que cambiar fundamentalmente la gestión de los sistemas educativos. Eso quiere decir, no solamente establecer estándares de aprendizaje y evaluarlos bien, sino también manejar y gestionar de otra manera el sistema. Especialmente, en lo referente a los maestros, hay que atraer maestros más talentosos, más inquietos, hay que formarlos y apoyarlos más y mejor. Hay que manejarlos de otra manera, hay que evaluar a los maestros regularmente, sobre su desempeño en el aula de clase, no solamente sobre sus conocimientos sino igualmente sobre cómo se comportan en la clase, si logran una enseñanza efectiva o no. Y tiene que haber consecuencias en cuanto a las evaluaciones, los que se desempeñan bien deben recibir mayor sueldo, los que se desempeñan mal deben recibir apoyo para mejorar su desempeño y los que no pueden mejorar su desempeño deben dejar el servicio, no deben ser maestros. Y esto prácticamente no existe en América Latina, es tabú, es políticamente incorrecto hablar de ello.

Pero si uno quiere mejorar la calidad de la educación y servir bien a los niños y especialmente a los niños pobres, eso es lo que hay que hacer. Hay que recordar que la educación no está al servicio de los que la proveen, está al servicio de quienes la reciben, los niños, ahí tienen que apuntar el bienestar y el aprendizaje.

Y en algunos países hay que invertir más recursos. Eso varía mucho porque hay una amplia gama de inversiones en América Latina. Más dinero no garantiza mejor educación, puede que sí como puede que no, depende de la gestión, de cómo se use el dinero, algo que los empresarios saben muy bien.

Algunos países invierten apenas US$200 anualmente por alumno, y es difícil imaginar que ese nivel vaya a lograr una educación de calidad. Colombia está entre el doble y el triple de eso. Además, hay que enfatizar la primaria y la secundaria en cuanto a inversiones públicas y no tanto la educación superior. No debe haber universidad gratuita para todos porque la educación universitaria es muy rentable y los que tienen dinero deben usarlo para sus hijos y debe ser gratuita únicamente para los pobres.

D — ¿Cómo ve el papel de la tecnología en la educación? ¿Debería impulsarse más en América Latina?

Yo soy entre agnóstico y escéptico. Yo creo que a nivel de la universidad y quizás de la secundaria, hay posibilidades muy interesantes, no me convence la primaria, quisiera que fuera así, pero casi no hay investigaciones a este respecto. Estoy de acuerdo en que todos los niños deben aprender a manejar la computadora y el internet, pero utilizar esto para que aprendan mejor las matemáticas y lectura es otra cosa. No hay investigaciones que sugieran que eso funciona. Además, es costoso; si un país invierte US$400 por alumno en primaria y hay que agregar US$100 para darle una computadora, o aún US$50, hay que estar seguro de que el impacto en el aprendizaje sea muy alto. Pero no hay ninguna razón para estar seguros de eso, hay que mirarlo con detenimiento.

D — Pero al no hacerlo los estaría excluyendo del acceso a la información...

Hay otras maneras de hacerlo. Yo creo que se podría dar a los niños de primaria y de secundaria vales que podrían usar en cafés internet, y meterse e ir aprendiendo, porque ellos aprenden solos y pueden aprender a usar las computadoras e internet y yo creo que eso cuesta mucho menos y es mucho más eficiente.

D — En un país pobre, ¿usted preferiría apoyar programas de nutrición, por ejemplo, en lugar de programas de tecnología?

En educación preescolar sí, esa debe ser la prioridad. Los pobres, al llegar a los 4 o 5 años ya tienen un déficit muy grande, hay que atender eso en los primeros años de vida. Hay que intervenir ahí, es muy importante y hay mucha investigación que demuestra que eso tiene un impacto y es mucho más eficiente invertir a ese nivel que tener que remediar deficiencias, esto cuesta mucho más. Es una mejor inversión intervenir en los primeros años, Colombia es líder en investigación sobre ese tema y también en prevención.

D — ¿Qué otras prioridades destacaría usted en un país con recursos escasos?

Yo creo que en el largo plazo hay que potenciar la demanda para educación, la demanda es muy débil porque los padres de familia pobres no tienen información sobre su escuela, no tienen tradición de tomar decisiones, de tomar iniciativas, y no hay instrumentos que influyan en eso. Entonces están ahí, callados, y hay que darles poder a los padres. Hay varias maneras de pensarlo, pero yo creo que lo más importante es llegar a un sistema en el cual los padres de familia pobres puedan elegir la escuela que sus hijos van a atender. Un padre debería poder cambiar a sus hijos de escuela. Los colegios en concesión son un buen camino para esto, hay que experimentar con eso, ver cómo perfeccionarlo y ampliarlo, ese es un buen ejemplo.

D — ¿Ha funcionado este modelo en países como Estados Unidos?

En Estados Unidos ha sido muy debatido porque a los sindicatos de maestros no les gusta para nada y libran una batalla a muerte, pero a los padres de familia les encanta. La demanda de los padres pobres por este tipo de educación es increíble, muchos quieren sacar a sus hijos de donde están y mandarlos a una escuela de estas.

D — ¿Por qué son tan fuertes los sindicatos de maestros, cómo es la economía política detrás de estos grupos?

Son fuertes, en parte, porque son nacionales y pueden, con una huelga, cerrar la capital, cerrar el país, son sumamente poderosos, se constituyen en monopolios nacionales y eso les da fuerza. Y también son importantes por la ausencia de otro poder, porque los padres de familia no tienen poder. Hay dos poderes grandes en la educación, los Ministerios y los sindicatos, falta la demanda, faltan los padres de familia. Cualquier análisis económico nota que ese es un problema muy serio, uno tiene que cambiar la dinámica del poder para que haya más equilibrio. Va a ser muy difícil mejorar la educación mientras haya tanto poder concentrado. Es una realidad, sé que es muy controvertido decirlo, es políticamente incorrecto, pero es una realidad que pronto habrá que cambiar.

D — ¿Cómo se empodera a los padres?

Permitiéndoles que tomen decisiones. Uno puede imaginar otras formas, pero esta es realmente la más eficaz. Mirando otros países, como Suecia por ejemplo, que permite que los padres tomen más decisiones, u Holanda o Bélgica, países europeos que tienen fama de ser equitativos cuentan con sistemas en los que los padres pueden elegir los colegios de sus hijos y ha funcionado bien.

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