| 7/4/2008 12:00:00 AM

Hambruna, alimentos baratos y evidencia científica

¿Son los transgénicos la solución a los problemas de hambre que vive el mundo?

Los altos precios de los alimentos por cuenta de la mayor demanda de los países emergentes, los precios del petróleo y el uso de aquellos para la producción de biocombustibles es un problema global, pero que afecta en mayor grado a los países en desarrollo y, dentro de estos, a la población de menores recursos.
 
El uso de semillas modificadas, mediante las cuales se producen los alimentos transgénicos, podría ser una respuesta rápida al problema. Sin embargo, su utilización no es bienvenida por todos, principalmente por temor al daño que puedan generarle no solo al medio ambiente, sino también a la salud humana.
 
Para hablar sobre el tema, Dinero invitó a dos expertos, al ex ministro de Medio Ambiente, Juan Mayr y a Felipe Osorio, actual presidente de la Alianza Team y anteriormente encargado, por parte de Monsanto, de la difusión de semillas modificadas entre la población más pobre en India.

-D. La escasez y el alto costo de los alimentos en el mundo se está convirtiendo en un serio problema que incluso, a juicio de los expertos, podría derivar en serios conflictos entre países. ¿Cree usted que los transgénicos son una solución?

F.O. Sí. Se están liberando tecnologías para mejorar la calidad y disponibilidad de alimentos de manera eficiente en el corto plazo. Hay que trabajar en los granos y las oleaginosas que son esenciales. Las tecnologías actualmente disponibles han demostrado que aumentan la productividad, disminuyen costos de producción y, sobre todo, reducen de manera sensible el uso de plaguicidas, además de que permiten un uso más eficiente de la energía. El crecimiento de las plantas requiere energía.

Un buen ejemplo es el del algodón. En India, la mayor parte de las siembras de este producto, alrededor de 15 millones de hectáreas, se hacen con semillas transgénicas. El resultado ha sido impresionante. Gracias a los aumentos en productividad y disminución del uso de pesticidas, los agricultores han podido generar una renta adicional de US$4.000 millones, afectando el ingreso de 70 millones de familias. Este es el poder de la tecnología.

J.M. El tema de los transgénicos hay que mirarlo con precaución. Hay beneficios, pero también hay impactos que aún no se conocen. Algo que hay que tener en cuenta es la precaución. Si no hay la certeza científica, las semillas modificadas no deberían liberarse. Además, el planeta tiene límites. En los setenta, el Club de Roma señalaba en Los límites al Crecimiento que el planeta no es infinito y que el aumento exponencial de la población tendría un impacto que sería necesario mirar.

Pero, como la población siguió creciendo, ahora se dice que la solución está en la ciencia y la tecnología, con lo cual el mundo natural se transforma en uno artificial en el que se pierden ecosistemas que duraron siglos en crearse.

Estoy de acuerdo en que la biotecnología es clave, en que gracias a ella habrá mejores drogas, más avances en la medicina, pero nunca se pueden dejar de mirar los impactos; ya que, cuando se libera un organismo modificado al ambiente, este no se puede recoger.

Adicionalmente, la utilización de transgénicos es muy diferente en Estados Unidos y Canadá que en un país tropical. Allá, los bosques tienen como máximo tres especies, mientras que en un país tropical, como Colombia, la diversidad es compleja. Además, los controles que estos países imponen para su uso sí funcionan. En el trópico los impactos son difíciles de medir y no hay evidencia científica.

D. ¿Cuál es su posición frente a las afirmaciones de Juan Mayr respecto a los impactos posibles de los transgénicos?

F.O. Yo creo que hay mucha desinformación y que además hay que saber mirar el riesgo y la precaución. En cualquier ciencia siempre hay un riesgo. Por ejemplo, los medicamentos tienen riesgos, pero los beneficios son superiores a los riesgos. En Colombia se introdujo el café, que no era originario y hoy es parte de nuestro ambiente.

Lo grave es que el riesgo ha sido utilizado por los ambientalistas radicales para que ni siquiera se hagan las pruebas. Es cierto que hay que mantener los bancos genéticos, pero lo que la tecnología hace es coger la evolución natural, entenderla y mejorarla.

Hay una población que ya existe y a la que hay que darle la oportunidad de comer más de 1.200 calorías al día.

D. Y usted, doctor Mayr ¿qué responde a las afirmaciones de Osorio?

No es un tema de ambientalistas furibundos. De ser así, ¿cómo se puede entender que la Comunidad Europea solo permita la siembra de transgénicos en muy pocas partes?

F.O. Europa es el mayor consumidor de soya transgénica.

J.M. El debate en Europa es interesante y las restricciones estuvieron presentes hasta que se tuvo la certeza científica de los impactos. En Colombia y países similares, el lobby se hace directamente con las autoridades, sin que estas exijan evidencias sobre los impactos, lo cual es un error porque las multinacionales no asumen ninguna consecuencia. Sería interesante que lo hicieran y el hecho de que no lo hagan genera una gran desconfianza. Simplemente, le trasladan el problema a los países y en este sentido es preciso hablar de responsabilidad.

-D. ¿Cuál es su opinión frente a las mutinacionales que desarrollan la tecnología?

F.O. Estoy de acuerdo en que el desarrollo tecnológico por parte de las empresas se debe hacer de manera responsable. Pero, quisiera saber ¿cuáles son los países tropicales a los que se refiere Juan Mayr que no hacen ningún tipo de exigencias?

J.M. India, Brasil o, por ejemplo, Sudáfrica.

F.O. Brasil optó por un sistema con representantes de todos los sectores en el cual el Protocolo incluye la responsabilidad de quién desarrolló la tecnología y la quiere comercializar y, además, un estudio de impacto ambiental.

J.M. Sí, pero Green Peace lo demandó porque no cumplía el principio de precaución, es decir: que el riesgo fuera cero. Además, Brasil liberó la soya transgénica, pero de manera forzada, porque todo el territorio estaba invadido de semillas que se habían traído de Bolivia. Fue inducido a generar legislación por un hecho creado.

F.O. No, en Brasil lo que Lula tuvo que hacer fue emitir un decreto para la soya que se exporta a China. Este país no permite la entrada de soya transgénica.

J.M. Los transgénicos se generaron para alimentación animal, y en un principio el FDA en Estados Unidos exigía que en las etiquetas de los alimentos se especificara si eran producto de semillas modificadas.

F.O. La producción de insulina fue la primera liberación en 1996, luego siguió el algodón.

-D. Pero, además de los argumentos científicos, ¿qué más hay detrás de este debate de los transgénicos?

J.M. Bueno, además, detrás de todo esto están los intereses comerciales. La industria de Estados Unidos se basa en el desarrollo de sustancias químicas, mientras que la de Europa está trabajando esencialmente en diversificación biológica. Lo único que no se puede permitir es dejar la seguridad alimentaria en manos de las multinacionales.

D. Para terminar, ¿qué conclusiones podríamos sacar de este debate?

F.O. Yo insisto en el beneficio de la tecnología, especialmente para las comunidades más pobres, como en el caso de India que ya comenté. En África hay un problema grave de seguridad alimentaria, desnutrición y hambre. Sin embargo, no hay cultivos económicamente viables para las poblaciones. Se está trabajando en un cereal que es resistente a las sequías y a las lluvias y que además tiene vitamina A y caroteno, ya que en África hay miles de niños ciegos. No obstante, África depende económicamente de Europa y esta no le compra productos transgénicos. El único país que los cultiva es Sudáfrica.

Europa toma esta decisión porque más del 40% del presupuesto va a subsidios agrícolas que se pagan a resultados en productividad. Adicionalmente, en los últimos años han surgido partidos verdes que definen gobiernos. Es el caso de Francia, Alemania y España.

J.M. Las empresas deben asumir sus responsabilidades porque, de no hacerlo, generan gran desconfianza.

F.O. Todo tiene riesgo, no se puede esperar infinitamente a tener cero riesgo, se debe definir con qué nivel de riesgos es posible vivir.

J.M. Aquí no hablamos solo de medio ambiente sino que se está tratando con la salud humana.
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