| 10/29/2010 12:00:00 AM

Francis Fukuyama. Profesor U. Johns Hopkins

“La confianza es el lubricante de cualquier sistema económico. Si las personas confían y se respetan entre sí, el país podrá trabajar de manera más eficiente y competitiva”.

El experto en economía política internacional, ex funcionario del Departamento de Estado de Estados Unidos y autor del controvertido libro El fin de la historia y el último hombre, Francis Fukuyama, hizo parte del grupo de académicos que trajo al país en días pasados la Escuela de Empresa de la Universidad Sergio Arboleda –en alianza con Bancolombia y la Agencia Nacional de Hidrocarburos–, para reflexionar sobre los desafíos de Colombia de cara a la integración global. El hoy profesor de la Universidad Johns Hopkins y fuerte crítico de la política exterior estadounidense a raíz de la invasión a Iraq, habló con Dinero sobre la política internacional latinoamericana y su sistema democrático. Afirmó ser un gran admirador de Colombia y de sus logros a este respecto. Sobre la situación de inequidad que se vive en gran parte de la región latinoamericana, Fukuyama dijo que la solución está en equilibrar el crecimiento económico y el gasto en política social. La clave, dice, está en impuestos y gastos progresivos.

D — ¿Cómo ve la evolución de la política exterior latinoamericana en cuanto a su menor dependencia de Estados Unidos?

Estados Unidos se ha vuelto cada vez menos importante para América Latina al dejar de ser su única fuente de influencia. Esto se debe, en buena medida, al surgimiento de China y su gran demanda de commodities latinoamericanos. Sin duda, lo que está sucediendo es muy sano porque creer que Washington es la solución para todos los problemas de América Latina es un grave error. Sin embargo, organismos como la Organización de Estados Americanos (OEA) siguen siendo necesarios para la estabilidad del continente, aunque desafortunadamente no hayan alcanzado la madurez institucional deseada, y por lo cual las crisis y conflictos no se puedan resolver rápidamente, como sucedió el año pasado con Honduras. Parte de que esto no haya sucedido se atribuye a Brasil, país que debería estar jugando un papel de líder mundial pero que por sus políticas erráticas, como la decisión de acercarse a Irán, no ha podido lograrlo.

D — ¿Qué tanto riesgo representa Venezuela para la estabilidad del continente?

Hugo Chávez está en un proceso de autodestrucción debido a las políticas contraproducentes que ha implementado en su propio país. Prueba de ello son las elecciones parlamentarias que acaban de pasar en Venezuela, en las que la oposición obtuvo la mayoría del voto popular. Este es un indicador de que muchos venezolanos están reconociendo que su gobierno ha sido un fracaso. Así los periódicos tengan prohibido hablar de ello, las personas se dan cuenta de lo que hace mal la administración. Desafortunadamente, Chávez tiene petróleo, un espacio de recursos que no se va a ir de un momento a otro y por el cual todavía tiene campo de acción. Sin embargo, dado que su popularidad va en descenso, estoy mucho menos preocupado hoy que hace unos años.

D — ¿Cómo ve la relación actual de Estados Unidos y Colombia?

Esta relación es complicada y depende de cada gobierno. La estrecha relación entre los dos países comenzó con la administración Clinton, al diseñarse el Plan Colombia, por lo cual obviamente la comunicación se focalizó en las drogas. Estados Unidos siempre ha admitido públicamente su apoyo a los aliados para intereses mutuos. Pero, con el paso del tiempo, la relación evolucionó a una más general en la que se brindó apoyo para mejorar la situación de seguridad en Colombia. Fruto de ello se dio porque el presidente Bush y el presidente Uribe tenían una relación personal muy fuerte. Tendremos que ver si algo así se desarrolla entre Obama y Santos. Pero hoy en día la relación entre los dos países se ha debilitado. Los demócratas no tienen la misma lealtad a los aliados que tienen los republicanos. La administración Obama está tratando de hablar con los iraníes, los sirios, los norcoreanos, etc., y, como resultado, la relación con Colombia inevitablemente se ha enfriado.

D — ¿Qué país en el mundo se caracteriza por tener buenas prácticas en política exterior?

El criterio de éxito es diferente para cada país. Países como Suiza hacen muy bien en no molestar a nadie. Pero también hay países como Australia, que con una población de tan solo 20 millones tiene una influencia tremenda alrededor del mundo: envía a sus soldados a Afganistán, tiene un gran liderazgo en la región Asia-Pacífico, es gran exportador, tiene fuertes relaciones con China y Estados Unidos. Estos son algunos ejemplos que han tenido éxito, pero definitivamente no creo que haya un solo modelo, un solo ejemplo de éxito en el mundo.

D — ¿Qué recomendación le daría a Colombia en este sentido?

Una conexión cercana con Estados Unidos es importante para Colombia, eso debería continuar. El presidente Santos ha hecho bien en seguir con esa labor, al tiempo que se ha preocupado por arreglar las relaciones con Venezuela y Ecuador y acercarse a otros países del continente. Pienso que esa es la mejor manera en la que Colombia puede maximizar su influencia.

D — ¿Es la democracia liberal la clave del éxito?

En América Latina no hay realmente otra opción. Si se mira el récord de dictaduras militares en América Latina, el resultado ha sido terrible en todos los aspectos. Si se mira el caso de Venezuela, Chávez básicamente ha sido un líder autoritario, lo cual ha terminado en un completo desastre para la economía de ese país. Si bien a los gobiernos democráticos no siempre les vas tan bien, al menos estos sirven para deshacerse de ese tipo de líderes. El reto más grande ahora es China, porque con un modelo autoritario ha demostrado ser muy exitoso para la modernización económica. Sin embargo, creo que no hay nadie en América Latina interesado en seguir el modelo chino, pues es sumamente difícil de replicar si no se es un país asiático. Además, las tradiciones democráticas en América Latina son demasiado profundas y no creo que el pueblo lo permita.

D — ¿Hay alguna señal de que cambie el modelo chino?

Con seguridad a través del tiempo lo hará porque no es sostenible. En China se toman decisiones muy rápido porque no les importa cuidar a sus propios ciudadanos. Por ejemplo, si se tiene planeado un proyecto de infraestructura gigante, simplemente se toma la tierra de personas pobres y desprotegidas y se le da a los desarrolladores. Esto, en últimas, trae desigualdad e inestabilidad social, por más de que el país esté creciendo económicamente.

D — ¿Cómo hacer para crecer y al mismo tiempo atacar la desigualdad?

El crecimiento debe estar equilibrado con programas gubernamentales que traten de proveer un cierto grado de protección social. Este es el caso de Brasil, por ejemplo, con su programa Bolsa Familia.

Si bien existen en Latinoamérica ejemplos de este estilo, la región tiene serios problemas para combatir la desigualdad porque no cobra muchos impuestos. Además, los que tiene tienden a ser regresivos. Es así como se recoge muy poco en impuesto individual, al estar la mayoría del recaudo concentrado en el consumo (IVA). Por su parte, el carácter del gasto público tampoco es muy progresivo. Muchos de los beneficios en términos de protecciones sociales son otorgados a personas del sector formal. Sin embargo, entre el 60% y el 70% de la población en América Latina no se encuentra en dicho sector, por lo que no tiene acceso a esta clase de protecciones sociales.

Según estudios del BID y el Banco Mundial, la desigualdad en América Latina antes de impuestos y gastos no es tan diferente a la del promedio de los países de la OECD. Pero después de impuestos y gastos, el nivel de desigualdad cae sustancialmente en Europa y Estados Unidos mientras en América Latina se queda igual e incluso se incrementa. Esto indica que la fuente de la desigualdad recae en la política pública.

D — En una palabra, ¿cuál es la clave del desarrollo?

Confianza. Es el lubricante de cualquier sistema económico. En un negocio, una venta o una inversión, solo si se sabe que se puede confiar en su socio, usted no tiene que acudir al sistema legal para estar seguro de que va a recibir su dinero. Las transacciones se vuelven más efectivas. Si las personas confían y se respetan entre sí, el país podrá trabajar de manera más eficiente y competitiva.

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