| 2/19/2010 12:00:00 PM

Cambiar mentalidad paternalista es labor de largo plazo: Rodrigo Botero Montoya

La creación de empleo es el principal desafío de política económica. Rodrigo Botero diseñó junto con el ex ministro argentino Domingo Cavallo una propuesta para generar empleo. Entrevista.

“La creación de empleo formal es el principal desafío de política económica en Colombia. El año 2010 se inicia con una tasa de desempleo de dos dígitos y altas tasas de subempleo e informalidad, las cuales afectan en forma desproporcionada a los jóvenes y a la población con bajos niveles de educación”. Esta es la frase de inicio del documento Incentivos al empleo formal: una propuesta, elaborado de manera conjunta por Rodrigo Botero y Domingo Cavallo, ex ministros de Hacienda de Colombia y Argentina, respectivamente, y el cual ha suscitado gran interés y debate entre académicos y elaboradores de política pública en el país. Dinero habló con Rodrigo Botero sobre la propuesta y los obstáculos que habrá que sortear para que se produzcan los resultados que en ella se estiman. [Vea el documento completo en Dinero.com].

D — ¿Cómo describiría usted el mensaje principal; es decir, la idea-fuerza que trata de transmitir la propuesta?

Los elevados niveles de desempleo, subempleo e informalidad que afligen al mercado laboral colombiano representan un problema social de gran magnitud. Corregir esa situación constituye un imperativo moral. Un esfuerzo decidido para promover la generación masiva de empleo debería convertirse en un propósito nacional. El objetivo es llevar a la economía colombiana hacia una trayectoria de reducción de pobreza y bienestar social creciente por medio del pleno empleo.

Proponemos convertir la generación masiva de empleo formal en el objetivo central de la política económica, más bien que en el sub-producto de otro objetivo. Ello implica reorientar los incentivos al sector empresarial de tal manera que los beneficios se destinen en forma más que proporcional a la creación de empleo formal.

D — ¿Cómo respondería usted a algunas de las observaciones críticas que se le han formulado a la propuesta?

La propuesta ha tenido una acogida favorable, aun por parte de quienes han expresado discrepancias con determinados elementos de la misma. Varias de esas observaciones son válidas. Su aceptación contribuiría a mejorar la propuesta. Por ejemplo, José Antonio Ocampo encuentra que la propuesta refleja cierta timidez en lo concerniente a los beneficios sugeridos para las empresas que se instalen en zonas francas. Tiene razón. Acogimos a la sugerencia de un colega en el sentido de moderar el entusiasmo con respecto a los beneficios mencionados. Una versión anterior de la propuesta recomendaba estructurar esos beneficios de tal manera que el costo marginal de crear un nuevo empleo para empresas localizadas en zonas francas fuera cercano a cero. A su vez, esto impulsaría a las empresas a establecerse en zonas francas ubicadas en regiones con alto nivel de desempleo. Se tendería de esta forma a alinear los incentivos a los inversionistas con las aspiraciones de los desempleados. En retrospectiva, hubiera sido preferible insistir en la audacia de la versión original. Esto es algo que puede corregirse en el proceso de implementación de la propuesta.

A su turno, Hugo López observa que, para determinadas inversiones altamente intensivas en el uso de mano de obra, podría considerarse dar incentivos a la adquisición de maquinaria, además de los incentivos a la creación de nuevos empleos. Esa es una fórmula imaginativa de incentivos combinados al capital y al trabajo que bien merece ser evaluada.

Se ha señalado que proponer incentivos fiscales a la generación de nuevos empleos constituye una distorsión económica. En sentido estricto, eso es correcto. Acepto esa crítica. De lo que se trata es de inducir un cambio deliberado en los precios relativos de los factores de producción que están sesgados por políticas públicas que reducen el costo del capital, al tiempo que encarecen el costo de generar empleo formal. Los agentes económicos responden a los incentivos establecidos por el régimen normativo vigente. Como afirma Douglass North: "si las instituciones premian la productividad, se invierte en productividad; si premian la piratería, se invierte en piratería". La estructura actual de incentivos estimula la sustitución de mano de obra por maquinaria y equipos. Favorece los procesos productivos intensivos en uso de capital. En las condiciones de desempleo y de informalidad existentes, esa estructura de incentivos es inconveniente. La propuesta recomienda darle un vuelco a las prioridades actuales, creando incentivos tendientes a reducir los costos de generar nuevos empleos durante un periodo de cinco años. Si ese cambio transitorio se traduce en una fuerte reducción del desempleo y de la informalidad, mientras se adoptan las reformas laborales y tributarias requeridas, bien vale aceptar el costo de que la propuesta sea considerada poco ortodoxa.

El hecho de no recomendar la eliminación de los parafiscales también ha sido criticado. Esa omisión fue deliberada, por considerar que la propuesta tendría mayor viabilidad si deja de lado la controversia que suscitaría tratar de reducir los parafiscales. Durante un encuentro reciente con dirigentes empresariales en Medellín, mi buen amigo Domingo Cavallo, ex-ministro de Economía de Argentina, se refirió al problema del desempleo y la informalidad en el país. Recomendó mantener las contribuciones a las entidades que se benefician de los recargos a la nómina, financiando esas transferencias con los recursos que ahora se destinan a promover la inversión. Habida cuenta de la acogida que tuvo esa sugerencia, surgió la idea de formalizar la recomendación y estimar su eventual incidencia fiscal. Lo que hace atractiva la propuesta es que le abre un camino a la reforma de la estructura laboral, precisamente porque no insiste en el objetivo inalcanzable de eliminar los parafiscales de inmediato. El mérito de ese novedoso enfoque le corresponde a Domingo Cavallo, miembro honorario de la tecnocracia colombiana.

D — En gran medida la alta tasa de desempleo es consecuencia de la política laboral. ¿Cómo hacerles entender al Congreso y al Gobierno que las políticas paternalistas y populistas van en contra de quienes se pretende beneficiar?

Cambiar la mentalidad paternalista es una labor de largo plazo que requiere el aporte de la academia, los centros de investigación, la sociedad civil y las publicaciones especializadas, tales como la Revista Dinero. Buena parte de las distorsiones actuales son consecuencias imprevistas de decisiones de políticas motivadas por intenciones loables. El conjunto de soluciones ad-hoc a problemas diversos conduce a un resultado incoherente. El populismo trata de resolver problemas sociales con fórmulas asistencialistas de corto plazo que terminan por perpetuar la pobreza. Esa situación debe modificarse con ideas constructivas y buenas políticas.

D — Se habla en la propuesta de una distorsión en los precios relativos de la mano de obra y el capital por cuenta de los incentivos fiscales. Pero la renovación del aparato industrial era necesaria y las ganancias en productividad por cuenta de la misma difícilmente se podrían haber logrado con mano de obra. ¿Cuál es la combinación ideal de estos factores para la economía colombiana?

La modernización del aparato productivo y el equipamiento tecnológico que ha tenido lugar se traducen en ganancias de productividad, un cambio positivo. Lo que es discutible es atribuirles ese resultado exclusivamente a los incentivos fiscales. La decisión de invertir depende de distintos factores, no solo del tamaño de los subsidios tributarios. Por lo demás, algunos de los incentivos vigentes son costosos, antitécnicos, discrecionales e inequitativos. Ese es el caso de las zonas francas uni-empresariales, esquema que debe abolirse. Si se considera que el nivel impositivo de las empresas es excesivo, la reducción debería hacerse de manera transversal, transparente e impersonal, a un costo fiscal razonable. La combinación óptima de factores de producción es un concepto dinámico que evoluciona con el proceso de desarrollo económico. La combinación resultante del sistema actual de incentivos es inconveniente porque no favorece la generación de empleo formal.

D — Uno de los temas ausentes en la propuesta de ustedes es el de la educación. ¿Cree usted que un incremento en los años de escolaridad reduciría la tasa de desempleo?

Elevar el nivel educativo de la población es parte esencial de la modernización económica y social. Aumentar la calidad del capital humano del país es un objetivo prioritario de largo plazo. Lo que proponemos es un plan de emergencia, a cinco años, para aliviar el desempleo y la informalidad, lo cual es compatible con la implementación de reformas estructurales de largo plazo.

D — ¿Por qué cree usted que los trabajadores en Colombia no visualizan los aportes a la seguridad social como un salario en especie o diferido? ¿Podría mencionar experiencias exitosas en las que se haya superado este obstáculo?

Lo que buena parte de los trabajadores percibe es que de su remuneración se deducen unas sumas, así algunas de esas sumas constituyan un ahorro forzoso. En efecto, parte del problema de la informalidad consiste en que hay quienes prefieren evitar las deducciones mencionadas, aun a expensas de su bienestar futuro. Como ejemplo de políticas laborales exitosas podrían citarse las experiencias de Singapur, Dinamarca y Noruega.

D — ¿La propuesta podría generar incentivos para que algunas empresas incrementen salarios sin aumentar el número de empleados?

El incentivo fiscal propuesto opera en el margen, no sobre el stock. Está diseñado para estimular la contratación de trabajadores adicionales. El beneficio solo se recibe en función de los trabajadores nuevos, no del total de los trabajadores existentes. Las empresas que registren aumentos salariales sin incrementar el número de trabajadores empleados no se beneficiarían con los incentivos propuestos.

D — ¿Cuándo considera usted que podría duplicarse la masa salarial que estiman en el documento gracias a los incentivos establecidos?

No hay manera de determinar con precisión el tiempo que tomaría reducir el desempleo y eliminar la informalidad. Sobre ese proceso inciden factores impredecibles, tales como la reactivación de la economía mundial. Nuestra apuesta es a que un aumento en la generación de empleo formal, gracias a los incentivos propuestos, estimularía la demanda agregada, la inversión y el crecimiento.

D — Los parafiscales son en la práctica un sobrecosto para las empresas, que les resta competitividad, en especial a las empresas del sector transable. ¿Qué se podría hacer en este frente?

La eventual eliminación de los parafiscales requeriría un amplio consenso político que, en la actualidad, no existe. Así lo demuestra el inmediato rechazo gubernamental que recibió la recomendación de la Comisión de Gasto Público en ese sentido. Partiendo de esa realidad, la propuesta sugiere una fórmula para reducir el costo de generar empleo formal que podría resultar aceptable para las distintas partes interesadas.

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