| 4/16/2004 12:00:00 AM

Una quijotada llamada capital de riesgo

El capital para empresas nacientes es casi inexistente en Colombia. Hace falta una cultura de capital de riesgo.

En Colombia, la discusión sobre capital de riesgo es vieja. Además, siempre hay propuestas sobre el tapete para favorecer la aparición de inversionistas dispuestos a comprar acciones en empresas nacientes o en etapa de crecimiento. La Superintendencia de Valores prepara un proyecto de ley para incentivar la creación de fondos privados de capital de riesgo. Instituciones como el Sena también tienen iniciativas. Sin embargo, es más lo que se ha hablado que lo que se ha hecho. Esto no quiere decir que en el país no haya capital de riesgo. En el sector privado, este pequeño mundo existe, aunque es incipiente y tiene una historia corta. Hace falta una cultura de capital de riesgo y este es el mayor obstáculo para su desarrollo.

El capital de riesgo puede participar en varios eslabones de una cadena. En los primeros eslabones -en conceptos en prueba, prototipos e iniciativas con alguna incursión en el mercado-, los emprendedores buscan financiación entre amigos y familiares, e inversionistas conocidos como 'ángeles'. Mientras menos desarrollado esté el proyecto, mayor es el riesgo. En la medida en que madure, necesitará otros inversionistas como los grupos de ángeles y los fondos de capital de riesgo. A su vez, fondos más grandes les compran proyectos a los más pequeños.

En el país, difícilmente se encuentra financiación para la cadena. Uno de los problemas más importantes con el capital de riesgo en Colombia es que no hay experiencia. Inversionistas y emprendedores todavía no tienen bien establecidas y estandarizadas sus funciones. Por ende, cada vez que se tiende un puente entre el emprendedor y el capital, se inicia un lento proceso de análisis mutuo, lleno de vericuetos. Es un proceso "sui generis, que requiere creatividad y mucha paciencia", dice Camilo Martínez, gerente de proyectos de Ciudad Creativa. En los países con una cultura de capital de riesgo, los inversionistas y los emprendedores conocen sus funciones. El resultado es un mercado fluido en el cual capitales y proyectos se encuentran. Fuera del riesgo inherente a los negocios nacientes o en expansión, el proceso no tiene misterio.

El capital no entiende

El problema no es de falta de capital. Según Jorge Montoya, de la Incubadora de Empresas de Base Tecnológica de Antioquia, IEBTA, en Colombia los capitales disponibles para las primeras etapas de la cadena son hasta tres veces superiores a los que se manejan en etapas posteriores, lo mismo que ocurre en Estados Unidos. Más aún, la reciente escasez de alternativas de inversión ha movido más individuos a interesarse por inversiones de este tipo.

Tradicionalmente, el capital de riesgo se consigue buscando recursos entre una amplia red de contactos. Esta red la suelen conformar ejecutivos de alto nivel que han acumulado un patrimonio importante y tienen poca aversión al riesgo. Algunos de ellos están próximos a jubilarse y quisieran algo en qué ocuparse en el futuro.

Encontrar inversionistas con ganas es un primer paso, pero hay más obstáculos. El mayor de ellos es que el inversionista no entiende qué es invertir a riesgo. "Suelen disfrazar los préstamos como inversiones", dice Juan Carlos Botero, director de la incubadora Incubar Colombia, "y quieren prestar sobre seguro". El inversionista exige más resultados tangibles de los que un proyecto en sus etapas iniciales puede mostrar. Esto lleva a que el horizonte de tiempo del inversionista sea demasiado corto. El inversionista debería entender que una inversión de riesgo requiere su tiempo, su capital financiero, sus conocimientos y sus contactos.

Más aún, "para el inversionista esto es apenas un pasatiempo", dice Gregorio Restrepo, gerente de la promotora de proyectos Sun Rising Investments, SRI. Si bien los inversionistas tienen experiencia en la gerencia de negocios, no la tienen en impulsarlos desde sus fases iniciales. Esto se refleja en la falta de capacidad para ver más allá de lo que hay sobre papel. "El 70% de las veces el inversionista no ve el verdadero potencial de un proyecto", agrega Restrepo, "y si lo viera, no se tomaría el tiempo para desarrollarlo". Lo ideal, dice Restrepo, es formar una comunidad de inversionistas que vayan construyendo experiencia en emprendimiento.

Así, no parece misterio que la consecución de capital de riesgo en Colombia sea un proceso informal que opera más por suerte que otra cosa. Sin embargo, hay quienes tratan de cambiar el esquema. En noviembre de 2003, la IEBTA lanzó una de las iniciativas más interesantes, y quizás única, para organizar la oferta y demanda de capital de riesgo en Colombia. El objetivo de CapitaliaColombia es ser un punto de encuentro entre inversionistas y proyectos en busca de capital, dice Jorge Montoya. Hasta la fecha, CapitaliaColombia ha preseleccionado 12 proyectos y 25 inversionistas. La idea es cruzar los perfiles para que se conviertan en socios por medio de encuentros periódicos. La iniciativa es prometedora, sin embargo, como admite Montoya, "estamos aprendiendo".



Y el emprendedor tampoco

Pero los problemas no son solo de los inversionistas, sino de los emprendedores que demandan capital de riesgo. La oferta de proyectos es amplia y no es difícil de encontrarlos. Concursos como el de Ventures, de la Revista Dinero, generan una buena cantidad de proyectos. Además, quienes se dedican a buscar capital de riesgo en Colombia suelen tener a su disposición una amplia variedad de propuestas para escoger. El problema es que muchas veces no están suficientemente bien estructuradas y, por ende, no son aptas para ser presentadas a un inversionista interesado. Esto ha obligado a las firmas que consiguen capital de riesgo a asumir la tarea adicional de elaborar y, en pocos casos, pulir una propuesta para presentarla a potenciales inversionistas. Esto es, definir bien el proyecto, valorarlo en lo posible, estudiar su potencial comercial y construir flujos de caja, entre otras cosas.

En marzo de 2003, Emprecapital tenía la ilusión de conformar un fondo de capital de riesgo con un portafolio de proyectos. Sin embargo, hasta octubre, los proyectos en estudio no estaban lo suficientemente maduros, dice Carlos Enrique Arizabaleta, director de Emprecapital. En diciembre, decidió no conformar un fondo propiamente. Su objetivo ahora es pulir unas pocas propuestas y presentarlas a inversionistas. Pero acá hay un círculo vicioso, dice Juan Carlos Botero, director de Incubar Colombia. El inversionista es reacio a invertir, cuando no ve estudios de mercado o prototipos que le den más confianza. Por su parte, el emprendedor necesita capital para estas cosas. "Los inversionistas quieren planes demasiado perfectos", dice Botero.

La falta de experiencia del emprendedor también se hace evidente cuando se sienta a la misma mesa con el inversionista. Reunirlos no es suficiente, si hablan distintos idiomas. El inversionista habla del potencial de mercado del proyecto y quiere saber de posibles rentabilidades; para el emprendedor esto es un tema secundario y prefiere hablar de los atributos de su producto. "Estas reuniones no duran más de diez minutos", dice Restrepo, de SRI. A esto se suma la inflexibilidad del emprendedor. Su enamoramiento del proyecto no le permite ver las posibilidades no pensadas que se pueden generar. Para el emprendedor, esto es importante porque las propuestas iniciales pueden cambiar radicalmente.



PROBLEMAS CULTURALES

Si bien los problemas que tiene Colombia para conformar una cultura de capital de riesgo probablemente son comunes a los países que tienen poco recorrido en este tema, factores culturales propios sí los pueden exacerbar. El principal es la falta de confianza. Los inversionistas y emprendedores creen que pueden trabajar el uno sin el otro y prefieren no conseguir socios. Al emprendedor, esto lo lleva a exigir porcentajes de participación poco realistas. Como dice Adolfo Naranjo, director de la incubadora Innovar, el emprendedor valora el proyecto como si ya tuviera el capital necesario, mientras que el inversionista lo valora sin esa inversión. "No entienden que ambos se necesitan", dice Naranjo. El inversionista también cree que puede hacerlo solo. Como dice Arizabaleta, "quien pone el capital también quiere el poder". Una vez aprende cómo funciona el proyecto, el inversionista prefiere salir del emprendedor y continuar manejándolo con otros socios.

Construir una cadena de capital de riesgo en Colombia es vital. Infortunadamente, el país todavía está en la parte más empinada de la curva de aprendizaje. Quizás la falta de articulación y el relativo aislamiento de quienes se dedican a buscar capital de riesgo son un agravante adicional. Curiosamente, quienes trabajan en este 'pequeño mundo' por lo general no se conocen. Pelear contra viento y marea por construir una cultura de capital de riesgo puede parecer una labor de quijotes. Sin embargo, con la necesidad de emprendimiento más nos vale que la gestión de capital de riesgo en Colombia deje de ser una quijotada para convertirse en una realidad concreta y rentable.
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