| 4/12/2006 12:00:00 AM

Ivdis: un diseño integral

Ivdis, una empresa de diseño industrial que estuvo al borde de la quiebra, hoy maneja más de 40 proyectos para empresas multinacionales y le apuesta a su internacionalización.

Ante las pocas posibilidades laborales, en 2001, cuatro amigos estudiantes de noveno y décimo semestre de diseño industrial de la Universidad de los Andes, decidieron montar su propia empresa. Su objetivo era el desarrollo de servicios de aplicación de marca e imagen corporativa en mobiliarios (comunicación de avisos, material publicitario) y le añadieron valor en la producción, montaje y desmontaje de manera rápida y eficiente de las estructuras.

Hoy, de los cuatro fundadores solo César Giraldo y Mauricio González continúan con Ivdis, la empresa que crearon. Esta compañía maneja más de 80 proyectos mensuales y su portafolio de clientes tiene empresas como Bavaria, Sharp, Motorola, Laboratorios Wyett y Philip Morris y avanza en su internacionalización de la mano de estas multinacionales.

"El servicio es a la medida de cada compañía y el punto ha sido entender qué quiere comunicar la marca", afirma Giraldo. La historia

Después de reunirse todos los viernes en cafeterías cercanas a la universidad, decidieron protocolizar su formación y el primer paso de esta empresa fue la creación de un taller de carpintería, que después se convirtió en oficina de diseño. Todos los domingos se reunían en el taller, "que fue el factor aglutinante del grupo", recuerda González.

La primera sede del taller fue la casa de Mauricio y al principio solo contaban con las herramientas básicas de carpintería. Sus primeros negocios fueron los prototipos de diseño que hacían para los estudiantes de la Universidad de los Andes. Sus únicas estrategias de marketing eran el voz a voz y su página web, que se han convertido en sus principales herramientas publicitarias.

La financiación de la empresa fue con capital propio de pequeños trabajos que esporádicamente hacían. Todo lo invertían y aportaban entre $200.000 a $300.000, según la capacidad de cada uno, para comprar herramientas que les permitieran montar el taller. Las cosas ya han cambiado radicalmente. Tienen muchas formas de financiarse: se fondean por medio de crédito rotativo, descuentos de facturas, tarjetas de crédito corporativas y los bancos les compran la cartera y pagan un interés, porque la mayoría de los pagos de sus clientes son 30 días después de ejecutado el proyecto, razón por la que deben autofinanciarse.

Solo se pagaron el primer sueldo después de dos años. Todo lo que producía el taller se reinvertía en maquinaria. Sus padres les ayudaban en la manutención, "nos daban techo y comida", afirma Giraldo, aunque lo único que pagaban era el almuerzo, y "hubo épocas en que ni siquiera había para el bus, así que cada día debía recorrer 48 cuadras en bicicleta para llegar al taller", agrega Giraldo.

Su primer proyecto exitoso llegó a los seis meses y fue el diseño y creación de una caja plegable para guardar whisky que se convertía en una bandeja, hecha con un material especial que protegía los muebles delicados del frío y el calor. Este fue comprado por varias multinacionales para regalos empresariales de fin de año. La producción de 180 unidades fue vendida en su totalidad.

El robo, una 'buena' experiencia Empezó a crecer el negocio, cada vez salían más proyectos y se tomaron el primer y segundo piso, la calle y hasta el parque de la casa de Mauricio, pero los vecinos no estaban muy contentos por el olor y el ruido que generaba el trabajo. Ante estos reclamos, resolvieron pasarse a una bodega en el barrio 7 de Agosto, de Bogotá. Pero después de estar 13 días allí, les robaron toda la maquinaria. "Llegó un camión en la noche y se llevó absolutamente todo", recuerda Giraldo. Eran muy ingenuos, porque nunca aseguraron sus equipos y contaban con lo último en tecnología. Se quedaron sin nada. El monto del robo fue de unos $50 millones, y debieron endeudarse para poder cumplirle el contrato a Motorola, y a Simple Green, empresa a la que debían montarle unos stands que utilizaría en la cadena HomeCenter.

A pesar de que la experiencia fue dura, el robo sirvió para darse cuenta de que estaban centrados en la parte de producción y no tanto en el diseño, que había sido el objetivo central de la empresa. Por eso, resolvieron abrir la oficina de diseño y dejar de lado el taller. "Paradójicamente, el robo fue lo mejor que nos ha pasado", sostiene Giraldo.

La producción acarrea muchas complicaciones por el manejo de personal, el incumplimiento en los pedidos y el negocio no era rentable. Además, había robos de pintura, thinner y hasta del papel higiénico. Sin embargo, la experiencia de la producción fue "formadora", dice González, ya que les dio una ventaja comparativa frente a las agencias que son buenas y creativas pero desconocen el mundo de la producción.

En la oficina han logrado gran parte de sus metas. Han tenido varios proyectos, como el montaje de los almacenes Puma, en Bogotá, Barranquilla y Bucaramanga y exportan mobiliario comercial a Panamá para la marca de jeans caleña USA. Están trabajando en punto de venta con Bavaria para la marca Brava y avanzan las negociaciones para un proyecto en este sentido con Club Colombia. Aunque tuvieron buenas épocas, este negocio es cíclico y a mediados de 2004 pensaron cerrar, porque la oficina estaba prácticamente quebrada. No salía un solo proyecto, diseñaban pero nada se concretaba.

Finalmente "se les apareció un ángel" y llegó Sharp. Esto revitalizó las finanzas del negocio. Entendieron que para tener estabilidad era necesario tener el target de las grandes empresas porque este tipo de negocio tiende a ser informal. "A las personas naturales, a veces, les hace falta seriedad. Cuando está listo el producto, opinan que tiene un valor inferior al convenido y el pago en muchos casos se embolata", aclara González.

Ahora su estrategia avanza hacia su internacionalización. Ivdis está en el programa de Expopyme con Proexport y asiste a la capacitación de negocios internacionales en la Universidad de los Andes. Eso les ha ayudado para entender cuál es su negocio y organizarse más. A futuro, la meta es continuar con los proyectos internacionales que ya empezaron con el montaje de tiendas en Venezuela y Panamá.
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