| 2/18/2005 12:00:00 AM

En el cuarto de San Alejo

Cientos de ideas de inventores colombianos no han traído ningún beneficio para el país. El problema es la poca cultura que tiene Colombia en cuanto a la protección de sus ideas.

¿Qué hay en el cuarto de San Alejo de los inventores colombianos y qué pueden significar esos inventos para el país? Desde motores y turbinas que podrían ser revolucionarios hasta nuevas plataformas de pagos o juguetes hoy utilizados en los más grandes parques de diversión de Estados Unidos. Los integrantes de la Asociación Colombiana de Inventores pueden recitar un sinnúmero de ideas colombianas que no han traído beneficio alguno para el país. ¿Qué pasó? Según el gremio, unas se han fugado porque no encontraron eco en Colombia, otras han sido robadas y otras sencillamente esperan y acumulan polvo. El gremio aduce una mezcla de falta de apoyo estatal y propio, pero reconoce que el problema es más de fondo y está en la poca cultura que tiene Colombia en cuanto a la protección de sus ideas.

La gente no sabe qué hacer con sus ideas, dice Plinio Teherán, profesor de Física de la Universidad Nacional. Peor aún, muchas ideas pueden estar tomando el camino equivocado. En Colombia no se ha entendido el proceso de inventar, dice Teherán. "El énfasis está en publicar". Pero por ahí se pierde la novedad de la idea y luego se hace imposible patentarla, porque es de dominio público.

Todo esto facilita que las ideas colombianas se fuguen del país. En más de una ocasión, la Asociación Colombiana de Inventores sufrió por esto, recuerda Hermógenes Gamboa, su presidente. Los integrantes se desanimaron, porque atendían ferias internacionales con el gran esfuerzo económico que ello implica y lo único que lograban era que les robaran sus ideas.

Las ferias no son los únicos lugares donde hay que tener cuidado. La misma empresa puede ser el lugar propicio para perder las ideas. No es raro que el operario de una empresa invente algo para mejorar una máquina. Sin embargo, la empresa no cae en cuenta de que es algo patentable y por ende no hace nada para proteger el invento. Por ejemplo, "hoy la industria gráfica colombiana importa máquinas italianas y paga regalías sobre un pequeño invento colombiano que nunca se protegió", dice el inventor Francisco Forero.

Con todo, en Colombia hay una concepción equivocada acerca de los propósitos de patentar. Se suele pensar que es un primer paso para fundar una gran industria, dice John Sánchez, inventor e integrante de la Asociación.

Por un lado, es posible que una vez tenga la patente o al menos la solicitud, una empresa sencillamente la compre. Esto lo hace no necesariamente para desarrollar la idea, sino para evitar que alguien lo haga antes que ella. No es raro que las empresas acumulen patentes de esta manera. Quizás utilicen alguna de ellas en el futuro. Por esto, Sánchez recomienda siempre patentar, "incluso si no cree que la idea funcione". Por otro lado, el éxito de una patente también está en donde no se espera. Por ejemplo, un gran proyecto puede generar múltiples desarrollos menores que, a su vez, son patentables. Sin embargo, la gente no se anima porque cree que todo ya está hecho, agrega Teherán.

Además de la protección legal, otra poderosa razón para patentar es lo que el inventor puede hacer ahora con ella, como buscar apoyo económico y jurídico y negociar con más tranquilidad y en mejor posición, dice Gamboa.

Pero incluso suponiendo que hay conciencia acerca de la necesidad de patentar, muchos se queman en el intento. Por ello, para unos, como Forero, la ayuda de abogados es un imperativo. Ellos conocen mejor los procedimientos y hacen seguimiento. Muchas solicitudes se rechazan por vicios de forma. Más aún, ellos saben redactar mejor. "Una cosa es decir que uno inventó la llanta, otra es decir que inventó una llanta que no se pincha", dice Gamboa. En todo caso, a veces, el inventor no tiene cómo pagar el largo proceso de patentar. Si bien arrancar cuesta alrededor de un millón de pesos, las objeciones y demás derechos que todo el proceso implica pueden elevar la suma sustancialmente. Abogados pueden costar hasta $5 millones. Y por fuera de Colombia, los costos se disparan. Un proceso de patente exitoso en Estados Unidos puede costar hasta US$10.000, dice Gamboa, sin incluir los abogados en caso de ser necesarios.



Puentes tendidos

Un inventor necesita el apoyo de un tercero. "Un invento no debe estar en manos de su inventor", dice Gamboa. Esta ayuda puede venir de la mano de un empresario o una universidad. Pero encontrarla es un verdadero reto, porque los inventores no tienen el alma de comerciante o peor aún son inflexibles, dice Sánchez. "Estas características alejan a los empresarios de los inventores".

El amparo de una institución o empresa es clave. Por un lado, puede aplicar a las ayudas estatales que ofrecen entidades como Colciencias. Por otro, con la empresa se puede ahorrar el "vicio" de hacer prototipos. Gamboa asemeja esta obsesión a una máquina tragamonedas. Y si logra un prototipo funcional ¿de qué le sirve?, se pregunta. "Producir diez no es rentable".

Pero el inventor también necesita ayuda jurídica. Gamboa recuerda un sistema de pago que recientemente expuso en Estados Unidos y por la cual multinacionales como Visa y Verisign mostraron interés, afirma. Sin embargo, Gamboa ha preferido quedarse quieto, por ahora. "Negociar con esos monstruos no tiene sentido. Yo ni sé cómo regatearle al vendedor de la esquina". Peor aún, si alguien quiere hasta hacer un pedido, pues no conocemos ni los términos de negociación comercial, agrega.

Para el solitario inventor, el apoyo siempre es difícil de conseguir. Pero hay ejemplos. Gracias a la ayuda de la Asociación, Sánchez consiguió que la empresa bogotana Industrias Plásticas G&R le fabricara una careta de soldadura que patentó en Estados Unidos. Ya se han vendido 3.000 caretas y la idea es buscar un comercializador en Estados Unidos. Otros casos se deben más a la suerte que al diseño. Hace un año, Sánchez y Teherán se conocieron en la zona industrial de Bogotá. Ahora, Teherán busca el apoyo de otras facultades de la Nacional y abandera el desarrollo inicial de la gran esperanza de Sánchez, un motor turbo-volante patentado y el cual ya ha sido reconocido en ferias internacionales. Uno de los pocos inventos colombianos que ha escapado del cuarto de San Alejo.

(Consulte en Dinero.com El Manual del Inventor de la Superintendencia de Industria y Comercio).
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