El pionero de la aventura

| 4/19/2002 12:00:00 AM

El pionero de la aventura

Empezó con una empresa de canotaje en San Gil y hoy ya ofrece servicios en varios deportes de riesgo en Tobia, Suesca y Melgar. Javier Gómez ha impulsado el turismo de aventura en el país.

Hace 9 años, Javier Gómez emprendió la tarea de crear una empresa turística en Santander. Este sangileño de 45 años, abogado de la Universidad Javeriana de Bogotá y quien se desempeñó como comisario de policía y locutor de radio, terminó quitándose el saco y la corbata para meterse en el río y hacer del turismo de aventura un polo de desarrollo para Santander.



Su iniciativa se tropezó con el escepticismo de la gente, porque, a pesar de los innumerables recursos naturales de la zona, San Gil no era un destino definido sino uno de paso para llegar a la costa y, para completar, en 1994 la apertura de la troncal del Magdalena Medio hizo que el paso por San Gil dejara de ser obligado.



Javier, en compañía de algunas personas, intuyó que la vocación turística de San Gil era el turismo de aventura y, de manera muy tímida, empezó a promocionar el famoso paseo en chiva y luego la visita a cavernas, pero se dio cuenta de que sus clientes pedían emociones más fuertes. En busca de alternativas novedosas, encontró que en Costa Rica se practicaba canotaje o rafting (descenso en balsa por los ríos rápidos). Vio que la geografía y la idiosincrasia de los costarricenses se parecían a las colombianas y pensó que podía funcionar con éxito en Colombia.



En mayo de 1994, Gómez viajó a Costa Rica para ver el funcionamiento del canotaje y establecer contactos. Aunque pensó en una franquicia, luego acordó con la empresa costarricense que esta mandaría a sus mejores guías a hacer estudios de contaminación, factibilidad y entrenamiento al río Fonce. En 1994, comenzó a operar el rafting en San Gil, y un año después se constituyó la empresa Ríos y Canoas S.A.



Arrancar no fue fácil. La empresa esperaba tener muchos socios pero solo unos pocos se arriesgaron, debido a la falta de credibilidad en un negocio nuevo. Comenzó con dos botes franceses prestados por los costarricenses y con la convocatoria de 15 guías con un perfil definido: jóvenes, atléticos y con un alto nivel cultural, a quienes se capacitó con un curso intensivo en accidentes de agua y elementos técnicos del rafting.



Obtuvieron la financiación del sector privado. Protur, Coopcentral y la Cámara de Comercio de Bucaramanga hicieron aportes. También contaron con el apoyo de hoteleros y otras empresas privadas.



Para 1996, la demanda del turismo de aventura aumentaba rápidamente en Santander. Sus clientes eran 65% jóvenes entre los 18 y los 25 años, aventureros, deportistas, estudiantes y yuppies, 20% era un mercado familiar y 15% adultos, estadísticas que se han mantenido hasta hoy. Los clientes nacionales provenían de todo el país, principalmente de Bogotá, Pereira, Bucaramanga y Medellín. Ríos y Canoas recibió, en 1996, 12.000 clientes anuales y tenía ingresos cercanos a los $150 millones.



Detrás del éxito, vino la competencia. En 1996 se creó Planeta Azul, en 1998 Rafting Club y tres años más tarde Aventura Total, que ofrecen servicios en deportes de riesgo, como rapell, caminatas, espeleología (visita a cuevas), cabalgatas, y parapente, entre otros, y se disputaban el negocio con la empresa de Gómez. Después de años de ardua competencia, que no dejaba prosperar a ninguno, decidieron que uniéndose podrían ayudarse entre sí y trabajar más exitosamente. Desde el año 2000 articularon las actividades de riesgo en alianza con agencias de viaje y turismo en todo el país y respaldándose unas a otras.



Hay una historia antes y una después del turismo de aventura en Santander. La situación de los hoteles y restaurantes ha mejorado notablemente. Se creó una conciencia gremial en la región y esta actividad se empezó a considerar parte del desarrollo. Como explica Gómez, "si antes de 1994, los empleos generados por razón del turismo no pasaban de 50, hoy son más de 800; y si antes se llenaban 40 camas en un hotel, ahora se llenan 600, e igual pasa con los restaurantes que en 1994 eran 6 y hoy son más de 25. El turismo está en la mente de la gente y existe conciencia gremial". Lentamente se ha ido desarrollando un mercado internacional, "hemos recibido chilenos, venezolanos, estadounidenses, canadienses, alemanes y ¡hasta chinos que vienen en busca de aventura!", dice Glomer Gutiérrez, de Planeta Azul.



Con base en los buenos resultados obtenidos en San Gil, en 1998 Gómez viajó a Bogotá para montar una nueva empresa con su esposa y sus hijos: Ríos de Aventura. Esta empresa opera en Suesca, Melgar y Tobia. Ofrece canotaje en el río Bogotá, junto con escalada y rapell, presta el servicio de rafting en los ríos Sumapaz y Bogotá, caminatas ecológicas y parapente. Organiza paquetes con alojamiento y comida. Los precios varían entre $6.000 y $100.000, dependiendo de la actividad. Hoy Gómez comercializa dos nuevas empresas en Tobia: Geco y Río Negro.



Las empresas de turismo de aventura han crecido y se han multiplicado en alianza y operan con una política de apoyo recíproco. En el año 2001, las 7 empresas en Santander, Cundinamarca y Tolima recibieron 40.000 clientes anuales que les dejaron ingresos por $1.480 millones.



Infortunadamente, el problema de orden público y la crisis económica han golpeado el mercado. Glomer Gutiérrez, gerente de Planeta Azul en Santander, afirma que el miedo los ha afectado, a pesar de la seguridad del departamento. Javier Gómez dice que la carretera Bogotá-Bucaramanga es una de las pocas seguras del país.



La crisis económica también los ha afectado pues, aunque los hoteles se llenan y los restaurantes tienen buen mercado, los clientes solo tienen dinero para consumir lo básico. Hoy, estos empresarios se han visto obligados a invertir en equipos para prestar un mejor servicio y ganar demanda, mientras las tarifas tuvieron que volver a los niveles de 1996.



En un estado de incertidumbre, las empresas turísticas de aventura tienen fe en que la situación va a mejorar. Están conscientes de que Colombia está en guerra y que la solución puede tardar varios años, pero están a la espera de una transformación del país que les favorezca. A futuro, quieren consolidar los destinos y aumentar la demanda, pero sobre todo buscan crear más alianzas para tener un mayor éxito.
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.