| 5/27/2005 12:00:00 AM

El modelo Saldarriaga

Prácticamente con su cédula, este joven de 25 años ha logrado que varios inversionistas apoyen sus negocios que hoy facturan US$2 millones anuales. La idea es crear una holding empresarial.

Fue a comienzos de abril del año pasado, cuando Juan Camilo Saldarriaga tomó la decisión más importante de su vida. Pese a que ya había terminado el entrenamiento y reunido todos los papeles para entrar a formar parte de la multinacional Procter & Gamble, donde meses atrás había hecho prácticas como estudiante de ingeniería industrial de Los Andes, desistió. Fue un domingo, antes de empezar a desempeñar el cargo. Ese día, su papá y el que sería su jefe inmediato le mostraron el camino: el primero le habló del precio de la independencia, mientras que el segundo lo hizo sobre la alegría que representa ser el administrador de sus propios sueños.

A sus 24 años, Saldarriaga ya había probado ambas mieles y esa experiencia pesó a la hora de la decisión. Para entonces ya era un reconocido empresario de la rumba en Bogotá, como fundador y socio mayoritario de Compostela y de Lola. Dos sitios famosos en La Calera y la 93, que si bien apuntan a distintos públicos objetivo fueron concebidos bajo un mismo y novedoso modelo de financiación y de gestión que él mismo desarrolló: la credibilidad. Pero no era solo eso. En la cabeza de Saldarriaga había muchos negocios más que estaban tomando forma y a los que no quería renunciar, como la cadena de pizzerías que acaba de lanzar (Red Box); así como a más largo plazo la creación de una holding para controlar todas sus empresas, las de ahora y las que vendrán después.

Como un indicio de que tomó la decisión correcta, Saldarriaga fue aceptado recientemente en Young Entrepreneurs' Organization (YEO), organismo mundial de jóvenes emprendedores al cual solo se llega por invitación y si la facturación de sus negocios asciende a US$2 millones anuales.



Modelo propio

Quienes han seguido la trayectoria de Saldarriaga desde cuando estudiaba en el colegio San Carlos de Bogotá, donde vendió desde empanadas hasta gaseosas venezolanas, destacan la forma en que ha desarrollado un modelo de financiación para sus proyectos basado en la credibilidad que genera en los demás. Prácticamente con su cédula, ha convocado a varios inversionistas para que apoyen sus iniciativas, en las que al principio él solo ha puesto su trabajo y experiencia pero ni un solo peso. "Yo siempre pensé que había que romper esos paradigmas de que sin plata no se podían hacer negocios y de que los jóvenes no podíamos ser empresarios", dice. Su experiencia más importante en este sentido es Compostela, una discoteca en La Calera que está cumpliendo 4 años y a la cual asisten unas 90.000 personas cada año. Para iniciar ese negocio convenció a 15 amigos para que cada uno comprara un punto de participación, a $2 millones. La propuesta de Saldarriaga era que él no ganaba nada hasta cuando los inversionistas recuperaran la plata. "Para mí, lo más importante era generar credibilidad. A ese esquema ganador le aposté, porque sabía que a la postre también me iba a permitir crecer", dice. Y pese a que en el comienzo fue muy duro posicionar el sitio, hoy cada socio podría recibir el valor de su inversión cada dos o tres meses.

A la hora de apoyarlo, muchos valoraron la experiencia de Saldarriaga como organizador de minitecas en los colegios de Bogotá, de farras en bares como Massai, Salamandra y Discovery y como socio de la discoteca The Bost's, que fue la sensación entre los adolescentes a finales de los 90. Entre los inversionistas están Diego Alfonso Almeyda, quien trabajó duro con él durante los primeros meses para sacar adelante Compostela. "Las cosas han funcionado de una forma clara y transparente, aunque uno no esté encima de las cosas. Él es ambicioso, ganador y sabe cómo sacarles utilidades a los negocios", dice. Reconoce que Compostela lo pulió en la experiencia de tener su propio negocio. Ahora, Almeyda es accionista y gerente de la revista Capital Club, que circula con 20.000 ejemplares mensuales.

Pero el empresario Simón Vigoda, dueño del local, fue uno de los primeros en creerle a Saldarriaga. "Lo vi muy jovencito, pero averigüé sus antecedentes y descubrí que era un muchacho emprendedor y eso me generó mucha confianza", dice. Cuatro años después no se arrepiente de haber confiado en él.



Un jugador 'play'

Una vez que se consolidó Compostela como un sitio de rumba joven, adonde van ejecutivos y empleados que por lo general no frecuentan sitios como el Parque de la 93 o Andrés Carne de Res, pero que igualmente obtienen buenos ingresos, Saldarriaga decidió crear un bar con un perfil mucho más 'play'. Así nació Lola, hace un año, en la carrera 15 con 93. Y el modelo de financiación es el mismo. Buscó 32 accionistas que pusieron $4 millones cada uno. "Esta vez busqué personas que no solo aportaran dinero sino relaciones, que trajeran al bar personas con el perfil que estábamos buscando", dice. De ahí que figuren como inversionistas Nicolás Reyes, Luis González, Camila Jaramillo, Alejandro Pinzón, Alejandro Pabón y Daniel Villegas. Este último es uno de los más comprometidos con las relaciones públicas. "Con Lola, rompimos con el agüero de que un negocio así no debe tener muchos socios. Si se tiene la convicción de que esto es una empresa, se maneja como tal, hay una unidad de mando y cada quien se especializa en un área, las cosas funcionan muy bien", dice. Villegas sostiene que quien compra un punto de participación se compromete, trabaja y corre la voz. "Y para que haya fidelidad con el bar hay que darle identidad, estilo propio y un diseño exclusivo". En promedio, los viernes y sábados ingresan a Lola unas 500 personas. Y por allí han desfilado los hijos del presidente Uribe, Andrea Serna, Adriana Tono y Juanes, entre otros personajes de la farándula nacional.

Sin embargo, Saldarriaga no se ve como un discotequero en el futuro. "La experiencia que he tenido hasta ahora me ha dado una gran formación como emprendedor y empresario", dice. Por eso está incursionando en otros negocios como Red Box, una cadena de pizzerías cuya modalidad principal es el domicilio. Al igual que Compostela y Lola, en esta nueva empresa también hay varios accionistas y se espera la llegada de muchos más para abrir otros 7 puntos en Bogotá en los próximos dos años. Pero la idea es ir más allá y crear nuevas empresas en otros sectores como la industria y el transporte, motivo por el cual está visitando ferias internacionales industriales y de entretenimiento. En remojo, mientras tanto, tiene varias iniciativas que poco a poco piensa ir transformando en realidad hasta tener su propio imperio empresarial. Tal es su convicción en este sentido, que ya contrató una firma de abogados para que haga el estudio legal de que lo que será su holding en el futuro.

Amigas suyas, como Camila Jaramillo (gerente y accionista de Gretta Accesorios), creen que lo logrará. "Lo que lo motiva es la obsesión del logro. Él vive más que nadie la emoción de tener una idea en abstracto y hacerla realidad. Además, trabaja todo el día, solo se gasta $400.000 mensuales, tiene los amigos que necesita, es callado, tranquilo. Definitivamente, es alguien que dará mucho de qué hablar".
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