| 5/28/2004 12:00:00 AM

El Colibrí

Tres universidades de Antioquia se unieron para construir un minihelicóptero robótico. Para Colombia es un ejemplo de cómo hacer transferencia tecnológica en beneficio del país.

Imagínese un minihelicóptero que usa su propia inteligencia y puede embarcarse en trayectorias reconocidas por él mismo. Ahora, imagínese, por ejemplo, un desastre natural en el cual no se sabe dónde están las víctimas. El minihelicóptero podría despegar, buscarlas, enviar información sobre su paradero y volver a casa solo, sin que en ninguna etapa haya intervenido un ser humano. Este es el mundo de la robótica y más específicamente de los vehículos autónomos no tripulados (UAV, por su sigla en inglés). Su estudio y construcción es una de las áreas de investigación más prometedoras en el mundo, pero también una de las más difíciles. Ingenieros y científicos han gastado años y millones de dólares intentando dominar el tema apenas con relativo éxito. Proyectos de estos por lo general se circunscriben a los más reconocidos centros de investigación y universidades del mundo como MIT y la universidad Carnegie Mellon de Estados Unidos. En Colombia, tres universidades de Antioquia se unieron para construir un UAV propio. Desde enero de 2004, el proyecto Colibrí reúne un equipo multidisciplinario de ingenieros de las universidades de Medellín, EAFIT y Pontificia Bolivariana, cuyo objetivo es dotar un minihelicóptero de la inteligencia necesaria para que no requiera intervención humana durante vuelo.

El Colibrí podría tener fines comerciales. De hecho, ya hay empresas privadas interesadas en lo que sería el producto final. Sin embargo, el Colibrí nace por el interés de sus investigadores de sumergirse en un campo de investigación muy difícil. Porque minihelicópteros inteligentes ya existen; sin embargo, cómo funcionan es todavía un secreto celosamente guardado por los pocos que lo han logrado. Y he aquí la importancia de un proyecto como el de las tres universidades para un país como Colombia. Antes de dejar que esta tecnología un día se importe, el Colibrí quiere apropiarse de ella y contribuir con desarrollos propios que enriquezcan el estado del arte de las máquinas no tripuladas. La idea del proyecto no es construir un minihelicóptero, sino construir sus 'entrañas y cerebro' de tal manera que pueda ser inteligente y, por ende, autónomo.

Los retos son inmensos. Desde el punto de vista de la aviónica, automatización y control, inteligencia artificial, navegación autónoma y recopilación, procesamiento y envío de información, entre otros, el Colibrí es un campo minado de desafíos teóricos y tecnológicos.

Arrancada la primera de tres etapas, el Colibrí ya los está enfrentando. Con inversiones previstas por más de $300 millones en los próximos dos años, en la primera etapa se logrará vuelo estacionario a baja altura. Ya se registran avances antes de lo previsto como es la consecución del minihelicóptero y su modelación teórica básica, es decir, la versión virtual del minihelicóptero. Este modelo ya está en etapa de validación. La segunda etapa contempla vuelo hacia adelante y navegación. Y la tercera, reconocimiento y recolección de un objeto y aterrizaje.

El proyecto se apoya en las ventajas competitivas que ofrece Colombia, que no están en la construcción de aeronaves ni en el desarrollo de electrónica donde difícilmente puede competir con las inmensas sumas de dinero y experiencia de países ricos. Para Carlos Mario Vélez, de la EAFIT y coordinador del proyecto, el Colibrí tiene una gran fortaleza: su recurso humano. La ventaja es la capacidad de su equipo de hacer diseños novedosos y adaptar tecnología. Fuera de un gran recurso humano, las inversiones físicas y monetarias de un proyecto como el Colibrí son relativamente bajas.

En este sentido, la ventaja competitiva del Colibrí es la manera en que las tres universidades están abordando el problema. El Colibrí es el primero en Colombia que se aproxima al problema tecnológico desde el punto de vista teórico, lo cual trae grandes beneficios. Por un lado, esta característica lo ubica a la par con otros proyectos de esta índole en el mundo. La modelación teórica de minihelicópteros se está implementando desde hace 5 años y en muy pocos lugares, dice Vélez.

Por otro, esta modelación hace el Colibrí flexible y económico. Permite probarlo, hacerle los ajustes necesarios y probar mejores diseños sin arriesgar físicamente la aeronave.

Y aunque se apalancará sobre avances ya logrados por otras investigaciones, el Colibrí también contribuirá con desarrollos propios. Por ejemplo, con su modelado matemático, su identificación experimental y las técnicas de control multifrecuencia se espera que los conocimientos adquiridos por el Colibrí aporten al campo de conocimiento de las máquinas no tripuladas.



Investigación en red

Otras fortalezas del Colibrí son su cultura abierta y su enfoque multidisciplinario. El proyecto cuenta con la colaboración de investigadores que han trabajado en diversas áreas como telemetría y aviónica, aunque no en un minihelicóptero. Por otro parte, la Red Colibrí será clave para el éxito. Por medio de una página de internet se busca invitar a investigadores de todas partes del país y del mundo a vincularse con el proyecto.

La actividad de esta Red es quizás el mejor testimonio de la popularidad e interés que ha suscitado el Colibrí. El proyecto ya cuenta con la vinculación de reconocidos investigadores de universidades de Bélgica, Francia y México. El bastión tecnológico estadounidense MIT también se ha vinculado. Incluso, proveedores de infraestructura le han concedido descuentos al Colibrí dado el interés que ha generado.

El éxito de un proyecto como el Colibrí le conviene a Colombia. Ofrece una manera eficiente y segura de hacer monitoreo ambiental, vigilancia de redes, operaciones de búsqueda y rescate, entre otras. Pero quizás más importante, demuestra que es posible hacer una verdadera y más directa transferencia de tecnología en beneficio del país. Por ejemplo, el Colibrí le podría dar un empujón a la industria aeronáutica colombiana que, a su vez, es de donde suelen surgir los más prometedores avances tecnológicos. Si tiene éxito, otras áreas como medicina, comunicaciones y transporte se podrían ver beneficiadas con un proyecto como el Colibrí.
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