A prueba de malos olores

| 7/6/2001 12:00:00 AM

A prueba de malos olores

Dos emprendedores fabrican bolsas para la basura de colores, aromatizadas, que repelen los moscos y que neutralizan los malos olores.

A veces, los buenos negocios están ahí, al alcance de la mano. Y en muchas ocasiones solo hacen falta un poco de malicia indígena y otro de creatividad para descubrirlos a tiempo. Esto le sucedió a Javier Ulloa, un administrador de empresas que vendió durante muchos años, y a muy bajo precio, los residuos que salían de su fábrica de envases para lubricantes. Un día de 1996, se le ocurrió que con esos desechos podía desarrollar un nuevo producto. Y pensó --¿por qué no?-- en bolsas para la basura. Consultó su decisión con su esposa Cristina Yepes, su asesora permanente, quien lo convenció de que tenía que ser un producto totalmente diferente al tradicional que ya existía en el mercado. La búsqueda de ese valor agregado se hizo entre muchos amigos, en especial aquellos que estaban vinculados al sector industrial, pero fue un ama de casa la que finalmente dio en el clavo: "que huelan a todo menos a basura. Aromatizadas", dijo.

La idea sonaba bien. Pero una cosa era decirlo y otra muy diferente era llevarlo a la práctica, pues los aromas por ser tan volátiles no resistirían las altas temperaturas a que son sometidos los plásticos. Sin embargo, Javier Ulloa se dejó llevar por su intuición y consiguió en el país tecnología criolla para producir plástico de baja resolución, con el que se hacen las bolsas de basura. Luego se asesoró de varios ingenieros químicos especializados en aromas, a quienes molestó por cerca de un año. La internet también fue su aliado. Al principio, los ensayos resultaron desastrosos porque el plástico no quedaba lo suficientemente impregnado o porque algunos aromas cambiaban radicalmente por el calor. Luego se hicieron pruebas con bases más pesadas y resistentes a la fundición como los aceites. En el proceso, desecharon el agua y los alcoholes que se evaporan más fácilmente.



Después de muchos ensayos, Ulloa logró que algunos aromas se "involucraran" molecularmente con el plástico en el momento de la fundición. El paso siguiente era esperar a ver cuánto tiempo conservaban el olor. El limón, por ejemplo, no sirvió porque se volatizaba rápidamente con el calor. El aroma de chicle tampoco funcionó, porque atraía las moscas. En todo este proceso de clasificación, probaron más de 30 aromas hasta que encontraron las combinaciones ideales para desarrollar los primeros tres productos: bolsas de basura con olor a talco, citronela y lavanda. Así fue como nació Plastiaromas S.A.



Pero además del agradable aroma, las bolsas de basura de esta emprendedora compañía ofrecían un valor agregado adicional. La citronela repele los insectos y los aleja de las canecas de la basura, mientras que el talco logra controlar los olores más intensos. Con esta misma filosofía, se dejó de producir lavanda y se desarrollaron bolsas ambientadoras con aroma a vainilla para los baños y las papeleras de los cuartos y las oficinas.



A pesar de la satisfacción que les produjo haber desarrollado este nuevo producto, Javier Ulloa y su esposa conservaron la calma. Sabían que antes de hacer mucha alharaca había que patentar primero el invento, pues en Colombia se corre el riesgo de que alguien más lo copie o lo registre como suyo. La solicitud de patente se hizo ante la Superintendencia de Industria y Comercio el 6 de febrero de 1998. Fue una espera paciente hasta el 28 de abril del 2000, fecha en que salió publicado en la Gaceta de Propiedad Industrial.



Para entonces, los dos ya habían dado los primeros pasos para presentar su producto. Y fue en 1999 cuando Alkosto les abrió sus puertas. Luego, sus bolsas de basuras con aromas fueron recibidas en otros hipermercados y cadenas como Cedenalco, Exito, Homecenter, Febor, Yep, La Canasta, Surtimax y Vivero. Próximamente, harán su ingreso a Carulla.



En los últimos dos años, las ventas de Plastiaromas han crecido en un 65%, lo que ha obligado a programar varios turnos en la planta que está operando las 24 horas del día. La producción mensual en este momento es de 30 toneladas, lo que equivale a 1,5 millones de bolsas. Sin embargo, por ser un producto que lleva muy poco tiempo en el mercado y que aún no es muy conocido, se estima que la producción puede llegar a crecer significativamente en los meses venideros.



El negocio de los envases para lubricantes quedó atrás y ya no existe. Los esposos Ulloa Yepes están dedicados de tiempo completo a su nuevo negocio que ya tiene más proyectos a la vista. Uno de los más importantes es el desarrollo de un plástico que cumple las funciones de fungicida y bactericida, el cual podría ahorrarles mucho dinero a los agricultores colombianos. También está próxima a salir al mercado una bolsa ambientador para la basura del carro, con un diseño más práctico y funcional que el que se conoce actualmente. Al estilo muy peculiar de Plastiaromas S.A.
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