| 4/16/2010 12:00:00 AM

WEF, más allá del día a día

El Foro Económico Mundial para Latinoamérica, que se realizó en Cartagena, fue una gran oportunidad de repensar el futuro de la región.

En medio del furor político que acompaña el proceso electoral colombiano, se celebró en Cartagena la versión latinoamericana del Foro Económico Mundial, con la participación de un selecto grupo de líderes compuesto por jefes de Estado, empresarios y académicos. Fueron dos días de reflexión intensa acerca del futuro de una región que no parece haber pensado en serio cómo aprovechar su potencial con el fin de construir un mejor mañana para su población.

Las discusiones giraron alrededor de grandes temas de largo plazo. Fueron particularmente interesantes los debates sobre educación, salud y demografía.

La desigualdad en el ingreso en Latinoamérica es la consecuencia directa de la desigualdad en la educación. En términos relativos, el gasto en educación en los países latinoamericanos es más alto que en otros países de desarrollo relativo similar. Sin embargo, los sistemas educativos son fuertemente discriminatorios en términos de calidad y cantidad.

Las deficiencias de la educación afectan el desempeño de la fuerza laboral y están directamente relacionadas con los bajos niveles de productividad y la casi inexistente capacidad para la innovación. Respecto a este último tema, basta mirar los indicadores. Mientras Taiwán registra 279,3 patentes por cada millón de habitantes, Japón registra 263,3, y Estados Unidos 250,9, el indicador apenas llega a 0,8 en Argentina y a 0,1 en Ecuador y Bolivia.

Una de las grandes conclusiones del Foro tuvo que ver con el papel que debe desempeñar el sector privado para mejorar los estándares de educación. Este es el camino a través del cual América Latina podrá reducir la pobreza y producir bienes y servicios de mejor calidad y mayor valor agregado. 

En cuanto al tema de la salud, la rápida urbanización –70% de la población vive en las ciudades– ha llevado a una recomposición de las prioridades. De las enfermedades infecciosas típicas de hace unos años pasamos a la hipertensión, la diabetes, la obesidad y el cáncer. El Foro hizo un gran llamado a los sectores de salud de los países para que mejoren los programas de prevención. 

Todo lo anterior adquiere un significado especial cuando se considera el perfil singular de la transformación demográfica de la región. Como consecuencia de la disminución de la tasa de fecundidad, en los siguientes 35 a 40 años la proporción de la población en edad de trabajar (15 a 65 años) será mayor que la suma de la población menor de 15 años y la mayor de 65.

Esto es lo que los especialistas llaman un “bono demográfico” y es una gran oportunidad para generar riqueza y aumentar el ingreso de la población. Sin embargo, es una situación transitoria, pues no solo la tasa de fecundidad está disminuyendo, sino que la esperanza de vida está aumentando. Dentro de cuarenta años, la tasa de dependencia demográfica (relación del número de individuos en edades inactivas –menores de 15 años y de 65 años y más– con el número de individuos en edades activas) se triplicará, para acercarse al nivel de 31% que Europa registra actualmente.

El “bono demográfico” tiene implicaciones extraordinarias para el bienestar de largo plazo de la región. Si no se toman políticas adecuadas, el momento puede perderse.

Los gobiernos deberán ocuparse de lograr que los sistemas educativos generen una fuerza laboral productiva y capacitada. Los sistemas de salud tendrán que ser efectivos en la prevención, para manejar los costos y mantener la productividad de los individuos a medida que la población envejece. Los sistemas de pensiones deberán actualizarse con el fin de generar suficiente ahorro para atender a la población a medida que esta envejece.

Son retos enormes. La agenda completa, sin embargo, es mucho más amplia. La región deberá encontrar la manera de crecer mediante el desarrollo de los mercados internos de los países y del comercio intrarregional. Para lograrlo, Latinoamérica tendrá que triplicar su inversión en infraestructura, para lo cual se va a requerir de la participación del sector privado y de los fondos de pensiones. Hay que trabajar en los marcos legales adecuados, así como en la estabilidad en las reglas del juego.

América Latina está a la espera de unos líderes en los sectores público y privado que puedan llevarla a hacer realidad su extraordinario potencial. Es hora de dejar las pequeñas rencillas y concentrar los esfuerzos de todos alrededor de los grandes propósitos que definirán la calidad de vida de nuestros hijos y nietos.

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