Vaya paradoja

| 1/25/2002 12:00:00 AM

Vaya paradoja

Los colombianos con la buena noticia de que en materia económica las cosas por fin podrían estar cambiando para bien. El consumo, que es la clave para que la actividad productiva vuelva a crecer, está repuntando desde el último trimestre del año anterior, y el compromiso de buscar un acuerdo de paz serio ha hecho que la gente le conceda una oportunidad final a la idea de que sí es posible avanzar hacia una solución del conflicto.



Pero no hay que descuidarse, ni mucho menos cantar victoria. En cualquier momento, los factores que están alimentando el optimismo podrían devolverse. El consumo se está reactivando, en una alta medida, por cuenta de los capitales que han regresado al país en busca de inversiones más rentables, ante la revaluación del peso y la recesión mundial. Pero, ojo, ¿cuánto más puede durar esta situación?



La respuesta, a la luz de la evidencia, es que podría acabar en poco tiempo. A menos que el gobierno emplee toda su energía en los meses que le quedan para sembrar la minibonanza de consumo y generar las condiciones para que los capitales se queden de manera permanente, estos volverán a salir por falta de confianza en la perspectiva de mediano plazo. Lo que el gobierno debe hacer ya está dicho y escrito en todas partes. No hay que diagnosticar más. Se requiere pasar del discurso y la retórica a una acción contundente (página 40).



Mientras siga habiendo dudas sobre la sostenibilidad de la deuda pública, tanto interna como externa, no será posible vislumbrar un futuro claro para Colombia. En estos últimos 4 años, la deuda del gobierno central pasó de 18% a más de 44% del PIB y sigue creciendo más allá de las posibilidades que tiene Colombia para atenderla. Hoy nos endeudamos para pagar intereses, una señal obvia de que hemos ingresado a una zona de alto peligro. Tenemos que entender que no hay espacio para más deuda, así los mercados sigan prestándole al gobierno. En esto no hay que equivocarse. La utilización del acceso exitoso a los mercados de deuda como argumento para seguir endeudándose es irresponsable. Que los banqueros internacionales le den premios a Colombia por endeudarse no es ningún motivo de orgullo. Lo que deberíamos estar mirando es cómo, cuándo y con qué se va a pagar esta deuda.



Las consecuencias de esta distorsión se ven también por todas partes. Los TES, los papeles del emisor soberano que supuestamente tienen el menor riesgo del mercado, rentan más que las demás alternativas de inversión. Sus tasas no solo son altas porque el gobierno debe competir fuertemente por el ahorro para financiar el déficit, sino porque su riesgo implícito es alto. Si no hay una corrección en el manejo de la deuda pública, llegará el día en que el gobierno no podrá honrar estos papeles. Los mercados se cerrarán y necesariamente vendrán una cesación de pagos o una reestructuración de la deuda. La paradoja es que se trataría de un default de nosotros con nosotros mismos, ya que la gran mayoría de la deuda pública, incluyendo la externa, está en manos de colombianos.



El gobierno tiene 6 meses para cumplir su promesa de ajustar las cuentas fiscales. En este tiempo debe jugársela para reducir el gasto en forma permanente, de modo que el déficit fiscal y los requerimientos de financiación sean cada vez menores hacia adelante. La administración Pastrana tiene aún esta responsabilidad histórica por cumplir.



El problema es de todos y la solución no está en las propuestas que con frecuencia se oyen de monetizar la deuda, o dejar de pagarla, o emitir para pagarla. En este momento de elecciones, los colombianos debemos estar atentos a las propuestas de los candidatos sobre el tema del endeudamiento público, ya que no solo está en juego nuestro futuro económico, sino el de varias generaciones futuras.
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