| 8/15/2008 12:00:00 AM

Uribe y la economía

El balance económico de la presidencia de Álvaro Uribe es indudablemente positivo. Sin embargo, habría podido ser muy superior. De no haber sido por el inexplicable descuido de la infraestructura, Colombia estaría lista para convertirse en el siguiente milagro económico mundial.

Al cumplirse seis años de la posesión del presidente Uribe, en agosto de 2002, es importante hacer un balance de su gestión en el campo económico. Cuando el mundo miraba a Colombia en 2002, encontraba un país sin futuro claro, con una altísima incertidumbre respecto a su viabilidad a mediano y largo plazo. No era para menos. En los cuatro años anteriores, durante el gobierno del presidente Pastrana, tanto el desempleo como el crecimiento habían tocado fondo y mostraban los peores niveles en cincuenta años. Nadie quería invertir en Colombia.

Las cosas no podían ser de otra manera en un país donde la inseguridad y el secuestro dominaban los espacios de discusión y donde el temor de los ciudadanos por su integridad personal se había vuelto cosa de rutina. Esa situación explica por qué los electores optaron por una persona como Álvaro Uribe para que ejerciera como Presidente de la República. Buscaban un líder que fuera capaz de unir a la población en torno a un objetivo fundamental, la recuperación de Colombia como un país viable. Uribe logró este resultado y así lo muestran los indicadores.

En términos de favorabilidad, no hay quien le compita. Mientras que su antecesor terminó su gobierno con una imagen negativa de 64%, Uribe, con seis años en la presidencia, mantiene una favorabilidad de 84%, la cual ha sido incluso superior en momentos puntuales, como el de la liberación de los 15 secuestrados.

Los indicadores de seguridad han mejorado considerablemente. Mientras que los homicidios se redujeron de 28.837 a 17.198 por año, entre 2002 y 2007, los secuestros anuales cayeron de 2.885 a 840.

Rápidamente, los avances en seguridad se vieron reflejados en los indicadores económicos. La inversión extranjera repuntó, multiplicándose por cinco e induciendo un ciclo de alto crecimiento que tuvo su mejor año en 2007, cuando la economía creció 7,5%. En promedio, en los seis años de Uribe la economía ha crecido un 5,5% anual, cifra equivalente a la tasa de crecimiento potencial de Colombia estimada por los analistas.

En materia de inflación, el comportamiento también ha sido positivo. De hecho, cuando se compara lo que está pasando con la inflación en el contexto internacional, Colombia sale muy bien librada.

El desempleo es la variable en la que menos se ha avanzado, o en la que no se ha avanzado como quisiera el país. La cifra se mantiene por encima de dos dígitos y es muy posible que con la desaceleración de la economía se mantenga en el nivel actual, o incluso empeore.

¿Qué podemos esperar de los dos años que faltan de gobierno? En buena medida, esto va a depender de las condiciones externas. Si estas cambian hacia el lado positivo, como al parecer estaría sucediendo con la reducción de los precios del petróleo y de las materias primas, que vienen registrándose en los últimos días, habría una buena probabilidad de que los indicadores se mantuvieran en niveles muy parecidos a los obtenidos hasta ahora. Sin embargo, aún es muy pronto para dar un veredicto en este sentido. Es necesario esperar para ver si estas tendencias se consolidan.

En suma, el corte de cuentas a agosto de 2008 arroja un balance positivo. No obstante, es igualmente cierto que se ha desaprovechado una gran oportunidad. De no ser por el inexplicable descuido del gobierno Uribe en materia de infraestructura, los indicadores económicos logrados hasta ahora ubicarían a Colombia en una posición de privilegio en el mundo, pues las condiciones estarían dadas para que este fuera el siguiente milagro económico mundial.

El desastre de la infraestructura hace que el modelo económico entero sea visto como un esfuerzo gigantesco que se queda a medio camino. ¿Cómo es posible creer que el país se toma en serio su compromiso con los tratados de libre comercio, cuando las limitaciones de las vías estrangulan el potencial de intercambio? ¿Cómo cree el Gobierno que van a poder competir los empresarios sin los medios necesarios? Ojalá el Presidente y su Ministro de Transporte, en los dos años que les quedan en el Gobierno, decidan avanzar en este tema tan fundamental para la competitividad. Colombia no puede, en el siglo XXI, tener las mismas vías que tenía en el XIX.

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