Una oportunidad para Colombia

| 10/12/2001 12:00:00 AM

Una oportunidad para Colombia

La anunciada respuesta de Estados Unidos a los atentados terroristas del 11 de septiembre ya se inició y el mundo se encuentra sumido en la incertidumbre. Podría haber una crisis económica alimentada por el terrorismo, la guerra biológica y el radicalismo religioso. O, por el contrario, la lucha contra el terrorismo podría convertirse en un factor decisivo de unión internacional, a partir del cual se construyan alianzas que den paso a un nuevo orden mundial, más equitativo en lo económico, lo político y lo social.



En Dinero pensamos que un escenario de progreso y nuevo dinamismo es el más probable (página 34), pues creemos en la sensatez de los líderes mundiales. Sin embargo, la transición hacia este nuevo orden será larga y dolorosa. Las tendencias recesivas que el mundo traía antes del 11 de septiembre tomarán un tiempo para cambiar su dirección. Los nuevos acuerdos entre enemigos tradicionales, como Rusia y Estados Unidos, necesitan desarrollar sus espacios para que crezca la confianza. Adicionalmente, hay un efecto sobre los mercados financieros cuya medición es difícil, pues se trata de la primera vez que un acontecimiento de esta magnitud golpea el corazón mismo de Wall Street, no solo en su parte física sino también en la psicológica. Los traders que manejan las grandes inversiones del mundo se vieron afectados directamente por los ataques. Pasará un tiempo antes de que los tomadores de riesgo de Wall Street recuperen la serenidad con que operaban.



Para Colombia, sin duda, empezó un nuevo orden. Por un lado, cambió la percepción de los colombianos frente a su propio país. Los sentimientos de inseguridad, tan propios de Colombia, están presentes ahora en el mundo entero. La vulnerabilidad está en todas partes. Por paradójico que pueda parecer, este cambio relativo en las percepciones puede ser muy benéfico para el país, si se sabe aprovechar. El incentivo para la fuga de capitales se ha reducido y los colombianos están pensando más en volver a traer la plata que en sacarla.



De otra parte, ha cambiado la naturaleza de nuestro proceso de paz. La guerra internacional contra el terrorismo acaba con la complacencia frente a este tipo de prácticas. No es un problema con el que se pueda convivir infinitamente, es un problema que se tiene que resolver. La comunidad internacional será muy severa con nosotros los colombianos, si no somos capaces de poner orden en nuestro propio país. Esto debería darles aire interno a quienes aspiran a que el proceso de paz genere resultados palpables.



Estas fuerzas positivas no podrán ser aprovechadas, si el gobierno no pone la casa en orden en materia económica. Los mercados financieros están más adversos que nunca al riesgo y castigan duro a quienes no ajustan los desequilibrios macro. Colombia reiteradamente ha prometido que la hará pero, aunque ha avanzado años en estos últimos 12 meses, todavía tiene mucho por hacer. La incapacidad reiterada para llegar a un acuerdo entre los ministros de Hacienda y Trabajo sobre reforma pensional es un pésimo síntoma. Pero, además, una eventual renuncia de Juan Manuel Santos al Ministerio de Hacienda sería fatal en este contexto, pues acabaría con la dinámica con que se ha venido trabajando en la agenda legislativa. El Congreso le cree a Santos y por eso aún hay posibilidades de aprobar proyectos claves, aunque entramos en año electoral. Más importante aún, los mercados externos le creen también. Esa credibilidad es un activo cuyo valor se mide en dólares. La responsabilidad de Santos en la marcha de la economía en los próximos meses es ineludible y él debería permanecer en su puesto para terminar la tarea que ha iniciado. Los electores colombianos sabrán recompensarle su seriedad en el futuro.
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