Un vecindario complicado

| 8/9/2002 12:00:00 AM

Un vecindario complicado

El presidente Alvaro Uribe Vélez asume la Presidencia de la República en un momento de grandes problemas económicos y sociales en los países latinoamericanos que harán más difícil su gestión, al menos en los primeros años de su gobierno. La moratoria de la deuda de Argentina, el cierre bancario en Uruguay, los crecientes temores sobre una moratoria de la deuda de Brasil, los enfrentamientos sociales en Venezuela y el conflicto armado en Colombia son eventos que están alejando la inversión de la región. Si en el año 2001 los flujos de inversión extranjera directa se redujeron 30% con respecto al año inmediatamente anterior, es muy factible que en el 2002, con un escenario enrarecido, los flujos se reduzcan aún más.



A esta situación de fragilidad se suma la incertidumbre respecto al apoyo que Estados Unidos dará a la región para superar esta coyuntura. Paul O'Neill, secretario del Tesoro de Estados Unidos, expresó recientemente su escepticismo frente a Brasil y precipitó una devaluación del real. Después intentó deshacer sus palabras, pero ya está claro que O'Neill considera que los países latinoamericanos no hacen bien la tarea interna y siempre creen que podrán salir a buscar recursos adicionales en condiciones favorables cuando la crisis llegue. Le gustaría darles una lección de una vez, para que escarmienten.



Colombia, por supuesto, no es la excepción. Forma parte del mismo vecindario y se verá afectada por la crisis, tanto desde la perspectiva comercial como desde la financiera. En lo comercial, deriva entre 20% y 30% de sus ingresos externos de las exportaciones que realiza a los países de la región, de modo que una reducción en el crecimiento latinoamericano golpea fuertemente sus ingresos de divisas. En lo financiero, depende en un 40% del financiamiento externo para cubrir el déficit del gobierno central; el 50% de esa financiación viene de emisión de bonos en el exterior, en tanto que el 50% restante se origina en la banca multilateral. Por tanto, la volatilidad del riesgo país ejerce un impacto inmediato sobre la economía.



A la enorme labor que enfrenta el presidente Uribe, quien tendrá que poner la casa en orden en lo económico, lo político y lo social, ahora se adiciona la de conseguir más recursos. Para tener éxito, deberá convencer al mundo, y sobre todo a Washington, de que Colombia, a pesar de ser parte de la región, es un país diferente.



Por esta razón, la excelente gestión de Luis Alberto Moreno, nuestro embajador en Washington, no debe detenerse, sino por el contrario debe ser fortalecida y apoyada. Moreno ha sido clave en el cambio de la imagen del país en el exterior y, ante todo, en el cambio de actitud del gobierno y del Senado de Estados Unidos. El tema colombiano se ha desnarcotizado, lo que constituye un logro monumental. Esto no quiere decir que el trabajo haya terminado. Se ha cerrado exitosamente una primera etapa, pero ahora es necesario consolidar y proyectar una relación que es esencial para el futuro de nuestro país.



Colombia necesita la ayuda externa, ahora que los mercados externos están cerrados y los recursos de financiamiento tendrán que venir en su mayoría de la banca multilateral. No obstante, estos no llegarán (y así lo han reiterado tanto el gobierno y como el Congreso de Estados Unidos), si no hay un mayor compromiso del sector privado colombiano con la causa de sacar adelante el país.



El trabajo no es exclusivo del presidente Uribe y de su embajador en Washington. Es de todos. Es posible que no volvamos a tener una oportunidad como la que se presenta hoy para demostrar que Colombia sí es diferente. Tenemos que trabajar y apoyar al Presidente para hacer que Colombia sea el mejor dentro de un vecindario complicado.
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