| 6/23/2006 12:00:00 AM

Un país más rico

El Censo muestra que la población colombiana es menor y el ingreso per cápita es más alto de lo que se creía. Las implicaciones son extraordinarias.

Los resultados iniciales del Censo fueron publicados hace unas semanas, justo antes de las elecciones presidenciales. Dada la coyuntura, recibieron poca atención. El país no se ha detenido a analizar las implicaciones de algunos datos cruciales que revela el Censo realizado por el Dane.

Los datos publicados muestran que en Colombia están ocurriendo cambios trascendentales en las tendencias. Tanto para la planeación empresarial, como para las definiciones de política pública, será indispensable tener en cuenta el impacto de estos cambios.

La gran revelación es el nivel del ingreso per cápita que se desprende de los nuevos datos de población. Todos estábamos convencidos de que la población colombiana superaba los 46 millones de habitantes y, por tanto, el ingreso per cápita se ubicaba por los lados de los US$2.400. La realidad, sin embargo, es que la población es mucho menor, de 41,3 millones, con lo cual el nuevo cálculo de este ingreso es de US$3.000. No es una simple operación aritmética; es una cifra que pone al país en otro escalón del desarrollo.

Un mayor ingreso per cápita implica que la capacidad de consumo de los colombianos es también mayor. De hecho, esta mayor capacidad de consumir es consistente con los resultados de las encuestas de consumo que realiza mensualmente Fedesarrollo y también con los de la muestra mensual del Comercio que publica el Dane. Las distintas fuentes están mostrando una propensión cada vez mayor de los hogares a consumir bienes durables, como electrodomésticos, vehículos y vivienda, mientras que la participación de los alimentos como proporción del gasto ha perdido importancia.

El dato del Censo contribuye a la hipótesis de que este no sería un comportamiento coyuntural, sino que haría parte de una transformación en la estructura de consumo. Si esto fuera cierto, tendría un impacto extraordinario para todas las empresas que operan en Colombia y también para la atracción de empresas nuevas por la vía de la inversión extranjera. Este análisis podría llevar a cambios en los portafolios de productos, la selección de los segmentos objetivo y la planeación de los lanzamientos de innovaciones, para mencionar tan solo unos ejemplos.

Por su parte, desde la perspectiva de la política pública el impacto de esta información también puede ser extraordinario. No es lo mismo, por ejemplo, una política de subsidios estructurada para un país con un ingreso per cápita de US$1.800, como el que se calculaba para la población colombiana en 2003, que un ingreso per cápita de US$3.000. Quiénes reciben subsidios y quiénes no, cuáles son las perspectivas de generación de ingresos tributarios, dónde se definen las prioridades del gasto, son algunos ejemplos de asuntos vitales donde la nueva información del Censo podría llevar a tomar nuevas decisiones.

Aquí hay un gran reto para el gobierno del presidente Uribe, pues en su segunda administración deberá hacer todo un cuestionamiento sobre la manera como se está pretendiendo llegar a la población más vulnerable.

Un buen ejemplo es la manera en que se han venido manejando los subsidios de vivienda. Hace un par de años, el gobierno decidió eliminar el subsidio para la vivienda Tipo 4 y restringirlo para la vivienda Tipo 3, con el fin de destinar casi la totalidad de los recursos a la vivienda Tipo 1 y 2, para llegarles a los hogares más pobres. Esta medida, que en su momento fue muy criticada, hoy cobra plena validez a la luz de los datos del Censo. Vale la pena preguntarse si no habría que hacer lo mismo con todos los subsidios, pues no tendría sentido que un país donde los recursos son escasos se comprometa a gastarlos en dar soporte a quienes no lo necesitan.
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