Un mundo enredado

| 11/15/2002 12:00:00 AM

Un mundo enredado

En el más reciente Gallup-Poll, realizado con ocasión de los cien días del gobierno de Alvaro Uribe, la favorabilidad del Presidente aumentó 5 puntos con respecto al resultado del pasado 2 de septiembre. Algo similar sucedió con sus ministros, quienes individualmente también aumentaron su popularidad. La opinión positiva se extendió también al Congreso de la República, que en la medición de noviembre prácticamente duplicó su favorabilidad frente a abril de este año.



Estos resultados, que son excelentes, no podrían haber aparecido en un mejor momento. Ahora, más que nunca, se necesita todo el capital político para sacar adelante las reformas que están haciendo curso en el Congreso, así como los ajustes requeridos para que Colombia vuelva a ser económicamente viable. De hecho, el gobierno y el Congreso deberían aprovechar este buen momento para hacer un sobreajuste pues, como se están dando las cosas en el mundo, es muy probable que los mercados internacionales de capital, antes de que puedan volver a abrirse, se cerrarán aún más.



La vulnerabilidad de Colombia en cuanto a la financiación externa es mayor cada día, no solo por cuenta de lo que haga o deje de hacer internamente, sino como consecuencia de los eventos en los países de la región, especialmente en Brasil y Argentina.



Algunas alternativas que habían sido contempladas por el gobierno colombiano como posibles fuentes de financiación para el año 2003 han dejado de ser factibles. Tal es el caso de la emisión de bonos por US$1.000 millones, que había previsto colocar en el mercado externo con el aval del Banco Mundial. A raíz del default que hizo Argentina el mes pasado, sobre unos bonos emitidos con estas mismas características, este tipo de emisiones perdió toda credibilidad. Colombia tendrá entonces que buscar una opción diferente para conseguir esta plata, que de todas maneras estaba presupuestada en las cuentas del gobierno. No obstante, el margen es bastante estrecho, pues el acceso a más recursos de las multilaterales es limitado, tanto como la financiación interna por medio de TES.



Esta no es la única razón para pensar en un sobreajuste de las finanzas públicas que reduzca las necesidades de financiamiento en el mediano plazo. Si, como muchos piensan, Brasil llega al punto en el que no puede honrar su deuda pública interna (lo cual tendría un impacto sobre su deuda externa), las perspectivas de crédito externo para la región serían nulas. Colombia, en particular, se encontraría en muy mala situación, pues ya de por sí está bastante castigada por los mercados.



En una eventualidad de este tipo, solo habría esperanza si Colombia logra diferenciarse de los demás países de la región. Esto solo sería posible si vamos más allá de los ajustes que está esperando el mercado, para despejar cualquier duda sobre la capacidad de manejo macroeconómico.



El gobierno y el Congreso no deben olvidar que la popularidad puede irse rápido, sobre todo si no aprovechan los buenos tiempos para hacer los cambios necesarios para llevar al país a una mejor situación. La opinión pública y los mercados están esperando acción y resultados.
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