Un mundo que se cierra

| 5/3/2002 12:00:00 AM

Un mundo que se cierra

La gran resiliencia de la economía de Estados Unidos para sobreponerse a los eventos del 11 de septiembre, salir de la recesión y seguir liderando el crecimiento mundial dan luces estimulantes en el panorama internacional. De hecho, el asombroso crecimiento de 5,8% anual que registró la economía de ese país al cerrar el primer trimestre del año da un respaldo sustancial a las expectativas positivas. Al mismo tiempo, sin embargo, se ha ido extendiendo silenciosamente una tendencia destructiva en los países desarrollados, que solo ahora está mostrando su verdadera magnitud. Se trata del proteccionismo y la xenofobia, fenómenos que podrían poner en serio peligro los avances hacia una economía mundial más abierta que se dieron a finales del siglo XX.



La combinación de incertidumbre respecto al crecimiento en los países desarrollados, temor frente al terrorismo, alto desempleo y altas tasas de criminalidad está creando un cambio en el clima de opinión que abre nuevo espacio a las posiciones extremas y va en contra de las relaciones con los países en desarrollo. El proteccionismo en el comercio y el rechazo a los inmigrantes ganan cada vez más adeptos en los países desarrollados. El insólito paso a la segunda vuelta de Jean-Marie Le Pen en las elecciones presidenciales en Francia y el protagonismo de Joerg Haider en el gobierno austríaco son muestras claras de que la xenofobia ya no es una plataforma política marginal en Europa.



En cuanto al proteccionismo comercial, el aumento de 30% en los aranceles sobre las importaciones de acero aplicado por Estados Unidos es la manifestación más visible de proteccionismo, pero está lejos de ser la única. El año 2001 marcó un récord en el número de investigaciones antidumping abiertas en el mundo, pues fueron 348 frente a 251 del año 2000 (el promedio anual registrado durante la década del 90 fue de 232). La negativa de Estados Unidos a firmar el Protocolo de Kyoto es otro paso atrás de la globalización.



El aislacionismo y la xenofobia serán tendencias influyentes en la realidad política de los países desarrollados. Y hay que prepararse para ellos. Estas tendencias tienen implicaciones serias para Colombia. Nuestro país depende hoy más que nunca del mundo exterior. La internacionalización del conflicto colombiano, que fue la espina dorsal de la política de paz del presidente Pastrana, ya no tiene vuelta atrás. Independientemente de quién gane las elecciones presidenciales, Colombia no podrá volver a manejar su conflicto interno lejos de la mirada internacional. Por su parte, la población de colombianos en el exterior ha alcanzado proporciones insospechadas, las transferencias realizadas por ellos se duplicaron en el 2001 y, por su volumen, serían hoy el segundo rubro de exportación del país. Finalmente, el crecimiento de las exportaciones es vital para mantener la viabilidad del modelo económico en los próximos años. Si la tendencia hacia el ostracismo de los países desarrollados se incrementa, Colombia se vería cada vez más sola, cuando su búsqueda de estabilidad depende en forma crítica del apoyo internacional.



El nuevo Presidente deberá lidiar con un mundo en el cual la tendencia a cerrarse adquirió un peso específico que pocos habrían esperado. Tendrá que plantear desde el primer momento una diplomacia política, financiera y comercial y una estrategia de imagen de país de primer orden, que nos permitan multiplicar los puntos de interacción con el exterior en todas las áreas, desde lo cultural hasta lo económico y lo político. Mantener la iniciativa desde el primer día de gobierno será indispensable. ¿Están preparados los candidatos para este reto?
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