Revista Dinero

| 5/15/2013 6:00:00 PM

Un llamado urgente

Son muchas las obligaciones para el sector empresarial que nacen de la negociación de paz con las Farc.

por Editorial

El proceso de paz con las Farc que adelanta el Gobierno en La Habana trasnocha por estos días al sector empresarial. Así quedó claro en el foro Construcción de paz, compromiso de los empresarios, celebrado el pasado 9 de mayo en el Club Metropolitan de Bogotá. Los panelistas –una nómina de lujo encabezada por el profesor de Harvard James Robinson, Carlos Raúl Yepes, presidente de Bancolombia; Roberto Junguito, presidente del Cerrejón; María Victoria Llorente, directora de la Fundación Ideas para la Paz, y el excongresista Antonio Navarro Wolf– coincidieron en la urgencia de entender las consecuencias que le traerá al sector empresarial esta negociación con la guerrilla más antigua y poderosa del planeta. Y no solo se trata de entender las consecuencias, sino también las obligaciones que se derivarían de un acuerdo que pondría fin a este desangre de más de medio siglo.

La desconfianza de los empresarios frente al proceso de paz todavía es inmensa. De 130 asistentes al foro, apenas la mitad cree que se logrará un acuerdo con las Farc. De ellos, solo cuatro piensan que podría ocurrir antes de diciembre. En otras palabras, nadie cree en los tiempos del Gobierno, que dice que los diálogos concluirían antes de terminar este año. Lo más probable es que los diálogos se extiendan más allá de 2013, dada la dificultad de llegar a acuerdos y ante la campaña electoral que se avecina.

Hay que decirlo con todas sus letras: los empresarios son quienes más dividendos le pueden sacar a un acuerdo de paz con las Farc. La terminación del conflicto redundaría en mayor crecimiento económico –entre 0,6 y 2 puntos porcentuales del PIB, según los diferentes estudios—, se reducirían los gastos asociados a seguridad, producción y logística, aumentaría el nivel de inversión, se generarían nuevos puestos de trabajo, habría más demanda, mayores ventas y más dividendos para los accionistas.

Por eso hay que preguntarse: ¿qué están haciendo los empresarios del país por la paz? ¿Qué tan comprometidos están con el proceso en La Habana? ¿Cuáles acciones piensan emprender para ‘ocupar’ esas zonas que hasta hoy han sido de conflicto? ¿Cómo piensan generar condiciones básicas de desarrollo en esos lugares, donde tantas empresas operan en medio de la miseria de la población? ¿Cómo van a ayudar a combatir la desigualdad, comienzo y fin de todos los males de este país? ¿Ya pensaron cómo pueden incorporar en sus empresas a los 100.000 reinsertados de las Farc? ¿O es que piensan dejarle ese chicharrón al Gobierno?

La verdad es que, hasta ahora, el único conglomerado que ha rodeado al presidente Santos y ha expresado públicamente su apoyo al proceso de paz es el Grupo Empresarial Antioqueño, que hace un par de semanas le dio un espaldarazo a los diálogos en La Habana. ¿En dónde está el resto de la élite empresarial del país? ¿En dónde están los empresarios del Valle, de la Costa, de los Santanderes, de la propia Bogotá? ¿Por qué el silencio sepulcral? ¿Acaso no son los principales beneficiados de un acuerdo de paz? ¿O es que sencillamente no creen en lo que está haciendo el Gobierno?

La antipatía de la élite empresarial frente al proceso contrasta con lo que está en juego. Sin importar el resultado de las conversaciones, nada volverá a ser igual. Si se logra un acuerdo de paz con las Farc, entonces enfrentaremos una nueva Colombia, sumergida en una fase de transición o posconflicto que durará por lo menos diez años. Si los diálogos fracasan, entonces vendrá un recrudecimiento de la guerra: más muertos, más víctimas, más desplazados, más fusiles y más gasto militar, que afectarán, nos guste o no, las posibilidades de crecimiento de las empresas.

Da tristeza que la clase empresarial de este país no esté comprometida a fondo con el proceso de paz, que podría ser la última ventana de oportunidad de lograr una solución negociada para esta guerra de 50 años. Como lo dijo Carlos Raúl Yepes, presidente de Bancolombia, “aquí los reinsertados seremos todos”.

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