Un camino minado

| 9/14/2001 12:00:00 AM

Un camino minado

Los resultados de los bancos en el primer semestre del año son alentadores. Es la primera vez en tres años que las utilidades aparecen en los balances de los banqueros y, en algunos casos, incluso la rentabilidad está aumentando. Sin embargo, todavía falta mucho camino por recorrer y no se puede actuar a la ligera. Cualquier paso equivocado podría echar a perder lo que se ha logrado hasta ahora. Por una parte, la recuperación no es generalizada para todos los establecimientos de crédito sino que se limita a algunos bancos privados. Los bancos hipotecarios siguen con problemas muy serios y la banca pública todavía tiene que reducirse. En ambos casos, hay soluciones en camino, pero la efectividad de ellas está lejos de verse en la práctica.



La nueva línea de crédito que acaba de establecer Fogafin para la capitalización de la banca hipotecaria está prevista para darles oxígeno a estos bancos durante los próximos 12 meses. Si durante este tiempo no encuentran su razón de ser, su supervivencia en el largo plazo quedará en entredicho. Por otra parte, el saneamiento de la banca pública depende de la venta de Bancafé. Si esta no llega a ocurrir, el gobierno tendría que tomar la decisión de liquidar o recapitalizar el banco. Si se decide por la segunda opción, esto querría decir que el problema de la banca pública quedó sin resolver y que se perdió buena parte de la plata que se invirtió en su saneamiento.



En este contexto de vulnerabilidad es difícil entender el contrapunteo que se viene dando entre la banca y Eduardo Pizano, el ministro de Desarrollo, con respecto al crédito de consumo. Es muy posible que desde el ángulo que cada uno lo está mirando, ambos tengan la razón; pero lo cierto es que al país no le hace ningún bien este tipo de enfrentamientos y mucho menos la satanización de un sector que hasta ahora está saliendo de cuidados intensivos.



Si bien las condiciones de la economía colombiana no eran las mejores para el crecimiento de la banca antes de los atentados terroristas del 11 de septiembre en las ciudades de Nueva York y Washington, ahora sí que lo son menos. Muy seguramente, las tendencias hacia la desaceleración de la economía mundial que ya venían, se verán reforzadas por los efectos devastadores de estos atentados sobre la confianza de los consumidores y los inversionistas, no solo en Estados Unidos sino en el mundo entero. La incertidumbre es muy grande y, al menos mientras se despeja el panorama, los flujos de capital entre países serán tímidos y lo serán aún más hacia los países emergentes. Pero esto no es lo único. El comercio mundial también se verá disminuido. Esto significa que el comercio externo, que era la fuente de expansión que habían encontrado los bancos, se reducirá y, por tanto, tendrán que buscar sus fuentes de crecimiento en el mercado interno. Ya hay un grupo de bancos que ha avanzado en este frente y ha logrado así morderles mercado a sus competidores. Lo grave es que bajo estas condiciones el potencial de crecimiento tiene un límite y únicamente los bancos que logren aumentar su productividad, serán los que podrán salir de esta nueva coyuntura que se les presenta.



Las nuevas condiciones mundiales afectarán también la venta de Bancafé y el gobierno tendrá que ir pensando en una salida para que este banco no vuelva a ser el fortín político que fue en el pasado.
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