| 5/21/1999 12:00:00 AM

Un buen primer paso

La decisión de Fogafin de financiar parcialmente el saneamiento y el fortalecimiento patrimonial del sistema financiero privado (ver análisis en la página 58) es un muy buen primer paso para enfrentar una crisis que ya se estaba saliendo de las manos. De haberse tomado hace seis meses, la decisión hubiese costado la mitad. Pero se ha tomado, por fin, una decisión ambiciosa. La cartera improductiva va rumbo de ser movilizada por los nuevos patrimonios autónomos, el capital de las instituciones privadas será fortalecido, la transparencia contable y operativa aumentará. Los incentivos del programa están más o menos bien alineados y la carga del ajuste razonablemente repartida entre accionistas y gobierno. Creemos que es un plan bien estructurado, que incluye las más relevantes lecciones que brinda la experiencia internacional y la propia historia colombiana.



No es, sin embargo, una decisión sin riesgos. En las semanas que restan para implementar las decisiones, el deterioro de la cartera se puede acelerar o la confianza del público en el sistema puede peligrar. La pugna de los accionistas por aligerar su carga puede minar la credibilidad sobre el programa o demorar innecesariamente su desarrollo, en especial en el Congreso. El hueco financiero, creemos, puede ser mayor que el previsto. Todos estos riesgos, no obstante, se pueden enfrentar con buena decisión política.



El programa de saneamiento no es, sin embargo, una decisión completa para la superación de los problemas de deuda mala. Si el deterioro patrimonial sólo fuera de las entidades financieras privadas y la situación macro estuviera despejada, otro sería el problema.



El rápido deterioro de la banca pública requiere con urgencia su propio programa de saneamiento, que costará muchos más recursos y problemas políticos. La mera liquidación de los activos improductivos de los nuevos patrimonios autónomos podría dar al traste con muchas empresas pequeñas y medianas, pues el costo de renegociación de las deudas de las pymes resultará prohibitivo. El deterioro acumulado de gran parte del sector empresarial requiere, sin duda, medidas y recursos complementarios para reestructurar su deuda y quizá convertirla en capital.



Los recursos para el saneamiento se desvanecerían si la economía, a su vez, no se recupera con solidez. Puesto que el deterioro de la economía de los últimos 12 meses destrozó 7 puntos de la cartera, los nuevos recursos podrían desaparecer en poco más de 12 meses. La presión financiera de esta operación reduce el espacio fiscal y obliga a reducir el gasto y a acelerar las reformas estructurales que el gobierno no ha querido o no ha podido adelantar.



Las decisiones de ingeniería financiera de Fogafin no son, entonces, toda la solución. Pero son un muy buen primer paso que debe complementarse. Hay que generar un nuevo ambiente de negocios para romper el círculo vicioso del deterioro financiero y empresarial. Pero, sobre todo, hay que buscar incentivos para inyectar recursos frescos al sistema. Estos podrían provenir de inversión extranjera o, en la transición, de crédito externo.



Pero, sobre todo, tendrán que provenir de la capitalización privada de empresas productivas y financieras. Ante problemas de endeudamiento generalizado, la ingeniería financiera ayuda a ganar tiempo. Sólo la capitalización generalizada es la solución verdadera y sostenible.
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