Tras el talento

| 2/22/2002 12:00:00 AM

Tras el talento

En la economía moderna hay una línea vital que une el crecimiento económico con la innovación, la educación y el talento. La innovación es la única fuente de crecimiento en un mundo presionado por la búsqueda de mayor productividad. La educación de alta calidad es el motor básico de un sistema de innovación. Y el talento humano es el único agente capaz de convertir el aprendizaje recibido en el colegio y la universidad, en innovación productiva que se desarrolla en las empresas. Algunos países que logran articular esta cadena triunfan, mientras otros se quedan por el camino y fracasan.



Entre los primeros están los países del sudeste asiático, que en 50 años de rigurosos programas de educación básica y superior lograron cambiar su posición en el mundo. En Latinoamérica, Chile lo está consiguiendo y hoy es uno de los 10 países con las mayores tasas de crecimiento. Colombia está lejos del grupo de los triunfadores. En el ranking de competitividad que elabora el Foro Económico Mundial (página 18) en conjunto con la Universidad de Harvard, nuestro país aparece en el puesto 60 entre 75 países en el tema de información tecnológica y educación.



Por ese motivo, el trabajo que están desarrollando la Secretaría de Educación de Bogotá y el Icfes en la evaluación de calidad de la educación tiene la máxima importancia (página 26). La concepción moderna de estos sistemas de evaluación, que se concentran en el desarrollo de las competencias del pensamiento antes que en la acumulación de conocimientos; la construcción de bases de datos y sistemas de análisis que permiten identificar las brechas en el desempeño; y el apoyo a los planteles para que superen sus deficiencias, tienen el potencial para cambiarle la cara al sistema educativo colombiano. La tarea es enorme. Los resultados de las pruebas del año pasado muestran que nuestros estudiantes no están en los niveles deseados, incluso en los colegios líderes. Y tenemos un enorme número de planteles donde el desempeño es extraordinariamente deficiente. Por fortuna, tenemos experiencias que muestran cuál puede ser el camino del cambio. Se ha demostrado que los colegios funcionan cuando estudiantes, padres y maestros comparten valores, metas y esfuerzos. El trabajo es de todos y el premio es para todos.



La educación es solo el comienzo de la cadena. Tenemos que trabajar, además, para que el talento logre coronar todas las etapas necesarias para que llegue a rendir su fruto en innovación productiva en las empresas (página 78). No solo en Colombia, sino en el mundo entero, las firmas privadas han perdido de vista en esta época de vacas flacas que su futuro está en el talento que logran atraer y retener. Muchas empresas están recortando gastos sin medir en qué momento se deshacen del talento que guarda la llave de su futuro. Las empresas solo retendrán el talento en épocas de adversidad si logran involucrar a los actores centrales en una visión común. Solo si los dueños del capital y los dueños del talento comparten tanto los sacrificios como los beneficios podrán producir una satisfacción duradera en los consumidores, que es la única tabla de salvación en esta época de profunda turbulencia. Desde el colegio hasta la empresa, la tarea de construir una sociedad mejor, capaz de participar cada vez más en el mundo y competir, nos atañe a todos.
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