| 10/13/2006 12:00:00 AM

TLC, en alto riesgo

Con la probable victoria de los demócratas en las elecciones para Congreso en Estados Unidos, en noviembre próximo, el TLC entra en una etapa de alto riesgo. Cualquier cosa puede pasar.

Una vez terminada la negociación del TLC, el país entró en una especie de somnolencia, como si la tarea ya hubiera terminado y tan solo quedara esperar sentados a que el tratado entre en vigencia. Nada más lejano a la realidad, pues el oficio que sigue es quizás el más duro. Si no se hace bien, la supervivencia misma del acuerdo podría quedar en entredicho.

Las elecciones para Congreso en Estados Unidos se llevarán a cabo a comienzos de noviembre. Las encuestas indican que los demócratas tienen grandes posibilidades de alcanzar la mayoría en la Cámara de Representantes. Esto tiene nerviosos a los seguidores del libre comercio en Washington y también a quienes esperan la ratificación del Tratado de Libre Comercio entre los países andinos y Estados Unidos.

No es para menos. Los demócratas han demostrado su aversión al libre comercio, con el argumento de que representa una amenaza para los trabajadores de Estados Unidos. Muchos temen que el triunfo de los demócratas podría señalar el regreso de las guerras comerciales y el fin del compromiso con la globalización.

La situación se complica más porque en 2007 vence, a mediados de año, el Trade Promotion Authority, o TPA. Esta es la autoridad temporal que el Congreso concedió al Presidente de Estados Unidos para negociar tratados de libre comercio en su totalidad, sin que el Legislativo pueda intervenir en el texto. Mientras el TPA esté vigente, el Congreso solamente podrá aprobar o negar completamente el texto de los tratados aprobados por el Presidente. Sin TPA, cada uno de los miembros del Congreso podría solicitar que se reabriera la negociación de cualquier artículo. En otras palabras, sin TPA, no hay tratado con Colombia.

La agenda legislativa en materia de comercio exterior está saturada. El Congreso de Estados Unidos deberá debatir, a partir de enero, el futuro de la Ronda de Doha y la extensión del TPA y de la Farm Bill (el programa de subsidios agrícolas vigente por cinco años), que también vence el año entrante. La ratificación del TLC con los andinos no está a la cabeza de las prioridades.

El TLC debe estar listo para la firma de los dos gobiernos desde el 22 de noviembre, pues en esa fecha se cumplen 90 días a partir del momento en que el presidente Bush comunicó al Congreso sobre su negociación. Por tanto, podría ser presentado al Congreso en cualquier momento. Todo depende, sin embargo, de que el presidente Bush considere que hay ambiente para presentarlo.

Si el acuerdo es presentado al Congreso antes de que venza el TPA, la probabilidad de que sea ratificado es alta, a pesar de la oposición de los demócratas. Sin embargo, si el TLC es presentado cuando se haya vencido el TPA, la posibilidad de que sea aprobado se reduce considerablemente, pues conllevaría una nueva negociación del mismo, esta vez con la injerencia del Congreso.

Colombia, y en particular los empresarios, le han apostado fuertemente a este tratado. Si este llegara a fallar, el país quedaría sin rumbo, al menos en el corto plazo.

Es importante que tanto el gobierno colombiano como los empresarios tengan las fechas en mente. Deben hacer todo el lobby necesario para asegurar que el TLC no salga de la agenda del primer semestre en el Congreso de Estados Unidos.

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