| 5/27/2005 12:00:00 AM

TLC y Agro

Pensar en el largo plazo, olvidándose de los intereses particulares, es la única forma de negociar un TLC que beneficie a todos los colombianos.

Hace poco se presentó una minicrisis en las negociaciones del TLC cuando Jens Mesa, presidente de Fedepalma, amenazó con romper con el gobierno si no retiraba una oferta hecha por Colombia a Estados Unidos, en la cual planteaba una mayor apertura del mercado doméstico de aceite de palma. La crisis pasó, por fortuna, pero fue una muestra de lo que nos espera en la etapa final de la negociación. El agro, el tema más difícil, comienza a negociarse y el incidente deja ver cuáles serán las pasiones y presiones que se desatarán a su alrededor.

Resulta paradójico que ante la amenaza de un gremio, del cual era de esperar que defendiera los intereses de sus agremiados, el presidente Uribe vacilara y estuviera a punto de echar para atrás en la negociación. Fue el gobierno de Colombia el que solicitó a Estados Unidos la negociación de un acuerdo de libre comercio. Lo hizo porque estaba convencido de que era la única forma de acelerar el crecimiento e incentivar la inversión. Desde el comienzo se sabía que habría ganadores y perdedores y que estos últimos buscarían mantener el statu quo. ¿Cómo justificar un cambio de estrategia en este momento?

La interlocución con el sector privado en las negociaciones es fundamental. No obstante, cuando no hay consenso, el gobierno debe tomar decisiones velando por que el interés público prime sobre el privado.

En el caso de la palma de aceite, ni siquiera el gremio se ha puesto de acuerdo. Algunos empresarios han asumido una posición defensiva, para mantener cerrado el sector. Otros creen que la única forma de sobrevivir a la competencia mundial es abrir el mercado doméstico, para obtener a cambio acceso al mercado de Estados Unidos, donde ven una gran oportunidad.

Colombia aplica un estímulo al cultivo, que paga precios superiores a los internacionales por el aceite de palma. Pero si la producción supera la demanda interna, como ya ocurre, el excedente debe exportarse al precio internacional. El desequilibrio no se ha sentido, porque la diferencia entre los dos precios se cubre con los recursos del Fondo de Estabilización de la Palma. Este esquema solo es viable si los excedentes de producción son pequeños. El modelo colapsaría si la producción aumentara.

Esto es exactamente lo que va a suceder. Como resultado de la política de precios, las siembras han aumentado y se prevé que en pocos años la producción llegará a 1'000.000 de toneladas, prácticamente el doble de la demanda interna. ¿Con qué recursos se va a subsidiar la exportación de 500.000 toneladas?

La demanda interna podría incluso ser menor que la actual si, como se rumora, importantes procesadores se trasladan a Ecuador, donde la palma se compra al precio internacional y donde las negociaciones con México y Chile lograron mejores condiciones de acceso que las que se pueden obtener al exportar desde Colombia.

La alternativa para el sector es buscar un acceso real a Estados Unidos, donde se está abriendo un espacio para el aceite de palma, por dos razones: uno, la demanda de China está absorbiendo las exportaciones de Malasia y desabasteciendo el mercado estadounidense. Y dos, el aceite de palma es una solución para los ácidos grasos trans, que amenazan la salud. La FDA exige que, a partir del 1 de enero de 2006, los productores de alimentos indiquen en las etiquetas de los productos el contenido de ácidos trans. Esto ha fortalecido la demanda por aceites sin ácidos trans -como el aceite de palma-, en contra del aceite de soya, el más consumido en Estados Unidos.

Para los propios palmeros, la mejor opción es que el gobierno colombiano mantenga en la negociación del TLC una posición ofensiva para lograr el acceso. Y lo es también para los consumidores colombianos, quienes terminan financiando el Fondo de Estabilización de la Palma al verse obligados a pagar precios más altos por los productos finales.

La obsesión por la protección no permite ver las evidentes oportunidades que se abren para un sector como el de la palma. Pero esto pasa cuando se pierde de vista que la única forma de negociar es pensando en el largo plazo y olvidándose de los intereses particulares.
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