| 6/18/1999 12:00:00 AM

Tiempo de cambio

Al finalizar junio, la situación económica está más difícil que nunca. El PIB urbano caerá cerca de 6%, el desempleo llegará al 20%, la salud del sistema financiero sigue en entredicho y avanza raudo un nuevo ataque cambiario.



En su primera entrevista (Dinero No. 68, agosto 31 de 1998), el presidente Andrés Pastrana anunció: "Busco ajustar decididamente las finanzas del Estado, fortalecer nuestro sistema financiero y aumentar con todo entusiasmo las exportaciones. (...) Tras los primeros doce meses, lograremos poner en marcha un proceso dinámico de crecimiento de la producción y del empleo, de la inversión, de la educación y de la competitividad de la economía". Hoy es claro que el sueño presidencial se ha desvanecido. Los ajustes no se han dado y la recuperación económica aún no está cerca.



Incluso con las pesadas herencias y la situación internacional, la política económica perdió el año.



En materia fiscal, aumentaron los impuestos (no los recaudos) y recortaron inversiones, sin meterle el diente al sobredimensionado y corrupto aparato estatal heredado. Por el embeleco de la reforma política, la Corte Constitucional y el desafortunado proceso del Plan de Desarrollo (que no existe un mes después de aprobado), se embolataron las reformas estructurales del fisco: ni la flexibilización y redistribución de las transferencias territoriales ni el nuevo estatuto tributario territorial ni la reforma de las finanzas universitarias ni la reforma de las pensiones ni los estímulos a la inversión que anunció el ministro de Hacienda para acompañar su reforma tributaria (Dinero No. 73, 17 de noviembre 1998) llegaron o salieron del Congreso. El panorama de las finanzas públicas poco ha cambiado. Sin que se vislumbre un cambio, el déficit fiscal para el 2000 podría ser el doble que en el gobierno anterior.



El manejo del Banco de la República, cuya junta preside el Ministro de Hacienda, ha impedido adoptar oportunamente las decisiones cambiarias y monetarias que hubieran evitado el deterioro externo y financiero. La férrea defensa del indefendible cambiario le ha costado mucho ingreso y empleo al país y le ha impedido cimentar la estrategia exportadora. Ahora, en forma tardía, y con presiones inducidas por Wall Street, les tocará, con mayor riesgo, adoptar una política cambiaria sostenible. La también tardía puesta en marcha del salvamento de entidades financieras ­nada de lo anunciado hubiera sido imposible de hacer en septiembre­ le costará al fisco no menos de US$5.000 millones adicionales y al crecimiento económico no menos de 2 puntos anuales en lo que resta del gobierno.



Aun ante la evidencia, el gobierno no ha tomado en serio el problema del desempleo.



El equipo económico se rajó. El Presidente necesita un nuevo equipo para llevar adelante sus sueños que, un año después, siguen siendo válidos y urgentes. Pero no es sólo cambio de caras. Se requiere sobre todo una nueva estrategia macroeconómica que, más que quejarse y acomodarse, anticipe y solucione los problemas. Si persiste el gradualismo perezoso y descoordinado de su primer año, el país podría no tener crecimiento per cápita en este gobierno. Se requiere, con urgencia y seriedad, preparar un tratamiento de choque fiscal y cambiario para sacar del Congreso y el Banco de la República. El 20 de julio es una fecha clave.



Sólo con un cambio sustancial de políticas, las empresas y las familias podrán salir de este marasmo económico. El Presidente Pastrana no puede perder más tiempo.
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