| 2/6/2009 12:00:00 AM

Tentaciones peligrosas

Es preocupante ver cómo, para aliviar el inconformismo social previsible por cuenta del menor crecimiento, el Gobierno pueda optar por utilizar medidas populistas.

Las noticias de enero sobre la situación económica mundial no pudieron ser peores. Los datos publicados a lo largo del mes confirmaron que la crisis será más profunda y se extenderá más de lo previsto inicialmente.

Esta nueva información cayó como un baldado de agua fría, pues al finalizar el año 2008 quedó la sensación de que lo peor había pasado. Los mercados incluso repuntaron por esos días.

Al finalizar enero, sin embargo, el Fondo Monetario Internacional, reconocido por ser una de las instituciones más conservadoras y ajenas al alarmismo en el mundo, redujo su proyección de crecimiento global a 0,5% para 2009 y advirtió que existe el riesgo de que deba reducirla aún más.

Hasta ahora, la rudeza de la crisis se ha sentido en el mundo desarrollado, en particular en Estados Unidos y Europa. No obstante, más temprano que tarde se sentirá en los países emergentes, incluso en China. Contrario a lo que se llegó a pensar en algún momento, China no será el amortiguador de la caída de la economía mundial.

Colombia, en términos generales, está en una posición relativamente buena para enfrentar lo que viene, o al menos está mejor que muchos otros países. Sin embargo, también se verá afectada, incluso más allá de lo que están mostrando las proyecciones actuales. El país es vulnerable frente a la caída de la demanda mundial, pero sobre todo frente a la recesión de Ecuador y Venezuela, que son el segundo y tercer destino de exportación de los productos colombianos.

La desaceleración de la economía colombiana es grave y muy preocupante, pues golpea fuertemente al empleo y, en especial, el empleo menos calificado. En las crisis, los pobres son siempre los más afectados. No tienen cómo aguantar y los efectos sobre su bienestar se presentan en forma directa e inmediata.

El gobierno colombiano ha anunciado un mayor déficit como estrategia anticíclica, así como un plan de choque en infraestructura, cuyo valor estima en $55 billones. De igual forma, ha incrementado el presupuesto del programa Familias en Acción en un 85%. Además, en un Consejo Comunal reciente, el presidente Uribe anunció su intención de utilizar vigencias futuras como garantía para que los departamentos puedan acceder a créditos del Banco Agrario y Findeter y anticipar inversiones previstas para los años 2009, 2010 y 2011.

Sin embargo, este plan tiene como supuesto un crecimiento de 3% para la economía en 2009 y, por ende, supone también que el malestar social será mínimo.

Pero, ¿qué pasará si la caída es mayor a la prevista por el Gobierno? ¿Cómo expresarán su descontento los colombianos? ¿Cómo incidirá esta situación sobre la vida política e institucional del país, justo cuando el mandato del presidente Uribe está terminando y nos preparamos para las elecciones de 2010?

No existe el espacio fiscal para hacer mucho más de lo que se ha anunciado. El plan del Gobierno incluso implicaría hoy un déficit fiscal muy superior al previsto, dados los optimistas supuestos que se emplearon para su cálculo.

Una política anticíclica, focalizada en la protección de los más pobres, es loable y necesaria. Sin embargo, hay que tener cuidado con lo que se gasta y cómo se gasta. Un episodio de gasto desordenado y determinado por consideraciones políticas no solamente haría poco por estimular la economía en la coyuntura de crisis, sino se convertiría en una amenaza para la sostenibilidad en el largo plazo. Este sería el peor resultado posible.

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