Sueños del 2001

| 12/7/2000 12:00:00 AM

Sueños del 2001

Aunque pudo ser mejor, el año 2000 también pudo ser peor. El nuevo año no tiene por qué ser mediocre: tiene que ser mucho mejor. Este es el punto de vista de Dinero para nuestros lectores en esta Navidad.



A comienzos de este año, el panorama económico era oscuro. Los balances de las empresas evidenciaban los malos resultados del 99 y el sector financiero resentía la presión. El Banco de la República dudaba en la transición hacia un nuevo manejo monetario y cambiario. El gobierno trastabillaba frente a los compromisos del acuerdo con el Fondo Monetario. Y el desempleo seguía en aumento.



Los críticos han hecho sus puntos. Decisiones más rápidas o de mayor profundidad hubieran permitido una recuperación tan sólida como la de Brasil, Chile o México. Mayor coordinación y consenso del gobierno con las Cortes o el Congreso habrían disminuido la incertidumbre para el mundo empresarial. Una capitalización más sana de los bancos y las empresas habría sido mucho más eficaz. Una reestructuración ambiciosa del Estado habría dado mucho mayor margen de maniobra económica y social. Una acción del gobierno nacional sobre el desempleo o sus consecuencias habría disminuido la tensión social. Una negociación con más claras reglas del juego habría amainado la zozobra.



Pero la crítica tampoco puede obnubilarse. A finales del año, el crecimiento resultó positivo, las posibilidades exportadoras se multiplicaron, los balances han vuelto al azul y el sector financiero privado no hipotecario tiene mejores resultados. La inflación y la tasa de cambio ya no invitan al nerviosismo. El ritmo de los negocios indicaría los primeros pasos de un auge por venir. El gobierno de Estados Unidos se ha comprometido como nunca con Colombia. Estos son signos para la satisfacción, aunque no para la complacencia.



El año 2001 tiene que ser mucho mejor. Hay que dejar de congraciarnos con nuestras desgracias y dejar de ver en ellas nuestro destino. No puede ser que el temor y la paranoia continúen como el signo de la vida cotidiana; que el crimen organizado y la delincuencia política continúen monopolizando toda la atención; que el país siga queriendo recostarse en el Estado y sus finanzas para resolver todos los problemas. No puede ser que en materia política y de reformas económicas nos contentemos con tan poco. Toda falla corregible debe corregirse. El vacío de poder que hoy sentimos y el crash económico que podríamos tener sin decisiones no son inevitables.



Si el país logró algún progreso en el 2000 aun con tímidas decisiones, ¿cuánto habría logrado con mayor ambición y firmeza? Al comenzar el próximo año, el país respirará un aire fresco con la renovación de los alcaldes y gobernadores, y las nuevas mayorías en la Corte Constitucional y en la Junta del Banco de la República. ¿Por qué no aprovechar este airecito para generar un nuevo ambiente que les permita avizorar futuro a todos los colombianos?



En los momentos de máxima tensión, las buenas decisiones tienen el máximo impacto. Ahora, cuando se acercan las elecciones, el gobierno podría proponerse pasar a la historia no por posponer todos los problemas, sino por arriesgarse a tomar las mejores decisiones para el país asumiendo todas sus consecuencias. Y, ahora, cuando por fin llegamos al siglo XXI, los empresarios y líderes podrían mostrar su verdadera garra y ambición de país.



Con un gobierno más valiente, unos empresarios más arrojados y un país que vuelque su ambición hacia el futuro, podremos tener un año 2001 mucho mejor. Y muchos más años mejores. Es nuestro deseo de fin de año.
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