| 6/1/1997 12:00:00 AM

SOLUCION DE TEGUA

"En el próximo plan de empleo de este gobierno se establecerá que se crearán 500.000 empleos adicionales pero con signo negativo".

LA ECONOMÍA ESTÁ quieta. Nadie quiere invertir. Todos los agentes económicos están a la espera de tiempos mejores. Mientras tanto aumenta el desempleo y para colmo de males el gobierno cambia las reglas de juego cada minuto. En este año, por ejemplo, el sector privado ha estado sometido a cuatro legislaciones diferentes con respecto al crédito externo. También a varias amenazas de cambios tributarios y a modificaciones de los aranceles. En este último campo se anuncia que habrá un nuevo aumento, así ello vaya en contravía del acuerdo de integración con Venezuela.



Un aspecto que impide que se consoliden las expectativas de reactivación es la presencia de un creciente déficit fiscal, tal como lo advierte el Fondo Monetario Internacional. A pesar de la gravedad de la situación, el ministro de Hacienda se declara incapaz de resolver el problema (dice que no es su responsabilidad). Y no faltan voces prestigiosas, como la del presidente de la Asobancaria, que se muestran partidarias de aumentar el déficit fiscal como solución a la recesión.



El déficit fiscal hay que financiarlo de alguna forma. Si es con crédito externo se genera un endeudamiento que termina convirtiéndose en pesada carga para la economía, sin mencionar las presiones revaluacionistas que ocasiona y el nefasto impacto de éstas sobre la actividad económica interna. Si es con la colocación de títulos de deuda pública en el mercado interno de capitales, su impacto negativo es inmediato sobre el nivel de las tasas de interés y sobre las posibilidades de financiación de la inversión privada (y también se acentúan las presiones revaluacionistas por los mayores diferenciales entre las tasas internas y las externas). En ambos casos, con la creciente carga del servicio de la deuda, se compromete la capacidad de inversión del Estado en años futuros.



La financiación del déficit fiscal es, entonces, problemática, crea distorsiones en el sistema productivo y conlleva costos. Quienes consideran que la solución mágica es aumentar el déficit deberían al menos referirse a los efectos negativos para la sociedad de esta peregrina propuesta. El despiporre y la irresponsabilidad en el manejo de las finanzas públicas generan incertidumbre, desempleo y estancamiento. Sencillamente porque la cuenta hay que pagarla de alguna manera, así algunos teguas se hagan la ilusión contraria.
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