| 8/31/2011 6:00:00 PM

A soltar las riendas

Con la economía mundial hecha trizas, la pelota vuelve a estar en el campo de los bancos centrales. El Banco de la República, a bajar los intereses.

Recesión. Crisis. Doble caída. Debacle. Pánico. Esas son algunas de las palabras más repetidas por estos días en la prensa económica y financiera del planeta. Y no es para menos. La delicadísima situación de algunos países de Europa y las malas cifras que viene arrojando la economía de Estados Unidos han motivado ríos de tinta sobre el Armagedón económico que espera a la vuelta de la esquina. En medio de la paranoia y el estrés, todas las miradas se posan otra vez sobre los salvavidas de siempre: los bancos centrales del mundo.

Desde los más poderosos hasta los más pequeños, los banqueros centrales tienen encima una espada de Damocles. El más importante de todos –la Reserva Federal de los Estados Unidos– anunció la semana pasada que dejará los intereses en 0% por los próximos dos años, un compromiso riesgoso y nunca antes visto. Aunque su presidente, Ben Bernanke, dijo durante el encuentro anual de banqueros en Jackson Hole que por ahora no emitirá un nuevo paquete de estímulo monetario (QE3), dejó claro que en cualquier momento podría sacar de la manga nuevas medidas para apoyar la economía. A pesar de este compromiso, su discurso ha sido ampliamente criticado por no lograr calmar los mercados.

El Banco Central Europeo (BCE) también está en el ojo del huracán, por cuenta de sus controvertidos cheques a Italia y España. Está en el banquillo de los acusados por sus alzas de tasas en abril y julio, que elevaron los intereses en la Eurozona a 1,5%. El premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, criticó fuertemente al BCE y lo alentó a corregir su curso y reducir sus intereses, con el fin de sincronizar las políticas financieras de la Unión con las de Estados Unidos. “La actual política monetaria del BCE hace subir el euro y con ello perjudica las exportaciones alemanas, que son la locomotora de Europa”, dijo el nobel estadounidense el pasado 29 de agosto.

Y es que con la economía mundial al borde de una nueva recesión, la pelota está otra vez en el campo de los bancos centrales. Tanto en Estados Unidos como en Europa, la política fiscal tiene las manos atadas y el único margen de maniobra está en la política monetaria. Los países más pequeños están en la misma situación. Dinamarca acaba de recortar tasas y anuncia un nuevo paquete bancario. Lo mismo hicieron los bancos centrales de Turquía y Suiza, al recortar sus intereses a 5,75% y 0,25% respectivamente.

En América Latina, casi todos los bancos centrales siguen a la espera de lo que pase afuera. El pasado 26 de agosto, el Banco Central de México dijo que mantendría sus tasas en 4,5%, dando como explicación el deterioro del escenario global y el impacto que eso pueda tener sobre la economía mexicana.

Hace dos semanas, el banco central de Perú también mantuvo sus tasas en 4,25%.El presidente del banco central peruano, Julio Velarde, dijo en una carta enviada al Ministerio de Economía que “actuará de forma proactiva frente a la crisis mundial, modificando de manera consistente su posición de política monetaria”.

El Banco Central de Chile está virando el rumbo. En su reunión del 18 de agosto, dejó quietos los intereses en 5,25%. Además –y lo que es aún más importante–, cambió el tono de sus comunicados. Por primera vez en mucho tiempo, sugirió la posibilidad de bajar en el futuro las tasas de interés, dependiendo del curso que tomen los acontecimientos en el mundo. El ministro de Finanzas, Felipe Larrain, fue explícito en afirmar que esto podría ocurrir en un futuro próximo.

En Brasil, todo apunta a una reducción de tasas de interés antes de terminar el año. El nivel actual de 12,5% parece insostenible frente a una economía que empieza a mostrar serias señales de enfriamiento. La presidente Dilma Rousseff reconoció que su país comienza a sentir el contagio de la crisis global, pues en el mes de junio disminuyeron la actividad manufacturera, el consumo y la generación de empleo.

Colombia no es ajena a todo esto. El pasado 19 de agosto, el Banco de la República decidió dejar quietos los intereses en 4,5%, por primera vez desde febrero pasado.

“El aumento de la incertidumbre de los mercados financieros internacionales y su posible efecto en el crecimiento de la economía mundial fue un elemento clave para dejar quieta la tasa”, dijo el gerente del Emisor, José Darío Uribe. Pero eso no es suficiente. El Banco de la República debería estar empezando a bajar las tasas de interés. Unas tasas más bajas ayudarían a suavizar la apreciación del peso, desincentivando la especulación. También ayudarían en caso de un derrumbe de los precios de las materias primas como el que sucedió en la crisis de 2008.

Es hora de relajar la política monetaria. No vale la pena arriesgar la poca creación de empleo que tenemos por cuidar una inflación que no existe. Hay que soltar las riendas y comenzar a bajar los intereses. Unas tasas de interés altas, con profundización de la revaluación y rebaja en los aranceles, representan el escenario menos adecuado para enfrentar una crisis mundial.

La lucha contra el desempleo debe ser ahora la absoluta prioridad. El desempleo y la falta de oportunidades son el detonante que convierte una recesión económica en una crisis social y política. Las protestas masivas alrededor del planeta, desde El Cairo hasta Madrid y Londres, tienen su origen en la desesperanza de millones sobre su seguridad económica. Colombia no está a las puertas de un malestar social similar, pero una crisis económica global podría materializar ese escenario más rápidamente de lo que muchos sospechan. Debemos protegernos contra ese riesgo. Todavía estamos a tiempo.
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