| 7/1/1995 12:00:00 AM

Solidaridad chimba

POR PRIMERA VEZ en la historia reciente del país, la situación política está afectando negativamente la economía. La caída del peso y de las bolsas, la parálisis de la inversión extranjera y doméstica (tan necesaria para generar empleo y construir la infraestructura física), la suspensión de negocios en marcha, son todos síntomas de que la crisis política esta frenando la economía. Ahora empiezan a subir nuevamente las tasas de interés. El próximo paso es una recesión. Y para rematar, gin gobierno sobre el que existen las peores dudas, trata de hacer una reforma tributaria para sacarle plata a los mismos contribuyentes de siempre.

Todo por culpa de un presidente que coloca sus intereses sobre los de su país. Samper es el exclusivo responsable del manejo de su campaña. El resto de los colombianos no tuvimos nada que ver con esa sórdida "empresa". Sin embargo, estamos pagando las consecuencias de la corrupción en esa campaña. No son los "enemigos" ni los "malquerientes" de Samper quienes hicieron trampa para ganar las elecciones.

Es comprensible desde el punto de vista personal que Samper desvíe la atención y le eche la culpa de lo que está pasando a quienes no la tienen. Al fin y al cabo Samper es un político y como tal es experto en desconocer su culpa.

Pero es incomprensible que distinguidos empresarios colombianos pidan solidaridad con un presidente que ha colocado al país en la encrucijada actual debido a sus propios y exclusivos malos manejos. Solamente los que se llaman a sí mismos "conservadores" superan en miopía a algunos que se dicen voceros del sector privado. Pero los políticos "conservadores" se benefician del gobierno con puestos, mientras los empresarios (y el resto del país) sufren las funestas consecuencias de un presidente que dejó de gobernar hace rato.

Es de una ingenuidad asombrosa confundir las instituciones con la persona del presidente. Las personas pasan. Los elegidos se deben a sus electores.

Son esos electores los que deben decidir si quieren seguir con un presidente que está conduciendo al país por el sendero del desastre político y económico. Nadie en su buen juicio (y menos empresarios que actúen con racionalidad económica) puede ser solidario con políticos emproblemados por la trampa que hicieron durante la campaña que los eligió.
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