Septiembre 15: fecha clave

| 9/1/2000 12:00:00 AM

Septiembre 15: fecha clave

Se acercan tiempos interesantes.

Los procesos de cambio, no siempre tan rápidos como quisiéramos, a veces se aceleran y toman giros inesperados. El 15 de septiembre próximo es una de esas fechas de grandes decisiones empresariales y fiscales.



El 15 de septiembre, el gobierno se comprometió a anunciar el comprador de sus acciones en Carbocol. Con ello se cerrará el hueco fiscal de uno de los negocios más costosos del gobierno en la historia. Y se abrirán, paradójicamente, más oportunidades para nuestro desarrollo carbonífero con los mejores operadores internacionales.



El 15 de septiembre también se anunciará la decisión final sobre la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá. Además de su impacto sobre las finanzas públicas, el mercado de divisas o el acuerdo con el FMI, esta decisión afectará el futuro empresarial. Con empresas públicas emproblemadas, nos estamos rezagando en la nueva carrera de la conectividad. Tanto como el precio de la subasta, la decisión final debería ponderar las condiciones de competencia, buen servicio y bajos precios del nuevo operador para desarrollar las telecomunicaciones.



El 15 de septiembre, finalmente, el Congreso definirá el monto del presupuesto de la Nación para el año 2001. No es una decisión trivial. De esta definición pende el futuro financiero del final de gobierno. Si el nuevo ministro repite el error de sus antecesores, de continuar expandiendo la participación del gasto público en el PIB (aumentar el gasto 15% o 20% ante un PIB nominal que no crecerá más de 11% es solo eso), el problema del financiamiento del año entrante será monumental y reversará la recuperación de la economía. El gobierno y el Congreso tienen que dar la seña del verdadero cambio.



La decisión presupuestal también revelará, por primera vez, la estrategia macro del ministro Santos. Este recibió múltiples tareas para generar un equilibrio fiscal en pocos años: el control del gasto en el corto plazo y en sus tendencias de largo plazo, el uso eficiente del patrimonio público y la mejora del sistema impositivo. La solidez de cada decisión es muy importante. La reforma tributaria, más que llenar en el corto plazo las arcas fiscales, debe reorientar el modelo de desarrollo del país, con estímulos a invertir y capitalizar, a generar conocimiento y empleo. Una reforma de largo plazo que se sostenga por toda la década. La descentralización y la seguridad social tienen que ser reformadas a fondo. El control del gasto debe buscar, más que disminuir los pagos, una profunda reforma en la organización del Estado para mejorar mucho la calidad de los servicios. Y más que dejar huecos para disparates electorales, hay que atreverse a poner reglas firmes para una expansión de la economía civil mayor que la del gobierno.



Tan importante como la calidad y la profundidad de cada una de las decisiones, su secuencia resulta crítica, porque el capital político no es tan grande ni durará mucho tiempo. Si se toman primero decisiones expansivas de gasto, esperando después los ingresos tributarios y dejando para más tarde las reformas estructurales, el resultado puede ser insostenible. ¿Por qué no mejor exagerar primero la prudencia en el presupuesto (aumentando el gasto apenas como la inflación esperada), concentrar toda la atención de las sesiones del Congreso en las reformas estructurales (con prioridad a la ley de responsabilidad fiscal) y dejar la gran reforma tributaria para sesiones extraordinarias en enero?



El 15 de septiembre será, entonces, un día muy importante. Las decisiones de esas 24 horas traerán grandes consecuencias. Para las autoridades, sabiduría y suerte.
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