Satanización peligrosa

| 5/27/2003 12:00:00 AM

Satanización peligrosa

La independencia de la junta del Banco de la República es un activo valioso que hay que preservar.

Hay temas cuya discusión nunca termina, como el de la independencia de la Junta del Banco de la República. Para quienes hemos seguido de cerca la evolución de la Junta desde su creación en 1991 no deja de sorprender cómo, cada vez que esta adopta medidas que de alguna forma lesionan los intereses de unos cuantos, la reacción inmediata es la presentación ante el Congreso de un proyecto de reforma constitucional que pretende eliminar su carácter de independiente.

Dos hechos recientes, el aumento de la tasa de intervención del Banco de la República y la revaluación del peso, pusieron el tema nuevamente en el ojo del huracán. No se hizo esperar la presentación de un nuevo proyecto de reforma para modificar las funciones de la Junta y quitarle independencia al Emisor.

Resulta preocupante, sin embargo, que las críticas a las medidas que la Junta adopta se hagan con frecuencia sin que sus autores comprendan las razones por las cuales ellas fueron adoptadas, ni las consecuencias que tendría la falta de acción del Banco en un momento determinado. Es alarmante el escaso entendimiento que hay, incluso entre algunos legisladores, respecto a la importancia que tiene para el país la existencia de un ente independiente del Ejecutivo, que pueda tomar decisiones difíciles con el fin de salvaguardar los intereses de la Nación.

Quizás lo más importante para evitar confusiones en el debate es entender que el Banco de la República no hace magia. A muchos les gusta pensar que esa entidad maneja las tasas de cambio e interés a su antojo. Es verdad que tiene instrumentos que permiten reducir la volatilidad en los movimientos de estas tasas, pero las tendencias de fondo no las determina la Junta sino que las decide el mercado, el cual, a su vez, reacciona ante condiciones macroeconómicas internas y externas que están por fuera de las manos del Emisor.

El Banco de la República cuenta con herramientas técnicas para contrarrestar las tendencias del mercado, como los diferentes tipos de subastas. Pero hay un límite. Nadie puede ser más grande que el mercado. Por tanto, satanizar la Junta y pretender quitarle su independencia por cuenta de algo que de todos modos ocurriría (solo que involucrando mayor volatilidad y variaciones más drásticas en ausencia de la intervención) es un error monumental.

Si hoy la tasa de cambio es competitiva en términos reales, la inflación es reducida y la tasa de interés real está en los niveles más bajos de la historia, es porque la Junta actuó en el pasado con independencia. Precisamente, en esto está la credibilidad de sus decisiones.

Así lo entendieron los congresistas de la Comisión I del Senado que, en el primer debate, votaron en contra de la eliminación de la independencia de la Junta que proponía el proyecto de reforma constitucional presentado por el senador Camilo Sánchez. Infortunadamente, el punto, aunque fue retirado, no quedó eliminado en ese primer debate. Eso significa que podría ser reintroducido en cualquier de los siete debates pendientes, con el riesgo de que llegue a ser aprobado.

La independencia de la Junta no es un lujo, sino una necesidad. Vela por los intereses del país, genera confianza entre los inversionistas y nos abre las puertas en los mercados internacionales. Es hora de que los colombianos entendamos las ventajas del sistema de banca central que tenemos y que el Congreso, en lugar de dedicar sus energías a proyectos que poco bien le hacen al país, enfoque sus energías en sacar adelante las reformas que sí son importantes para mejorar la calidad de vida de los colombianos.
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