Rumbo al NAFTA

| 2/25/2000 12:00:00 AM

Rumbo al NAFTA

La búsqueda del ingreso de Colombia al NAFTA, la iniciativa económica más importante del Presidente desde el 7 de agosto de 1998, tiene que poner a pensar al país y a actuar a todo el mundo. El entusiasmo con que fue recibida la propuesta por los 800 empresarios que asistían a la reunión del Foro de Competitividad en Cali ha contrastado con la frialdad, indiferencia u hostilidad de los analistas de la prensa nacional, quienes se han anticipado a descalificar la iniciativa del Presidente como un globo para el país, inoportuno y poco viable en el corto plazo en el Congreso estadounidense. En Dinero creemos que el país debe tomar en serio al Presidente. Más que una propuesta de corto plazo, el Presidente le ha planteado al país una verdadera visión de futuro para nuestra actividad económica. Más que de sembrar dudas sobre el supuesto carácter bobalicón de la apertura, o de poner toda la capacidad de trabajo de la Mincomercio en propuestas que no van a ninguna parte, como la de mirar hacia el Sur para tratar de mantener una comunidad Andina o intentar ingresar a Mercosur, se trata ahora de acelerar la integración con Norteamérica, el mercado más grande del mundo y en especial con Estados Unidos, la economía más dinámica. Ese es nuestro mercado natural. No solo para el intercambio comercial, sino de capitales. Para expandir la economía y el empleo en Colombia hay que buscar la demanda y los capitales donde los hay en abundancia. Con US$10.000 millones más de exportaciones no tradicionales y de inversión extranjera, nuestra perspectiva de desarrollo económico y social cambiaría radicalmente. El gobierno tenía que comenzar a pensar en grande y lo ha hecho con gran oportunidad. No hay duda de que el norte es el Norte. El verdadero modelo de desarrollo alternativo es el comercio. La verdadera sustitución de cultivos es el acceso a los mercados internacionales. La propuesta no puede evaluarse por su viabilidad de corto plazo o por la ausencia de dificultades allá y acá para llevarla a cabo. Es, sobre todo, una ambiciosa iniciativa presidencial que aterriza la eterna discusión sobre competitividad y le da sentido y valor a nuestro futuro empresarial. Al Presidente también lo tiene que tomar muy en serio su propio gobierno. Para la credibilidad de la propuesta, se requiere pronto un plan de implementación. El país tiene que estar dispuesto a avanzar rápido en los temas laborales y ambientales. Así como en la protección de inversiones y en los compromisos de estabilidad de las reglas del juego para los negocios. Y también en el logro de consensos no defensivos del gobierno con los distintos sectores de la economía. El país empresarial tendrá que construir con el gobierno equipos de negociación más sólidos, estructurados y representativos que los que hasta ahora se han visto en el Caguán. En el próximo foro de competitividad en San Andrés, antes de seis meses, que promete ser el más importante foro empresarial de muchos años, la agenda de trabajo no puede ser otra. Para que el próximo gobierno estadounidense nos tome en serio, hay que construirle viabilidad técnica y política interna a la iniciativa del Presidente. Si el Presidente se ha atrevido a pensar en grande en materia económica, ni el país ni sus líderes de su opinión ni su gobierno pueden quedarse en pequeñeces. A la propuesta del NAFTA no pueden pretender responderle con NAFTAlina.
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