| 11/13/2009 12:00:00 PM

Revaluación y medidas

Poco se puede hacer para evitar la revaluación del peso frente a la tendencia devaluacionista del dólar en los mercados globales. Así quedó demostrado en el último mes.

Cuando, a comienzos de octubre, el precio del dólar rompió la barrera de los $1.900, se hizo evidente que el Gobierno intervendría de alguna forma para evitar que el peso siguiera revaluándose. Sin embargo, un mes después de la adopción de varias medidas -y no solo intervino el Gobierno, también el Banco de la República- el dólar se mueve dentro del rango de $1.900 a $2.000.

La tendencia devaluacionista del dólar viene de los mercados financieros internacionales. No obstante, dentro de Colombia hay factores internos que agudizan la tendencia. En esta oportunidad, los culpables internos no son las exportaciones, el sector privado o los inversionistas de portafolio. El responsable principal es el propio Gobierno, a través de las monetizaciones de su endeudamiento externo.

El Gobierno actuó sobre variables relacionadas con su propia gestión. En consecuencia, procedió a anunciar que no monetizará deuda en lo que resta del año, y tampoco lo hará en el caso de los US$500 millones de recursos que Ecopetrol debe pagarle. Posteriormente, Ecopetrol anunció que no monetizará más recursos en este año. Además, el Gobierno redujo a cero el arancel para la importación de materias primas no producidas en el país.

El Banco de la República también entró en acción al anunciar que la expansión monetaria de fin de año se atendería mediante la compra de dólares y TES por un monto de $3 billones. De tal manera, al comprar dólares en el mercado ayudaría a depreciar la moneda. No estableció, sin embargo, montos o fechas para las intervenciones.

Las medidas del Gobierno son positivas, en tanto alivian temporalmente la presión sobre el tipo de cambio. Además, se le debe reconocer que en esta ocasión no optó por subsidios directos para recompensar a los exportadores por sus pérdidas cambiarias, ni impuso controles de capital.

Sin embargo, las medidas están lejos de ser una solución para evitar la apreciación del peso, más aún frente a las necesidades de financiación del gobierno y los crecientes flujos de inversión extranjera previstos para los próximos años. Tarde o temprano, el Gobierno tendrá que traer los recursos que tiene en el exterior, así como los nuevos que contrate.

En cuanto al Banco de la República, varios ejemplos a lo largo de los últimos años muestran que su capacidad para evitar la apreciación de la tasa de cambio en el mediano y largo plazo es mínima. Ni las subastas de compra/venta de reservas y de volatilidad adoptadas en 1999, ni la intervención discrecional en el mercado de divisas que introdujo en 2004 y eliminó en abril de 2007, así como tampoco las subastas preanunciadas de acumulación de reservas que estableció en junio de 2008 lograron evitar que la moneda colombiana se apreciara en el largo plazo.

La evidencia muestra que la intervención del Banco tampoco tendrá efecto ahora. Las fuerzas que están presionando la devaluación del dólar en el mercado internacional son demasiado fuertes, y la posición fiscal colombiana demasiado frágil, como para pensar que una intervención del Banco de la República pueda revertir la tendencia.

La devaluación del dólar es un fenómeno internacional, que tiene que ver con la debilidad fiscal de Estados Unidos y su capacidad de financiar el déficit en el mediano plazo. China juega aquí un papel determinante en la medida en que es el mayor prestamista del mundo y el más grande tenedor de bonos del tesoro de Estados Unidos (US$800.000 millones). Si China decide mantener esta posición, con lo cual le pondría piso al valor del dólar, esta moneda encontrará eventualmente un equilibrio, al cual Colombia también tendrá que adecuarse.

Colombia puede pensar en iniciativas para aumentar la productividad y en mecanismos de ajuste fiscal que amplíen el margen de manejo ante situaciones cambiarias adversas. Esto, sin embargo, tomaría bastante tiempo. En el corto plazo, las intervenciones del Banco de la República en el mercado tienen solo efectos temporales y crean condiciones favorables para la especulación, pues son muchos los que estarán haciendo ganancias al vender dólares a precios altos al Banco, para luego volverlos a comprar cuando su precio caiga.

El país debería mirar los mercados internacionales para entender qué está pasando y actuar de manera consistente, con el fin de evitar la pérdida de recursos, energía y oportunidades.
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