| 2/1/2008 12:00:00 AM

Revaluación y exportaciones

No podemos seguir pensando que Colombia debería tener hoy el mismo tipo de cambio del año 2002, cuando la inversión extranjera era prácticamente nula y este era un país paria. Hoy tenemos que vivir con las implicaciones del peso fuerte.

El debate sobre la revaluación del peso y su impacto sobre las exportaciones parece no tener fin. En 2003 se inició una tendencia de apreciación de nuestra moneda y desde entonces el peso ha ganado más de 30% frente al dólar. Todo indica que la misma tendencia se mantendrá en este año, o incluso se verá reforzada por la reducción de los intereses en Estados Unidos.

La Reserva Federal acaba de recortar, de un solo golpe, su tasa de descuento en 75 puntos básicos. Es una muestra clara de la agresividad con que esta entidad está dispuesta a manejar la política monetaria, con el fin de contener la recesión en ese país. Es posible, incluso, que haya reducciones adicionales y que las tasas se acerquen a cero. Eso llevará a los capitales a buscar inversiones alternativas en otros países y contribuirá a la devaluación del dólar.

En Colombia, entre tanto, las autoridades monetarias han aumentado las tasas de intervención, ante las presiones inflacionarias y el recalentamiento de la economía, de modo que el diferencial de tasas de interés entre Estados Unidos y Colombia es cada vez mayor. En este contexto, Colombia es un sitio particularmente atractivo para los capitales que buscan inversiones financieras.

Nuestro país también se ha vuelto muy atractivo para las inversiones de largo plazo. La Colombia de hoy es muy diferente a la de 2002, cuando la inversión extranjera era prácticamente nula y este era un país paria. Ahora, la inversión extranjera directa llega en forma sostenida y, además, el número de turistas que visitan el país se ha duplicado.

Al considerar estos factores en conjunto, el resultado es contundente. La probabilidad de que el peso no regrese a los niveles de 2002 es muy alta y el escenario más probable hacia adelante indica que seguiremos con un peso fuerte.

La primera condición para ser exitosos en este nuevo contexto consiste en dejar de pensar en el pasado. Vale la pena que nos preguntemos cuál será el futuro de las exportaciones cuya competitividad estaba basada en el tipo de cambio. Ya es hora de darnos cuenta de que Colombia no es un país de bajos salarios y que ahí no está su competitividad. Hemos ingresado en una nueva etapa, donde la competitividad está dada por la capacidad de producir bienes con mayor valor agregado.

No será posible mantener indefinidamente esas exportaciones a punta de subsidios. La única salida es el incremento de la productividad, para lo cual es indispensable pensar en programas masivos de reentrenamiento de la fuerza de trabajo. Es preciso pensar en estrategias ambiciosas que minimicen el costo de la transición.

Aquí, el papel de las cajas de compensación familiar podría ser determinante, tanto desde la perspectiva del seguro de desempleo, como del reentrenamiento de la mano de obra.

Durante más de 50 años, los empresarios han contribuido con el 4% de la nómina al crecimiento y fortalecimiento de las cajas de compensación familiar. Ahora, cuando el país necesita dar este paso, contamos con unas entidades enfocadas en la protección social que pueden desempeñar un papel crítico como soporte a una estrategia ambiciosa de recapacitación de nuestra fuerza de trabajo.

Tenemos que pensar en salidas para una situación de competitividad cambiaria adversa, que no es coyuntural. No podemos seguir con un esquema en el cual, año tras año, el gobierno utiliza los recursos del fisco para sostener unas actividades de exportación que, de otra manera, ya habrían dejado de existir.
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