| 9/24/1999 12:00:00 AM

Retos capitales

La mayor paradoja en Colombia, hoy en día, es que casi todo está muy barato, pero casi nadie compra. Ello pasa en los mercados de los bienes y servicios, donde las insuficiencias de demanda retroalimentan la dinámica depresiva. Pero también ocurre en los mercados de activos. El valor de la propiedad raíz ha caído 40%, sin que por ello las compras se hayan estimulado. El valor de las empresas públicas se ha ido a la mitad, sin que haya aparecido una pléyade de compradores. El valor de la deuda pública en los mercados internacionales se ha reducido y las nuevas colocaciones no están boyantes. El precio de las acciones ha llegado a los niveles reales más bajos de muchos años y ello tampoco ha estimulado su demanda.



Muchos siguen soñando con flujos masivos de recursos extranjeros para reinflar los activos y revalorizar los patrimonios. Pero estas ilusiones chocan con la dura realidad. Los mercados privados de financiamiento son cada vez más difíciles para el gobierno y las empresas. Los US$5.000 millones de ayuda multilateral anunciados hace poco por el Minhacienda se han reducido. Los flujos de fondos de inversión se reversan, sin ser compensados aún por recursos de inversionistas estratégicos, que hay que estimular aún más. Es tiempo de superar ilusiones de financiamiento externo fácil.



El país, en realidad, no tiene más alternativa que movilizar recursos propios para recuperar su economía. Una ingeniería financiera inteligente permitiría a las empresas, a las familias y al gobierno pagar sus deudas con cargo a sus mayores ingresos futuros más que a su desvalorizado patrimonio. Permitiría al gobierno superar sus desequilibrios fiscales sin agravar el desequilibrio financiero del resto de los colombianos. Pero, sobre todo, se requieren recursos nuevos, para un esfuerzo agresivo de capitalización de las empresas privadas y públicas, que restituya su viabilidad financiera para una recuperación sana.



Ahora que, como comienza a ser evidente, la Corte Constitucional ha desajustado las bases del upac y de todo el ordenamiento jurídico del sector financiero, es necesario pensar en grande el mercado de capitales. El país requiere dejar de castigar tributariamente el ahorro y de premiar el uso especulativo de los recursos; requiere evitar que la deuda de empresas y hogares se resuelva en cesaciones de pago y destrucción de los mercados financieros; requiere mecanismos concursales que faciliten los arreglos entre acreedores y no el deshuesamiento de empresas; requiere vincular a muchos colombianos con sus ahorros a la propiedad de muchas, grandes y abiertas empresas públicas y privadas y evitar su discriminación como accionistas minoritarios; requiere desarrollar mercados de deudas secundarias, bonos y derechos sobre el patrimonio para mayores oportunidades a los inversionistas institucionales; requiere entidades financieras sólidas y eficientes. El país, en fin, requiere, más que los auxilios de mañana, nuevos instrumentos e instituciones de financiamiento de iniciativas empresariales para que el futuro sea posible.



No solo de ajuste fiscal viven el hombre y la iniciativa privada. Un mercado de capitales fortalecido con una legislación ambiciosa para promover muchos ahorradores e inversionistas es una pieza esencial para superar el difícil trance económico e institucional que hoy vive el país.
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