Responsabilidades locales

| 10/27/2000 12:00:00 AM

Responsabilidades locales

Bendita democracia



Los colombianos le estamos apostando otra vez a la esperanza. Ante las limitaciones del gobierno nacional, son enormes las expectativas en las nuevas autoridades locales. Las campañas electorales fueron de gran diversidad. En general, la competencia fue abierta y de altura y las finanzas pobres, pero limpias. Eso debe alegrarnos. Pero la campaña llegó a su fin, y ahora los alcaldes y gobernadores elegidos tienen ante sí las grandes responsabilidades de pensar, actuar e impulsar a soñar.



Noviembre y diciembre no son solo para celebrar. Serán los dos únicos meses que tendrán los elegidos para pensar su plan de gobierno. Las plataformas electorales son un punto de partida, pero falta aterrizarlas mucho. Las campañas light tienen que dar paso al duro trabajo con planes estratégicos sólidos en acción desde el primero de enero. Para evitar, en medio de la crisis, los avatares del gobierno nacional. El tiempo para pensar y planear de estos dos meses quizá no lo encuentren después.



Los próximos tres años serán apasionantes, pero difíciles. Hay que ser realistas. Las autoridades locales enfrentarán el coletazo de las crisis de inseguridad, fiscal y de empleo.



En orden público, las autoridades locales deben liderar la lucha contra el crimen local. Aunque así lo crea la prensa, no todo es guerrilla, y la mayor desazón de la población y de los inversionistas proviene de la delincuencia, cada vez más organizada. La lucha contra la inseguridad es posible y es la primera gran responsabilidad local.



En materia fiscal, más que más transferencias del gobierno central y créditos irresponsables, hay escasez por doquier. La bonanza gestada desde arriba es cosa del pasado. Ahora hay que movilizar recursos locales y hacer bien las cosas buenas. Con más tributación local, menos corrupción y menos desperdicio de recursos hay demasiadas posibilidades. La temprana privatización de empresas públicas y grandes hospitales puede evitar costos tan altos como en Emcali, la ETB o el San Juan de Dios. Todo ello enmarcado en la construcción colectiva del nuevo marco constitucional y legal de competencias y recursos para la verdadera descentralización en el nuevo siglo.



Frente al desempleo, no hay que cruzarse de brazos. Hay mucho margen de acción local: en el manejo juicioso de las finanzas y, sobre todo, en el estímulo empresarial. La solución del desempleo está en la economía civil. Las burocracias locales han ignorado o dificultado el nacimiento y expansión de empresas. Es hora de darle prioridad a un ambiente local amigable con el emprendimiento empresarial. La paradoja de la globalización es que, ante la menor capacidad de los gobiernos nacionales, las autoridades locales surgen como las grandes aliadas del desarrollo empresarial. Es un nuevo espacio natural. Las metas de creación de empresas para el empleo equiparan la importancia que hoy tienen las de educación o salud.



Pero las dificultades no pueden amilanarnos. Los siguientes tres años son muy importantes para nuestra esperanza de futuro. Queremos ver en las autoridades locales unos verdaderos líderes, abiertos a las buenas ideas, con la legitimidad de representar el interés colectivo, proactivos al enfrentar con entusiasmo grandes problemas, con acciones guiadas por principios y valores, bien rodeados para transformar las costumbres políticas, honestos, transparentes y grandes demócratas. Una población tan aporreada y asustada quiere ver constructores de legitimidad y de expectativas de futuro.



En fin, desde el último domingo de octubre, los colombianos contamos con un nuevo espacio para pensar, actuar y soñar. Una vez más, hay posibilidades de cambiar las cosas. ¡Buena suerte: bendita democracia!!!
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